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Colores

A muchos les sorprenderá saber que Santa Claus vestía una casaca y un gorro verde, hasta que Coca Cola decidió en los años 30 del siglo pasado que el rojo iría perfecto para su imagen.

Como dice el exquisito guión de la no menos exquisita película “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” (Peter Greenaway, 1989), los productos de color negro se cobran más caros. La perla negra, la trufa, el caviar, la pasta… El negro se une indefectiblemente a la muerte, y por ello es elegante.

Ahora el blanco se asocia a lo pulcro, chic y moderno. Apple tiene mucha culpa, pero no es un concepto que haya inventado Steve Jobs. De siempre, ver a un caballero vestido de blanco indica su elevado poder adquisitivo. El traje hay que limpiarlo en seco cada vez que se utiliza. El traje de novia solo se limpia una vez o, mejor dicho, solo se ensucia una vez.

El desaparecido Dennis Hopper dirigió “Colors” en 1988, en un país en el que los billetes tienen todos las mismas dimensiones y el mismo color. Cambia el valor facial, que va desde 1 dólar a 1000. Por eso no existe la ONCE en EE.UU. ¿Cómo distinguir un billete de otro sin tener ojos?

Según H.P.Lovecraft los orientales “ocultan precisas máquinas de calcular bajo sus repugnantes carcasas amarillas”. “Nigger” es un terrible insulto en habla inglesa. Sin embargo, nadie se ha ofendido jamás por ser llamado “white”, a no ser que se añada aquello de “white trash”. Grupos activistas afroamericanos reivindican la existencia también de “black trash”, pero la iniciativa no ha cuajado.

Azul y amarillo son los colores del cielo africano y la arena del desierto, a cierta hora del atardecer. Pero también son los colores de IKEA, y en Suecia no hay dunas.

«Verde que te quiero verde«. Los jemeres rojos. El libro blanco de Miterrand, “El libro negro” (qué novela maravillosa de Lawrence Durrell), Humor Amarillo, Beso Negro (cuidadín), Pantera Rosa, Revolución Naranja, Deep Purple (qué solos de batería). Y otra vez el negro, en la que es mi marca favorita de cosméticos difuntos: el desodorante Tulipán Negro.

Cada colectivo se arroga el derecho de enarbolar un color en su bandera, excepto el colectivo gay, que los quiere todos, y por eso hace ondear el arco iris, que por cierto, excluye el marrón. Este color no goza del cariño de casi nadie, aunque el sexo también puede ser marrón, pero no entremos en detalles. La bandera blanca significa en son de paz, y la amarilla que hay medusas.

En un hotel de cuatro estrellas de Madrid leemos el eslógan “Te vas a poner morado de tapas”, y unos metros más abajo “Tryp Atocha”. Léanlo otra vez: “Tripa Tocha”. O sea, que el morado engorda.

Antonio Dyaz es director de cine

Foto: Wikimedia Commons

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