Hay algo deliberadamente anacrónico en la manera en que Mónica Jover trabaja. Mientras las imágenes aparecen y desaparecen en las pantallas a una velocidad cada vez mayor, ella pinta, corta, fragmenta, vuelve a ordenar y atraviesa la materia con un hilo. No es exactamente una protesta contra la velocidad contemporánea. «Para mí es más bien una forma de recuperar otra relación con el tiempo», explica.