Cuando algo no tiene remedio ni hay dios que lo arregle, solemos decir que «no hay tu tía». El problema viene cuando queremos escribirlo, porque, aunque no habrá nadie que te lo corrija, la versión original y más fiel al vocablo real es «no hay tutía». Y a poco curioso que se sea, es lógico preguntarse de dónde viene esta expresión y qué diantres es