Cuando Carmen Deñó recibió el encargo de crear dos ilustraciones relacionadas con la basura abandonada en la naturaleza, tenía bastante claro por dónde no quería empezar. «Nada de tortugas ni el planeta Tierra en llamas. Creo que se han convertido en el cliché del problema de la basulareza», explica la ilustradora. Y añade, por si acaso: «Nada en contra de las tortugas, claro, solo que ya están un poquito trilladas».
El encargo procedía del Proyecto LIBERA, una iniciativa de SEO/BirdLife, en alianza con Ecoembes, para concienciar y movilizar a la ciudadanía frente a la basuraleza, ese incómodo término que junta dos conceptos que nunca deberían encontrarse: basura y naturaleza.
La propuesta consistía en crear dos diseños para camisetas vinculados a los mensajes STOP BASURALEZA y 1m² contra la basuraleza. La tarea de Deñó era pasarlos por su propio filtro hasta convertirlos en imágenes capaces de comunicar sin parecer un cartel de campaña trasladado a una prenda.

La Tierra como hogar
Antes de llegar a los diseños definitivos, Deñó se detuvo precisamente en esa convivencia forzada que encierra la palabra basuraleza. ¿Qué hace una garza con una bolsa en la cabeza que apenas le permite respirar? ¿Qué ocurriría si las aves tuvieran que construir sus nidos con residuos? ¿Y si la basura ocupara un espacio desproporcionado en un paisaje natural? No todas esas ideas llegaron a las camisetas, pero ayudaron a encontrar el camino.
Su proceso de trabajo, cuenta la ilustradora, suele comenzar anotando los requisitos del encargo para después jugar a asociar palabras mientras garabatea. Esta vez, una de aquellas cadenas resultó especialmente fértil: «Naturaleza → Planeta Tierra → Casa».

Y ahí apareció la idea que acabaría vertebrando las ilustraciones: la Tierra entendida como hogar. No solo el nuestro, sino el de todos los seres vivos.
«Si comenzamos a tratar los entornos naturales como una extensión de nuestra casa o, al menos, la casa de un amigo muy querido, estarían muchísimo mejor conservados y no iríamos dejando latas y bolsas tiradas tan fácilmente», explica. Todos los bocetos exploran esa idea del hábitat como casa y, en la propuesta finalmente elegida, aparece también un gesto doméstico: el de limpiar.

Visto así, abandonar una lata en el campo empieza a parecerse bastante a dejarla tirada en mitad del salón.
Una camiseta que quieras ponerte
Quedaba otro reto. Una campaña de sensibilización necesita transmitir un mensaje; una camiseta, además, tiene que conseguir que alguien abra el armario y decida ponérsela.
La pregunta que utiliza Carmen Deñó como filtro es sencilla: «¿Me pondría yo esta camiseta?». Después entran en juego los colores, la tipografía, los personajes y una imagen con la que quien la lleve pueda identificarse.
Los mensajes de STOP BASURALEZA y 1m² contra la basuraleza no funcionan, por tanto, como un añadido al dibujo. Son «la base del dibujo, el punto de partida de cada boceto», reinterpretados a través de su lenguaje visual.
Porque para Deñó ilustrar no consiste únicamente en hacer algo bonito. «Parte del deber del ilustrador es comunicar, no solo adornar», afirma. Y una imagen puede hacer algo especialmente útil cuando se intenta llamar la atención sobre un problema: quedarse en la memoria.
En este caso, además, la ilustración abandona la pantalla o el papel y sale a la calle. Una camiseta permite que el mensaje aparezca en el metro, en una terraza o durante un paseo por el campo.
«Que un dibujo tuyo se convierta en algo táctil y pueda vivir fuera de la pantalla siempre me hace mucha ilusión. Si encima logra comunicar un mensaje importante, me hace muy feliz», reconoce la ilustradora.
Quizá por eso aquella asociación de palabras del principio funciona también como conclusión. La naturaleza no es un decorado al que vamos de visita de vez en cuando. Es, de alguna manera, una extensión de nuestra propia casa. Y nadie necesita un cartel en el salón para saber que la basura no se tira al suelo.