Hay una paradoja fascinante en el hecho de que, justo en el momento de la historia humana en el que podemos generar 4.000 emails hiperpersonalizados por segundo con solo pestañearle a una inteligencia artificial, el gesto más radicalmente disruptivo que se le puede ocurrir a una agencia creativa sea enviar una postal. De papel. Con su sello, sus esquinas de gramaje generoso y su tinta