Hay algo intimidante en un dry martini, esa mezcla minimalista de ginebra y vermut seco que se sirve tan fría que el cristal se empaña, pero que, en realidad, es una bomba de relojería alcohólica. Es el cóctel de los que saben lo que quieren. El cóctel de los valientes. La leyenda cuenta que a Winston Churchill, fanático de la ginebra, le bastaba con mirar