Hubo un tiempo en que las cosas eran lo que parecían. Un puente servía para cruzar un río, un jefe mandaba porque sabía hacer algo y el silencio era una bendición, no un espacio en blanco que rellenar con un selfi en el gimnasio. Pero un día decidimos que pensar cansaba demasiado y apagamos el interruptor. Dejamos de pensar para empezar a parecer que pensábamos,