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65 años haciéndonos exactamente las mismas preguntas sobre el diseño

Elisava 65 años

Abrir los cajones del archivo histórico de una escuela de diseño de los años 60 sirve no solo para desempolvar nostalgia en blanco y negro, sino para descubrir que los debates de hace más de medio siglo sobre el futuro de la creatividad eran ridículamente calcados a los que nos quitan el sueño hoy.

Imagina la escena. Finales de 1961. En una España en escala de grises, un grupo de visionarios abre un folleto con tipografía cuidada que anuncia la creación de una «nueva escuela de arte». El término diseño ni siquiera estaba asentado del todo en el imaginario colectivo. Era una disciplina que aún estaba inventándose a sí misma.

Elisava 65 años

Esa escuela era Elisava. Hoy, 65 años y más de 25.000 alumnos después, la icónica facultad situada en plena Rambla barcelonesa ha decidido hacer lo que mejor se le da a cualquier creativo inquieto: destapar las cajas del archivo, esparcir los bocetos sobre la mesa y preguntarse cómo hemos llegado hasta aquí.

Bajo el título Elisava 65 años: En movimiento (que se inauguró el 14 de octubre coincidiendo con el Opening Day de la Barcelona Design Week y podrá visitarse gratis en su Sala Ágora hasta el 9 de diciembre de 2026), la exposición plantea un viaje en seis actos por los giros del guion que han transformado el oficio de diseñar. Francesc Ribot, coordinador del Grado en Diseño e Innovación y comisario de la muestra, está convencido que mirar al pasado es, en realidad, la mejor forma de no perder la cabeza ante el futuro.

No solo cosas bonitas

Si le pides a alguien que imagine el diseño de los años 70 u 80, probablemente pensará en una lámpara de autor, una silla de geometrías imposibles o un póster icónico. Sin embargo, si algo demuestra este recorrido histórico es que la idea del diseño como un territorio acotado a lo puramente estético o a los objetos físicos saltó por los aires hace tiempo. «Probablemente, la gran idea obsoleta sea entender el diseño como una disciplina delimitada —reflexiona Ribot—. A lo largo de estos 65 años hemos visto cómo ha pasado de estar vinculado a objetos o gráficos a convertirse en una práctica transversal que incorpora investigación, ciencia, sostenibilidad e innovación social. Hoy es imposible pensarlo como un ámbito aislado».

Elisava 65 años

Esa transformación no ocurrió de la noche a la mañana. El archivo de Elisava testimonia cómo el diseño dejó de guiarse únicamente por la intuición para convertirse en una herramienta estratégica. Y no, esto no significa que las aulas se hayan convertido en una torre de marfil llena de teoría donde nadie se mancha las manos. «El reto actual no es elegir entre la parte teórica o el taller sucio. Se trata de mantener ambas dimensiones conectadas. Los laboratorios, el prototipado, las visitas y los proyectos con empresas siguen siendo el corazón del aprendizaje», aclara el comisario.

De la imprenta a la IA

Hay un juego revelador al repasar seis décadas de documentos pedagógicos: cambiar la palabra «ordenador» o «fotografía» por «inteligencia artificial», pero la reacción de pánico y fascinación de la comunidad creativa es exactamente la misma.

Hoy en día, con la irrupción masiva de la IA generativa, la eterna pregunta sobre qué nos hace indispensables vuelve a estar sobre la mesa. Para Ribot, la respuesta está en desapegarse del fetiche por la herramienta. «Quizá lo primero que debe olvidar un estudiante actual es la idea de que diseñar consiste únicamente en producir soluciones. Las herramientas cambian, como evolucionaron la fotografía o los primeros Macintosh que llegaron a la escuela, pero la capacidad crítica, la interpretación y la formulación de preguntas siguen siendo insustituibles. Lo que hay que abandonar es el apego a un software concreto, no la capacidad de pensar».

Elisava 65 años

Porque, al final, la tecnología pasa, pero las preguntas quedan. «¿O qué creemos que pensarán de nosotros cuando abran el archivo dentro de otros 65 años? Probablemente les causará risa o ternura nuestra fascinación por las herramientas actuales —explica Ribot—. Igual que hoy miramos con curiosidad los planos dibujados a mano o los primeros laboratorios fotográficos, en 2091 mirarán nuestras interfaces y algoritmos de IA como tecnologías primitivas. Lo que seguirá vigente será el sentido de las preguntas que intentábamos responder con ellas».

La Rambla como laboratorio

No se puede entender Elisava sin entender Barcelona, y viceversa. La escuela no ha sido un espectador pasivo de las transformaciones de la ciudad, sino un agente activo: desde la modernización cultural de los años 60 hasta el estallido creativo de los Juegos Olímpicos de 1992 o los debates urbanos más recientes.

Estar ubicados en plena Rambla implica que la realidad, con todas sus tensiones y contradicciones, se cuela inevitablemente por las ventanas de las aulas. Por eso, en un panorama saturado de Design Weeks orientadas al escaparate y las tendencias de consumo, Ribot defiende un papel más incisivo para la universidad. «Una facultad debe aportar reflexión y pensamiento crítico. Mientras muchos eventos se centran en mostrar resultados, la universidad tiene la responsabilidad de plantear preguntas incómodas, abrir debates y conectar el diseño con los grandes retos medioambientales y sociales».

Elisava 65 años

Si algo queda claro tras bucear por el archivo histórico de Elisava es que diseñar nunca ha ido de seguir modas, sino de mantenerse «en movimiento». Desde aquel primer folleto pionero de 1961 hasta los proyectos de investigación aplicada que hoy colaboran con ONG, instituciones y empresas tecnológicas, el hilo conductor sigue siendo el mismo: una mezcla innegociable de curiosidad, tecnología, sentido crítico y compromiso con la sociedad.

En el fondo, recorrer este archivo demuestra que el diseño no consiste en coleccionar herramientas, sino en no perder la capacidad de hacerse preguntas incómodas. Y que, por mucho que los píxeles hayan sustituido a la tinta y los algoritmos al rotulador, la necesidad de pensar con sentido sigue siendo la única tecnología que no se queda obsoleta.

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