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La batalla que perdió Canal 9 con los dibujos animados de TV3

Servidor de ustedes es valenciano. Recuerdo, aunque vagamente porque era pequeño, lo de tener dos canales de televisión, el nacimiento de las autonómicas y las privadas. En la Comunidad Valenciana se daba la circunstancia de que se veían, además, las autonómicas valenciana y catalana. Era una época aquella en la que la previsión del tiempo en TV3 mostraba un mapa de los ‘països catalans’, con la Comunidad Valenciana y las Baleares, y el hacer que la señal llegara respondía a una estrategia política.

Pasados los años el PP valenciano decidió cortar la señal catalana en la Comunidad Valenciana, lo que causó no pocas protestas, algo que acabó por suavizarse poco después y que ahora, con el cierre de RTVV, pierde el sentido. Si la batalla de las televisiones autonómicas era lingüística, política y cultural, TV3 ganó por goleada. Lo hizo con una programación mucho más atractiva, producción propia mucho mejor y mayor agilidad a la hora de contratar programas externos. Ni que decir tiene que en la televisión catalana todo era en catalán, salvo alguna pequeña excepción, mientras RTVV fue castellanizándose con el paso del tiempo.

Hay muchísimas lecturas políticas en todo ello y muchos detalles más, algunos especialmente sutiles. Es el caso de la programación infantil. Antes de que la Generalitat Valenciana decidiera ‘cortar’ la señal catalana, los niños de aquellos días crecimos con dos ofertas bien diferenciadas.

El hecho de que se pudieran ver ambas en la Comunidad Valenciana y la coincidencia idiomática hizo que muchos niños crecieran de pequeños viendo los dibujos en TV3 y no en Canal 9. Y ese fue mi caso. Vale que hubo dibujos que marcaron mi infancia como Campeones (Oliver y Benji para los amigos), Bola de Drac o Caballeros del Zodíaco (esta ya me pilló más crecidito), que eran en castellano y en televisiones nacionales, pero palidecen al lado de la batalla autonómica por la atención infantil.

En un bando estaba el Club Super 3, con personajes como el Petri (una especie de mensajero, siempre de amarillo y negro, que iba en monopatín, con un fax en la tripa, llamado ‘Petrifax’), la Noti (una reportera, siempre de rojo y negro) y Tomàtic (un contestador automático que era un muñeco de un tomate). Dos humanos y un muñeco, con colores amarillos y rojos predominantes, como la bandera. Nada casual.

Al otro, A la babalà, con dos humanos: Diego Braguinski y Fani Grande, que con el tiempo fueron sustituidos por Xoni, Poti y Tiriti, que parecían un ‘homenaje’ a los de la catalana, y más adelante María Abradelo y un perro virtual. En la evolución se ve otro mensaje nada casual: primero gente de la casa, luego una imagen más moderna ‘inspirada’ en la catalana y, al final, en 1997, una ‘castellana’ (así se llama en los pueblos a quien no es valenciano). Era el momento en que viejas glorias televisivas de allende la meseta desembarcaban en Canal 9, castellanizando la programación y disparando costes. Hay que destacar, eso sí, que María Abradelo hizo el esfuerzo de aprender valenciano y lanzarse al ruedo con él, algo muy de valorar. Luego salió en Interviú, imagino que traumatizando a una generación entera, pero esa ya es otra historia.

Entre los dos vídeos de arriba hay como cinco años de diferencia, y anda que no se notan… Pero la cuestión es que los primeros ganaron por goleada a los segundos. No es que los personajes fueran más o menos carismáticos (que lo eran), sino que el éxito residía en que seleccionaban mejor las series. Por ejemplo, Bola de Dragón para mí nunca ha sido ‘Bola de Dragón’, sino ‘Bola de Drac’, que era el nombre en la valenciana y la catalana. Lo que pasa es que en TV3 empezó mucho antes, y se llevó una importante cuota de audiencia. Y eso, claro, marca.

Porque para ti, que veías la serie en la televisión en castellano, es ‘Piccolo’, pero para nosotros era ‘Satanás cor petit’ (Satanás corazón pequeño, sí, un nombre muy prosaico) o bien ‘Satanás cor menut’ (mismo significado, distinta palabra) según dónde siguieras la serie. Y el indicador en los colegios era claro: era Satanás cor petit, sin duda alguna.

Lo de que Dios y el demonio sean la misma persona desligada, o que un niño atraviese (literalmente) a otro personaje, o que este siga hablando con un agujero enorme en las tripas… eso lo dejamos aparte. Es cosa del anime. Si te fijas en las músicas (no te digo en las letras, porque no las entenderás si no eres de mi tierra) son realmente machaconas y reiterativas. Se ve que a los niños nos encantaba.

Pero esa no fue la única serie que triunfó en la televisión catalana y encandiló a niños catalanes y valencianos, ni mucho menos. Esa guerra se libraba con armamento japonés.

Si había un buen ejemplo de anime en esta guerra autonómica era Dr. Slump, que más tarde dio el salto a la televisión nacional e incluso su protagonista, Arale, compartió escenas con Son Goku en Bola de Drac / Dragón. Era una niña robot con muchísima fuerza alrededor de la cual pasaban cosas que reflejan la esencia de este tipo de dibujos japoneses: histriónicos, con fuerte presencia del sexo, escatológicos (un angelito que cagaba helados, nada menos, y hasta unas heces eran un personaje de la serie). ¿Algo que ver con la cultura catalana o valenciana, que se supone que es para lo que sirven las autonómicas? No, si no es con lo del ‘caganer’ catalán, pero oye, como arma en la guerra que libraban funcionó genial.

Otra serie que personalmente me marcó fue Fly, que era una especie de Bola de Dragón pero con toques medievales: luchas a espada y demonios, algo muy loco, pero realmente adictivo. Al final casi todos los malos se hacían buenos, cosas del universo moralista y dicotómico del anime.

Volviendo al terreno de la sal gorda, Musculman era lo más: un combatiente de lucha libre enmascarado que comía ajos para volar tirándose pedos, se ponía tibio de carne de toro y combatía en un ring con rivales que iban desde un tipo con cuernos que partía a un niño a trozos hasta un muelle metálico. Y eso por no nombrar otras barbaridades… pero oye, era una serie magnífica que a mí me tuvo enganchado hasta el final.

Si hubo una que me cambió fue Petit Chef, de la que tampoco se supo nada en la autonómica valenciana. Era un anime sobre un cocinero. Sí, Masterchef y Top Chef no inventaron nada. Era de un histrionismo absoluto: gente llorando al meterse un trozo de comida en la boca, hemorragias de placer culinario, artes marciales aplicadas a la cocina… un no parar de efectos visuales y sonoros para hacer guisos que, oye, a mí me abrían el apetito. Y yo, que de pequeño no comía nada (quién lo diría ahora), no era muy de tener apetito. Menudas meriendas me zampaba a la salud del niño este.

Sí hubo una serie de dibujos que triunfó solo en Canal 9 y no en TV3: Els guardians de la Galaxia, adaptación de un anime-western de lo más curioso que sirve a modo de ejemplo autoconcluyente: es imposible encontrar el vídeo en valenciano, y solo queda rastro de su versión hispana. Sintomático

Y me dejo un montón de míticas de la época, castellanas, valencianas y catalanas: Los Mosqueperros, El inspector Gadget, Los fruitis, Atori en ninja, Cinturó negre… pero es que ya no me cabía más nostalgia en una pieza.

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