En las grandes competiciones cerveceras del mundo, la épica empieza siempre frente a un vaso que quizás no merezca estar ahí. Agus Blanco, jueza internacional, una de las pocas mujeres en esa mesa, acerca la nariz, bebe y suspira como quien confirma un presagio. «A veces, la primera cerveza del día llega con un defecto enorme. Y no pasa nada. Es parte del trabajo. Incluso