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Upcycling: cómo hacer limpieza de armario y conservar los recuerdos

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Un vestido puede ser simplemente una prenda con la que cubrir tu cuerpo. Hasta que alguien te cuenta que la tela con la que ha sido confeccionado procede de la colcha que cubrió la cama de una mujer en su noche de bodas a principios del siglo pasado. Entonces se convierte en un legado.

La abuela Chon se marchó muy joven de Burguillos del Cerro, en Badajoz, a Madrid para trabajar sirviendo en casas. Durante tres años no pudo regresar a su pueblo: estaba ahorrando para preparar su ajuar. Parte de él lo bordó ella misma. También estaba aquella colcha, comprada —no se sabe con certeza— en Madrid o en su localidad natal.

Muchos años después, la colcha seguía en la familia. Y su nieta, la presentadora Ana Pecos, decidió hacer con ella algo bastante más atrevido que guardarla en un cajón. Se la confió a Águeda Valle.

La diseñadora convirtió la colcha que había vestido la cama de Chon en su noche de bodas en un vestido contemporáneo con escote en cascada. Un objeto doméstico cargado de recuerdos podía volver a utilizarse sin necesidad de borrar lo que había sido.

De eso va, en buena medida, el trabajo de Águeda Valle: de encontrarse con cosas que parecían haber llegado al final de su vida útil y convencerlas de que todavía les quedaba otra.

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La vida anterior de las cosas

Hace unos tres años, Valle dio un giro a su trayectoria profesional y puso en marcha Águeda Valle Upcycling. Desde su taller en Extremadura rescata colchas, mantelerías, cortinas, tapices, bordados y otros textiles para transformarlos en prendas, accesorios y piezas únicas.

La idea de aprovechar lo que ya existe no le resulta completamente ajena. Águeda cuenta que procede de una familia de manos artesanas: su abuela era costurera y su abuelo, carpintero. De una heredó la familiaridad con los tejidos; del otro, el respeto por la madera. Dos materiales que hoy vuelven a encontrarse en su trabajo.

Porque Águeda no solo rescata textiles. También recoge muebles que van a ser desechados y aprovecha sus puertas, baldas, patas o molduras. Los fragmentos se ensamblan, lijan y tratan hasta acabar convertidos en algo que cuesta imaginar cuando uno piensa en un armario viejo: bolsos escultóricos.

En su interior pueden convivir telas antiguas, forros recuperados o pasamanerías. El resultado queda en algún lugar entre el complemento de moda y el objeto artístico. Y, sobre todo, conserva algo de aquello que fue.

Upcycling

La materia prima con la que trabaja Águeda rara vez empieza siendo materia prima. Antes fue una cortina que tapaba una ventana, un mantel sobre el que alguien desayunó durante años, una colcha, una puerta… Un objeto que tuvo otra función y, a veces, también una historia que alguien quiere conservar.

Puri y aquel tapete de Portugal

Es lo que ocurrió con otro de los encargos que llegó a sus manos. Puri era una mujer aficionada a la pintura, la música, la costura y el bordado. También sentía especial predilección por Portugal, adonde viajó en numerosas ocasiones. En uno de aquellos viajes regresó con un tapete de mesa beige y chocolate.

Durante años, el tapete estuvo presente en cenas de Navidad, comidas familiares y reuniones. Vio pasar a distintas generaciones alrededor de la misma mesa hasta que, como sucede con tantas cosas que un día fueron importantes, terminó guardado en un cajón.

Upcycling

Tiempo después llegó al taller de Águeda. Esta vez no acabó convertido en otro objeto doméstico, sino en una pieza de vestir de formas escultóricas que ahora aparece en eventos. El tapete sigue ahí, reconocible, pero ya no necesita una mesa.

La historia de Chon y la de Puri tienen algo en común. Los objetos no pertenecían a Águeda ni formaban parte de sus propios recuerdos. Eran recuerdos de otras personas.

Su trabajo consiste también en hacerse cargo de ellos. Y eso complica bastante más las cosas que trabajar con una tela comprada por metros. Cortar una colcha cualquiera no es lo mismo que meter las tijeras en la colcha sobre la que alguien durmió en su noche de bodas.

Lo que se guarda y lo que se transforma

En la web de Águeda Valle hay más ejemplos. Una antigua mantelería bordada acabó convertida en un conjunto formado por una falda confeccionada con el mantel y un top realizado con sus servilletas. Unas cortinas tostadas conservaron incluso sus anillas originales al transformarse en otra prenda.

No hablamos de piezas que nacieron para ser conservadas en una vitrina. Se trata de objetos corrientes, creados para usarse. Se mancharon, se lavaron, envejecieron y, en algún momento, dejaron de encajar en las casas para las que habían sido compradas.

Águeda interviene justo en ese punto. Su manera de hacerlo se llama ahora upcycling: aprovechar un producto o material existente para crear otro de mayor valor sin reducirlo previamente a materia prima. Pero el principio que hay detrás resulta bastante familiar.

Lo que solemos conocer como aprovechar, en definitiva. Algo que pasó de moda con la llegada del usar y tirar, pero que resultaba de lo más habitual antaño. La ropa se remendaba, se heredaba, incluso, cambiaba de dueño y/o de función. Los retales se guardaban. Una sábana gastada podía tener todavía unas cuantas vidas por delante como paños de cocina…

Lo novedoso en el trabajo de Águeda quizá no sea tanto reutilizar como convertir la propia vida anterior del objeto en parte del diseño. No pretende que la colcha deje de parecer una colcha ni que desaparezcan todas las pistas que permiten reconocer el mueble del que procede uno de sus bolsos. La transformación funciona precisamente porque podemos intuir las dos cosas al mismo tiempo: lo que tenemos delante y lo que hubo antes.

Vestirse con los recuerdos de otros

Esa idea ha ido saliendo también del taller para entrar en museos, exposiciones y pasarelas. En sus proyectos aparecen prendas realizadas con tejidos antiguos, muebles recuperados y referencias al folclore extremeño, que Águeda reinterpreta a través de bordados, volúmenes y detalles populares.

Pero quizá sean piezas como las de Chon y Puri las que expliquen de forma más sencilla qué ocurre cuando un objeto deja de ser únicamente un objeto.  Nos cuesta tirar determinadas cosas aunque sepamos que nunca volveremos a utilizarlas. La mantelería de una abuela, una camisa de alguien que ya no está, las cortinas de una casa familiar. Ocupan espacio y, sin embargo, desprenderse de ellas puede sentirse extrañamente parecido a desprenderse de la persona o del momento al que están asociadas.

La alternativa habitual es condenarlas a una existencia bastante aburrida en el fondo de un armario. Águeda propone otra posibilidad: usarlas otra vez, aunque para ello haya que convertirlas en algo completamente diferente. Conseguir que, aunque pierdan su función original, las prendas conserven su historia.

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