Cuando la Fundación Beyeler invitó a Cristina Castañer, fundadora de MyBestys, a crear una colección exclusiva no lo hizo como estrategia de merchandising, sino como parte de un diálogo con el universo de Yayoi Kusama, una de las artistas vivas más influyentes del panorama actual, conocida especialmente por su lenguaje obsesivo basado en el punto, la repetición y la idea de infinito.
La Fundación, ubicada en Basilea, es una referencia internacional del arte moderno y contemporáneo no solo por su colección de obras clave de Monet, Cézanne, Picasso, Giacometti o Rothko, sino también por el espacio que lo alberga, diseñado por Renzo Piano. La respuesta de Castañer al encargo de la institución fue una serie de bolsos concebidos como un encuentro entre arte y artesanía contemporánea, y donde el punto, la gran seña de identidad de Kusama, fue, nunca mejor dicho, «el punto de partida».


Trabajar a partir de un imaginario tan potente como el de la diseñadora japonesa podía convertirse en terreno resbaladizo para Castañer, pero lejos de eso, «aplicar los puntos a mis diseños me pareció un proceso relativamente sencillo», asegura la diseñadora. El reto no estaba en el motivo en sí, sino en cómo traducirlo en sus diseños sin caer en la cita literal.
Por eso, más allá de lo visual, la diseñadora se centró en entender la mentalidad de la artista. «Su personalidad rompedora, junto a la obsesión por los puntos, fueron la base». A partir de ahí, esa repetición constante, casi compulsiva, no se traslada a sus bolsos como un ornamento, sino como estructura conceptual. La colección no imita a Kusama: la interpreta.


El punto funciona además como un nexo inesperado. En MyBestys ya existía como símbolo identitario, y esa coincidencia refuerza el diálogo entre ambos universos. «Es una mezcla de intuición y decisión estética», explica Castañer. «El punto es lo más sencillo y lo más complicado a la vez. Es tan universal que no pertenece a nadie». Esa universalidad permite que el símbolo se mueva con libertad entre arte y diseño sin apropiarse de ninguno de los dos territorios.
La herramienta clave para sostener ese diálogo es la artesanía. Toda la producción de MyBestys se realiza íntegramente en España mediante procesos manuales y materiales seleccionados bajo criterios de sostenibilidad. «La artesanía te permite crear, cambiar, dejar continuamente tu impronta. Es un proceso más íntimo y personal; mucho más creativo y artístico», afirma Castañer. Frente a la lógica industrial, el proceso artesanal introduce tiempo, decisión y presencia humana.
Ese cuidado se extiende también a lo invisible. El interior de los bolsos está forrado con tejidos históricos de la firma Castañer, procedentes del archivo familiar. «El interior es casi tan importante como el exterior, porque es lo que ves cada vez que abres una pieza», explica.

La colección se integra en el recorrido de la gran retrospectiva de Fundación Beyeler dedicada a Kusama y estará expuesta hasta enero de 2026. Las piezas, además, se venden en la tienda oficial del museo, que ha solicitado reposiciones ante la buena acogida del público internacional. Aun así, Castañer insiste en marcar una diferencia clara. «No es un souvenir. Hay un encargo y existe una reflexión detrás», subraya. El contexto museístico no convierte automáticamente la moda en arte, pero sí modifica la forma en la que se mira.
¿Dónde está entonces la frontera entre moda y objeto cultural? «Son líneas muy finas. A veces es el colectivo el que decide que una pieza de moda pasa a convertirse en un objeto cultural, ya sea por su escasez o por la creatividad que hay detrás».

Toda esta experiencia conecta con una idea que atraviesa su trabajo: el «nuevo gran lujo silencioso». Un lujo que no necesita alzar la voz ni apoyarse en el exceso. «La artesanía es un oficio de años que se está perdiendo y que forma parte de nuestra cultura», reflexiona. Las grandes casas han entendido su valor; el reto, dice, es que no quede restringido solo al lujo tradicional.