Si tuviéramos que representar la trayectoria vital de una persona gráficamente, lo haríamos dibujando una montaña rusa que sube y baja, y no en una línea plana. Es más, pobre de la persona cuya vida sea esa línea recta que ni sube ni baja ni nada de nada: un absoluto rollo y una vida de mierda, dirán algunos. Esos momentos culmen donde nos sentimos en