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¿Y si el director fuera lo menos importante de la película?

Antonio Vicent

Antonio Vicent no lo plantea como una provocación. Lo dice porque de verdad lo cree. Para este director, el cine no empieza en el ego ni termina en la firma, sino en una historia que tiene que sostenerlo todo, desde los planos a los diálogos, el ritmo e incluso al propio director. Cuando eso falla, da igual lo bien compuesta que esté una imagen o lo afilada que sea una frase. La película se cae.

«La relevancia del que cuenta historias es inferior a la historia misma. Incluso cuando no hay un guion terminado, lo más importante sigue siendo la historia». Vicent habla de películas que se escribieron sobre la marcha —Tiburón, Lawrence de Arabia, Casablanca, Gilda— y que funcionan porque sabían perfectamente qué querían contar. «El director tiene que estar al servicio de eso, de la historia y de cómo comunicarla al equipo y a los actores».

Antonio Vicent

Nacido en Madrid en 1997, su relación con el cine empieza mucho antes de pensar en rodajes. Empieza en casa. En elegir cada noche qué película se veía en el salón. «Eso te educa el ojo sin que te des cuenta. Te enseña a fijarte en los personajes, en el ritmo, en cómo una historia avanza o se estanca». Aunque estudió Economía en la Complutense, y pasó por Dublín y Nueva York -donde combinó un máster con cursos de guion en la NYU-, la escritura acabó imponiéndose como hábito diario .

Rodar sin red

El hecho de que, para Vicent, la historia manda incluso por encima del guion se traslada directamente a sus rodajes. Él lo llama «rodar de forma pura». «Consiste en confiar en las decisiones que has tomado en cada fase de la película, desde el casting al vestuario, las localizaciones o la cámara. Todo responde a la misma pregunta: ¿cuál es la mejor forma de contar esta historia?». Rodar planos por si acaso no entra en su ecuación. «Eso es traicionarte a ti mismo y engañar al equipo. La única respuesta válida a ¿por qué ruedas este plano? es porque es la mejor opción. La única correcta. Convicción».

Esa convicción sostiene Aves de corral (2026), su primer largometraje. Un thriller con humor que le permitió hacer cosas que en el corto (29 de julio) eran imposibles: más personajes, más capas narrativas, más mundo. «El largo te da espacio para trabajar el ritmo de otra manera, para dejar respirar a los personajes. Y también para jugar con el humor sin romper la tensión».

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El humor, en su cine, no es un adorno. Es estructura. «En España el thriller suele pedir solemnidad, pero yo vengo de otro sitio. En el canon anglosajón el humor lleva décadas conviviendo con la tensión. Tarantino, los Coen, Fincher… llevan décadas jugando con el humor dentro de la tensión. Eso me marcó mucho».

La composición del plano es central en su lenguaje, pero no en contra del diálogo. «Un plano puede decir cosas que un diálogo no puede, sobre todo emociones. Pero eso no significa que una película con mucho diálogo sea peor. Películas como Eva al desnudo, con diálogo en casi todos los frames, funcionan perfectamente, mientras que otras como Luces de la ciudad, sin un solo diálogo, están a la altura en emoción e impacto». Lo que sí deja claro el realizador es que sus diálogos, afilados y con mala leche, nacen de un proceso muy visual. «Cuando escribo, estoy viendo la película. Si algo no lo veo, no aparece en el papel».

Actores y perdedores

Trabajar con actores con mucha experiencia, como Pedro Casablanc, Antonio Durán, Morris, o José Luis García-Pérez fue, para él, un privilegio. «Cuanto más sabe un actor, más puede aportar. Dirigir es dialogar de verdad, hablar y escuchar». Algunas de esas conversaciones acabaron en reescrituras profundas. «Hubo escenas que cambiaron por completo gracias a eso, y terminaron siendo de mis favoritas».

En cuanto a los personajes, a Vicent le interesan más los perdedores que los villanos. «El máximo control al que puede aspirar un personaje es la apariencia. Muchos villanos son simplemente perdedores sin remedio. Y muchos héroes también lo son. Por eso son más interesantes y más fáciles de reconocer. Nos guste o no, todos somos un poco perdedores».

Antonio Vicent

Esa mirada conecta con su rechazo frontal al cine que quiere aleccionar. «No soporto los sermones en una sala de cine. Ni las películas que parecen hechas para convencerte de algo». Con Aves de corral el objetivo era otro. «Quería darle al público una película que le gustara ver. No una que costara ver. Pocas cosas hay mejores que disfrutar de una película».

Sobre lo que viene después, Vicent no habla de certezas, sino de trabajo. «Hay muchos errores que no quiero repetir, pero en todo puedo mejorar. Escribiendo, rodando, montando». Mira la historia del cine y relativiza cualquier debut. «Lo excepcional es hacer Ciudadano Kane a la primera. Lo normal es aprender película a película».

Antonio Vicent

Aves de corral es, para él, un punto de partida sólido. Lo siguiente, asegura, tendrá que ser más ambicioso. «Repetir la fórmula no me interesa. El reto es hacerlo siempre mejor».

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