En 1953, el escritor Ray Bradbury reveló al mundo la temperatura a la que arden los libros. En su Fahrenheit 451, el autor estadounidense presenta un mundo distópico en el que los textos son quemados porque hacen pensar, pero un grupo de insurgentes opone resistencia al sistema memorizando diversas obras, convirtiéndose de esta forma en libros humanos.
En el año 2000, en uno de los festivales musicales más importantes de Europa, cuatro jóvenes daneses pusieron en marcha un proyecto en el que 75 humanos se convirtieron en libros. Pero la diferencia con el Fahrenheit de Bradbury estaba en que no memorizaron ninguna obra: los libros eran sus propias vidas.
Bibliotecas humanas: la realidad de primera mano
La periodista argentina Leila Guerriero cuenta en su libro recopilatorio de crónicas Frutos extraños que «no hay nada más sexy, feroz, desopilante, ambiguo, tétrico o hermoso que la realidad». Guerriero encuentra en la vida real el caldo de cultivo idóneo para contar historias que conmuevan.
Pero si la realidad ya es certera a través de la voz escrita de un periodista, puede serlo aún más contada directamente por boca de los protagonistas. Eso es lo que plantearon Dany y Ronni Abergel, Asma Mouna y Christoffer Erichsen para el festival Roskilde del año 2000. Estos cuatro daneses, fundadores de la ONG Stop the violence, respondieron al encargo del director del festival, Leif Skov, de desarrollar alguna actividad para fomentar las relaciones positivas entre los asistentes al encuentro. La idea que surgió fue el germen de un proyecto revolucionario: las bibliotecas humanas.
Durante cuatro días, 75 libros humanos con historias muy diferentes –políticos, activistas juveniles, grafiteros, policías– ocuparon un espacio del recinto a la espera de que llegasen lectores con ganas de abrir sus páginas. La idea era sencilla: cada lector tenía 30 minutos para hacer todo tipo de preguntas a su libro humano con la única condición de ser respetuosos. Según explica la organización en su web, uno de los miedos era que el público no entendiese el ejercicio o incluso no quisiese ser cuestionado sobre sus prejuicios. Pero la actividad superó todas las expectativas y se convirtió en un éxito.
Al ver el potencial de la idea, Ronni Abergel comenzó a trabajar en la promoción de nuevos eventos con distintos organizadores. De esta forma fundó la Human Library Organization y comenzó a viajar a lo largo del planeta para capacitar a nuevos grupos locales, planificar eventos y presentar la idea a diferentes organizaciones y autoridades públicas. 17 años después, la Biblioteca Humana se ha expandido por más de 70 países.
No juzgues un libro por su cubierta
Hay libros que enamoran solo con verlos en la estantería. De la misma forma –e independientemente de su contendido–, un mal trabajo editorial puede hacer que un lector en busca de su siguiente lectura descarte un volumen por el mero hecho de tener una portada poco atractiva. La parte positiva de esto sucede cuando, mucho tiempo después de haber rechazado un libro, se descubre que había una gran historia encerrada dentro de sus páginas. Es entonces cuando acude la famosa frase a la cabeza:
«No juzgues un libro por su cubierta»
Esta cita –si bien, ya algo manoseada– sirve de eslogan para Human Library y define a la perfección el objetivo de la organización: romper la barrera de los prejuicios y atreverse a conocer a las personas con las que compartimos planeta. En su libro Encuentro con el otro, el periodista polaco Ryszard Kapuscinsky afirma que «para conocer a los Otros hay que ponerse en camino, ir a buscarlos, llegar hasta ellos». Human Library no solo allana el camino hacia esos «Otros»: los sitúa enfrente de nuestras narices.
Ser lector de una biblioteca humana es gratis y solo requiere de interés y curiosidad por la vida de otra persona. En los 30 minutos de conversación, libro y lector inician una relación temporal que, de ninguna otra forma sería posible en otro ámbito, sencillamente porque nadie se atrevería a preguntarle ciertas cosas a un extraño. El fin del proyecto es romper estereotipos y tabúes, y por ello los contenidos que predominan en la web son historias que invitan a la reflexión, con títulos tan interesantes como: Refugiado, Musulmán, VIH, Vagabundo, Abuso sexual…
Ser libro
En una biblioteca humana cualquier persona puede ser libro. Para aparecer en el catálogo, tan solo hay que rellenar un formulario a través de la página web del proyecto donde se facilitan una serie de datos que sirven para mostrar cuál es el argumento principal del humano-libro –es decir, su vida–. Una vez enviado el formulario, la organización sube el nuevo libro a la página y lo deja en espera hasta que se organice un evento cerca de su localidad –todos los eventos programados se pueden ver a través de la página de facebook de la organización–.
Quizá porque no hay nada más neutral –o pacífico– que una biblioteca, quizá porque son los lugares donde se concentra más sabiduría por metro cuadrado, el proyecto Human Library sigue extendiéndose a lo largo del planeta, 18 años después de su fundación, como una poderosa herramienta de concordia. Tan solo son necesarios dos elementos: una persona que tenga ganas de contar y otra que tenga ganas de conocer.
Aunque, quizá, el mayor logro del proyecto sea conseguir que dos seres humanos estén dispuestos a escucharse.