El mundo ha cambiado mucho desde que nació Yorokobu. Y lo ha hecho, además, de forma vertiginosa. Por ello, si hay un subgénero de memes que ha captado con fidelidad el carácter de la historia reciente, probablemente sea el del milenial que se horroriza de que todos los días tenga lugar un acontecimiento histórico. Tiene sentido. Ha sido una década y media repleta de giros de guion que no desentonaría en una serie de streaming de las adictivas.
El mundo de 2025 es radicalmente distinto al de hace 15 años. Donde entonces sonaban los cantos de la esperanza democrática de las primaveras árabes, hoy se desgañita la amenaza del autoritarismo. En aquel momento, varios países del sur de Europa —España, entre ellos— se dolían de una crisis económica que les haría perder dos décadas de crecimiento. Hoy, nuestro país es el que más crece de todo su entorno. Un grupo que, por cierto, ha perdido a Reino Unido por el camino, y que cada vez siente más cercanos los fantasmas de una posible guerra en Europa Occidental. Cuando nació esta revista, Rusia ni siquiera había invadido Crimea.