De las alrededor de 300 pinturas que se atribuyen a María Blanchard, menos de un centenar pueden considerarse estrictamente cubistas. Algo que no deja de ser una ironía para una artista que ha pasado a la historia bajo una etiqueta tan repetida como la de «cubista española». La definición sirve para ubicarla rápidamente, pero también corre el riesgo de ocultar buena parte de lo que fue.