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Lo que pasa por tu cabeza cuando mueves los pies

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Los compañeros de club de Alan Turing no sabían demasiado sobre su trabajo. Para ellos era un corredor reservado, de aspecto algo desaliñado, que había llegado al Walton Athletic Club y se había convertido en su mejor corredor. Así lo recordaba el secretario del club, J. F. Harding, que un día le preguntó por qué se exigía tanto en los entrenamientos. El matemático le explicó que correr intensamente era su manera de quitarse de la cabeza la presión del trabajo.

Una de las mentes más originales del siglo XX necesitaba también dejar de pensar en sus tareas. Correr le proporcionaba ese respiro, un motivo que pueden reconocer muchas personas que se atan las zapatillas al terminar el día.

Pero salir a despejar la cabeza requiere cierta tranquilidad. Para muchas mujeres, correr cuando oscurece implica elegir calles iluminadas, estar pendientes de quién viene detrás o buscar compañía. Poder olvidarse durante un rato de esas precauciones también forma parte del disfrute.

Desde ahí puede leerse la imagen de las miles de corredoras que participaron en el After Dark Tour de Nike en Londres: diez kilómetros de noche en el London City Airport. Un recinto preparado para una carrera tiene unas condiciones distintas a las de cualquier calle, pero la escena invita a pensar en la libertad de elegir cuándo salir a correr.

Alrededor de la cita, Nike ha reunido las historias de siete participantes. Cada una llegó con sus propios motivos, que en algunos casos habían cambiado mucho desde la primera vez que se puso unas zapatillas.

Una lesión, un cambio de planes

La canaria Leticia Gil empezó a correr en 2014. Hasta entonces, su vida deportiva había estado ligada al tenis de mesa, en el que competía profesionalmente. Una lesión de hombro la llevó a buscar otra manera de mantenerse activa mientras se recuperaba. Pensaba que sería algo temporal, un paréntesis antes de volver.

En casa tenía un referente: su padre, antiguo boxeador y entrenador suyo, llevaba años corriendo y transmitiéndole lo que encontraba en aquella afición. Pero fue al probarla cuando ella descubrió algo que no esperaba: «Ya no competía contra nadie más, sino contra mí misma». Ese cambio, explica, fue precisamente lo que hizo que se enamorara de correr.

Leticia

Con el tiempo también llegaron otras personas. Leticia, cofundadora de Minze Club, recuerda una carrera en Tenerife que terminó junto a un desconocido. Al cruzar la meta se abrazaron. Él había observado cómo la saludaba la gente durante el recorrido y, antes de despedirse, le dijo que se notaba lo importante que era para ellos. De aquel día conserva algo que no aparece en una clasificación.

Lo que cada una encuentra

Los demás testimonios añaden razones y matices. Daniela Villegas empezó durante una depresión posparto, animada por su psicóloga: aquellas salidas eran un tiempo que podía dedicarse a sí misma. Natacha Drif y Olimata Taal tuvieron que revisar su relación con el deporte después de haber utilizado las carreras para controlar el peso o castigarse quemando calorías. Volver a disfrutar también podía significar dejar de exigirse tanto.

Daniela

Y, junto a los motivos, aparecen los pequeños rituales. Natacha gira tres veces el anillo de su abuela antes de una carrera. Olimata lleva un collar de perlas hecho por su hermana pequeña. Dora Atim estrena color de pelo el día de la prueba y corre con sus anillos porque la hacen sentirse ella misma.

Olimata

En una actividad que suele contarse con distancias y tiempos, esos detalles hablan de afectos, recuerdos y formas de expresarse. Turing buscaba un descanso del trabajo. Leticia empezó buscando una alternativa durante una lesión. A veces sabemos por qué empezamos a correr; lo que nos hace seguir se descubre por el camino.

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