Icono del sitio Yorokobu

El diablo sobre ruedas (terror a la luz del día, II)

El diablo sobre ruedas (Duel, 1971) es una película dirigida por Steven Spielberg que durante 83 minutos te agarra el corazón y no lo suelta. El argumento es sencillo: el conductor de un utilitario es acosado por un camión.

Si apenas hablamos y escribimos sobre El diablo sobre ruedas se debe a que está eclipsada por Tiburón (Jaws, 1975). Sin embargo, la historia del camión infernal inquieta hoy de la misma manera que el año de su estreno.

La película está basada en un hecho real: el acoso que el escritor Richard Matheson (El increíble hombre menguante, Soy leyenda) sufrió por un camión durante gran parte de un viaje en coche mientras volvía a casa el día que asesinaron a John F Kennedy (vía The Guardian). Pero no basta que una trama de terror recuerde la realidad para que sobrecoja. Para que la película impacte debe estar ajustada de alguna manera a las reglas del terror. Y Matheson con su guion y Spielberg con su realización aplican las reglas con maestría en ella.

LA FÓRMULA DE LAS DOS HISTORIAS

Recordemos que toda película de terror son dos historias: una trata de la vida corriente y otra trata de cómo el terror invade lo cotidiano.

En El diablo sobre ruedas la vida corriente ocupa los cinco primeros minutos de metraje, y una conversación telefónica doméstica.

En los primeros cinco minutos, Spielberg muestra cómo un utilitario sale del garaje de una casa en una urbanización exterior, atraviesa la ciudad atestada de tráfico y acaba circulando por una carretera de California que parece estar en mitad de la nada y por la que rara vez circula un vehículo.

Estos detalles son reveladores: al salir del garaje detiene el coche antes de incorporarse a la calle desierta y metros después respeta escrupulosamente el STOP. Demuestra que al volante hay una persona prudente.

Durante esos primeros cinco minutos la única compañía del conductor —cuya identidad se nos escamotea— son las noticias de la radio. Así crea Spielberg la misma sensación que tendríamos durante un viaje largo atravesando parajes monótonos.

Justo después conocemos al conductor: David, interpretado por un Dennis Weaver entonces bastante conocido como protagonista de la serie El teniente McCloud, pero que aquí demostrará ser un hombre prudente y pacífico.

En el minuto 6, David/Weaber adelanta un camión oxidado grande y lento.

En el minuto 7, el camión adelanta a gran velocidad al coche del protagonista, pero el camión no se pierde a lo lejos, reduce la velocidad y obliga a David/Weaber a circular despacio.

Así, el terror se introduce en la historia disfrazado como un incidente habitual de carretera.

El protagonista adelanta de nuevo al camión y lo deja atrás. Parece que la vida corriente continúa…

GENTE CORRIENTE

Ya dijimos que el terror lo sufre la gente corriente como David/Weaber un agente comercial que necesita cerrar un trato con un cliente que se marcha a Hawái. Debe ser importante puesto que el viaje le llevará varias horas conduciendo un vehículo familiar con problemas. Está claro que si el protagonista no necesitara el dinero no emprendería el viaje. Y también está claro que si condujera un vehículo de alta gama no sería alcanzado por el viejo camión.

Para remarcar que el protagonista es un hombre corriente, la película lo muestra en una gasolinera telefoneando a su esposa. Ella es un ama de casa, cuyo nombre no llegamos a saber, que quita el polvo en un salón propio de una familia modesta de los 70. La primera línea de la esposa es:

«¿Qué ocurre? ¿Has tenido un accidente?»

La línea contiene varios significados:

El diablo sobre ruedas

La conversación continúa así (incluyo algunos comentarios en cursiva entre corchetes):

DAVID: No. Nada de eso. Solo quería disculparme. [No considera que el pequeño incidente inicial será importante. Tampoco da importancia a que el camión se haya detenido a su lado].

ESPOSA: No tienes que disculparte, Dave.

DAVID: Cuando salí de la casa esta mañana estabas durmiendo… así que solo quería llamarte y te digo que… Lamento lo de anoche. [Aquí Matheson/Spielberg nos manipulan por un momento: nos hacen creer que el protagonista de alguna manera ha hecho daño a su esposa].

ESPOSA: No quiero hablar de eso.

DAVID: Bueno… ¿No crees que deberíamos?

ESPOSA: No, porque si nosotros hablamos de ello… vamos a discutir, y tú no querrás eso, ¿verdad que no? ¿Verdad que no te gustaría? [Aquí se revela al público a través de un diálogo dramático que David elude las discusiones]

DAVID: ¿Qué quieres decir?

ESPOSA: Oh, no importa.

DAVID: Vale, lo entiendo. Crees que debería haberme acercado a Steve Henderson… y haberlo desafiado a una pelea a puñetazos o algo así. [Es posible que David lo supiera en su momento, pero optó por no hacer nada, como remarca la esposa a continuación].

ESPOSA: No, por supuesto que no. Pero al menos podrías haberle dicho algo. [Ella espera que su esposo se comporte como se supone que debe comportarse un hombre]. Después de todo, él… prácticamente trató de violarme delante de todo el mundo. [En el doblaje en español: «solo quería llevarme a la cama ante tus propias barbas»].

DAVID: Oh, vamos, cariño. [¿David elude la discusión con su esposa o simplemente resta importancia a lo que su esposa considera un acto que merece un castigo? En cualquier caso, David es un hombre que huye de conflictos].

ESPOSA: Olvídalo. ¿Estarás en casa a las 6:30? [Ella le da una salida cambiando de tema].

Con la escueta conversación, tenemos los datos que necesitamos para conocer mejor al personaje antes de continuar con el terror que aguarda afuera. El dueño de la gasolinera ofrece un dato relevante para el futuro: el protagonista tiene que cambiar los manguitos.

El detalle: Spielberg retrata al protagonista como un pobre diablo ninguneado por todo el mundo… Igual que la cámara lo ningunea dando mayor importancia a la colada de una mujer.

El diablo sobre ruedas

EL AISLAMIENTO DE LOS PERSONAJES

Los espacios abiertos desolados, un poblado construido alrededor de una única calle, tipos adustos con sombrero de cowboy, personas que solo piensan en sí mismas, la ley ausente… son elementos refuerzan el aislamiento del personaje. Son elementos propios del western que Spielberg ha adaptado al terror.

David/Weaber circula por una carretera que atraviesa parajes que identificamos como cementerios para las víctimas de la mafia. El protagonista no tiene posibilidades de salirse de esta carretera. No hay rutas alternativas; solo puede seguir adelante o regresar a casa.

Hay dos gasolineras en el camino y entre ellas una pequeña población en la que el protagonista se siente forastero. No hay presencia de las autoridades. Las personas que encuentra durante el trayecto no ayudan o interfieren en la huida. Spielberg remarca el aislamiento cortando visualmente al personaje en cada toma.

El protagonista incluso teme denunciar a la policía porque piensa que nadie lo creerá. Esto se manifiesta en el bar donde descansa tras estrellarse con una valla mientras huye del camión. El momento recuerda a Hitchcock: en la barra del bar hay seis o siete camioneros, y el protagonista sospecha que cada uno de ellos es el perseguidor. Spielberg demuestra esto mostrando los rostros de cada hombre mirando de soslayo al forastero. (Otro momento que recuerda a Hitchcock es la escena de la cabina de teléfonos desde la que el protagonista intenta llamar a la policía).

El diablo sobre ruedas

OCULTAR AL MONSTRUO

Oculta al monstruo para que el público no se acostumbre a él, recomiendan los maestros del terror.

Spielberg tenía 25 años cuando dirigió El diablo sobre ruedas pero tenía claro que la presencia del monstruo —el camión— debía ser constante. La historia es inconcebible sin la presencia frecuente y agresiva del camión. Cuando el protagonista no está circulando, el público sabe que el camión espera cerca.

El diablo sobre ruedas

Cuando no vemos el camión, el protagonista alude a él conversando con otras personas o bien habla en voz alta consigo mismo o piensa sobre la persecución que sufre. (Pensamientos que conocemos gracias a la voz en off, lo que nos coloca dentro de su fragilidad).

INVERSIÓN DE LAS LEYES DE LA NATURALEZA

La inversión de las redes de la naturaleza muestra cómo los personajes temen morir como los animales. Es un recurso habitual en el terror, sobre todo en el de asco, pero Spielberg no lo explota.

El protagonista no teme en ningún momento morir como un animal. Simplemente teme morir al perder el control del vehículo o morir tras recibir un choque del camión.

EL TONO

DUELO es la traducción de DUEL (el título original de la película) y remite al western. Recordemos que los elementos que refuerzan el aislamiento del personaje son propios del western.

Los críticos encuentran similitudes entre El diablo… y La diligencia (Stagecoach, 1939) dirigida por John Ford. No es raro. Spielberg ha reconocido en distintas entrevistas la admiración por Ford (vía 5 faroutmagazine.co.uk) y cuánto ha influenciado en su estilo. Ejemplo de esto son los primeros planos dramáticos y la profundidad de campo en El diablo sobre ruedas. 

Hay más, Spielberg cuenta cómo a los 15 años tuvo la oportunidad de hablar cinco minutos con Ford gracias a un contacto común (vía CowboysAliensIntrvws) y la lección que le dio:

«Cuando entiendas por qué el horizonte está arriba o abajo de la imagen, y no en el centro, puede que seas un buen creador de imágenes».

Pero El diablo… además de un heredero del western es una película de terror. Los espacios abiertos también son propios del terror: no permiten al héroe esconderse.

Spielberg ha concebido la película para que el público sienta una claustrofobia creciente a pesar de los espacios abiertos. De hecho, el final ocurre en una loma en la que no hay salida.

Los momentos de distensión en la película solo sirven para que el público no se agote emocionalmente. Son momentos de silencio o reflexión del personaje.

Tras la llamada a la esposa, Spielberg no muestra otra imagen que haga referencia a lo doméstico. El héroe está en el territorio del terror donde la familia ni siquiera está en la mente.

ROMPER LAS REGLAS PARA MANTENER LAS REGLAS

Aunque la idea de crear terror a la luz del día no era nueva (uno de los antecedentes habría que encontrarlo en Los pájaros dirigida por Hitchcock en 1963), Spielberg llevó la propuesta más allá que sus predecesores. Consiguió con elementos mínimos crear tensión. Pero la verdadera proeza con El diablo… está en convertir al camión en un personaje. En algún momento vemos el brazo del camionero o las botas, pero estas no parecen más que completos del monstruo que exhibe con orgullo las matrículas de los coches que ha destruido igual que un pistolero hace muescas en su revólver para apuntar cada muerto.

MÁS TERROR A LA LUZ DEL SOL:

Las reglas del cine de terror.

Midsommar (terror a la luz del sol, I)

 

Salir de la versión móvil