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Limpiezas energéticas, ¿el crecimiento personal para vagos?

¿Has visto algún cartel que habla de descubrir tu luz interior? Suena tan bonito. Liberar tu alma, deshacerte de lo que te duele. Dejar atrás todo lo que sobra del pasado. Son ofertas tan seductoras. Tan bonitas y relajantes, prometedoras; con tan poco a cambio. En un lugar generalmente bonito, en la naturaleza, donde desconectar. El jueves trabajo, el viernes salgo antes para pasar la ITV y el sábado voy al monte a sanar mis traumas ancestrales en una esterilla al lado de desconocidos. El domingo tengo que pasarle la aspiradora al coche.

Sé que hay una larga retahíla de excepciones, y también una lista larga de motivos por los que cancelar esta idea que aún no he desarrollado. Pospongamos el juicio, cinco minutos más.

Félix Carranza es psicólogo sanitario, pero no de los que se queda en el libro sino de los que afronta la terapia de una forma amplia, amable y experimental con diferentes metodologías. Cuando se le pregunta acerca de las ofertas de bienestar exprés se centra en varias cosas: «Una cosa es la espiritualidad bien entendida (un poco de reflexión sobre nuestra existencia, el mundo, la vida, mi motivación de por qué estoy aquí…), y otra cosa son técnicas que pretenden en un tiempo corto y sin base alguna crear alguna modificación o resolver traumas o problemáticas duras».

Por un lado, incide Carranza, sacando a relucir la ciencia, están las prácticas espirituales milenarias como la meditación o el yoga, que incluso ahora se les ve toda la base dentro de la neurociencia y sus resultados en el cerebro. Y otra cosa es todo lo rápido, fácil y con buen marketing para aliviar rápido la sintomatología.

El psicólogo alude al libro La desaparición de los rituales, de Byung-Chul Han, para luego explicar que la espiritualidad está fuera de lo que es un dogma religioso. «La religión se rechazó hace un tiempo; los espacios que antes eran religiosos en los que se compartía socialmente, se quedaron vacíos».

En el libro, según Carranza, se explica muy bien esa necesidad del ser humano de formar parte de algo cuando hay una carencia o una soledad que se ha ido generando por este individualismo. El papel del grupo, asegura, es el de catalizador: «El grupo nutre mucho, digamos que se pueden generar catarsis colectivas».

Carranza habla del capitalismo y la individualidad, de la pérdida del sentimiento de pertenencia, de la soledad que conlleva esta pérdida de los rituales y menciona cómo es natural que a las personas, como seres sociales, nos afecte.

Sin embargo, donde la mayoría de la población habla, con buena intención, de ese vago pero prometedor «mejorar», hay a quienes se les marca en las pupilas el símbolo del dólar como en los dibujos animados. ¿Y si alguien busca desesperadamente la forma de escapar rápidamente de un malestar profundo? ¿Un trauma? También puede venirse a la experiencia sanadora de alto impacto, por supuesto. Hay sitio para todos… Para todos los billetes que podáis darme.

La llama de los cursillos, experiencias, baños de sonido, meditaciones grupales y métodos sanadores ha sido alimentada con las redes sociales. Vídeos en los que desconocidos (que podrían ser primos o amigos del organizador del evento) hablan maravillas de una experiencia tan impresionante… Quizás es ahí donde deberíamos sospechar. Pero que nadie entienda que un retiro no puede prometernos relax, meditación y una experiencia agradable. Por supuesto. La duda debería emerger cuando se ofrece algo muy grande a cambio de muy poco.

A pocos taps (el click táctil) de búsqueda en Instagram encuentro un perfil que llama mi atención, habla de algo que nunca había escuchado; la activación de la Kundalini. En algunos vídeos del perfil, hay gente retorciéndose y llorando amargamente. La propietaria del perfil se llama Vanessa Iborra, y se inclina sobre las asistentes, tumbadas, coloca sus manos sobre sus cuerpos, sin tocarlos o tocándolos suavemente y mueve los dedos de forma elegante e hipnótica, como acariciando las cuerdas de un arpa. Más tarde, hay abrazos y sonrisas, bienestar.

Vanessa se presenta a sí misma como facilitadora de Kundalini y registros Akáshicos. A la pregunta sobre cuál es el nombre adecuado para su profesión, dice que ella no es sanadora, ni curandera, sino que «acompaño tu energía». Y cuando se le pregunta sobre su trayectoria dentro de ese camino, explica que su camino fue algo que no salió de la teoría.

«Desde el primer día me sentí capacitada porque lo que tenía que hacer era simplemente Ser. Entonces entendí que mis herramientas las tenía que compartir con el resto de personas. Mi camino no nació dese la teoría, sino desde mi propia transformación. Hoy acompaño a otras personas a reconectar con su esencia, liberar lo que pesa y recordar quiénes son realmente».

Sobre la tendencia alcista en el interés por la espiritualidad, Iborra responde desde una perspectiva muy diferente a la del psicólogo: «La gente hoy en día está viviendo por y para los demás, buscan espiritualidad, terapias, sanación emocional… realmente quieren buscar fuera esa felicidad que todos la llevamos dentro, y ahí el error. Nos distraemos con las cosas materiales externas, nos frustramos porque nos hacemos una historia que realmente no existe más que en nuestra mente, como esto no sucede o no de la manera que queremos ahí viene el bajón».

Vanessa achaca el sufrimiento a darnos demasiado a los demás. También habla del carbón que alimenta el fuego de muchos traumas: «No somos (nosotros mismos) sino que queremos ser el que a mi madre le gusta, el que mi padre quiere, el que a la maestra le gusta… pero lo que hemos de ser es, ser —enfatiza—, sin más etiquetas para gustar al resto. Todo porque nos hicieron creer que teníamos que ser u hacer para que el resto te reconociera».

Por su parte, para el psicólogo, eventos como imposición de manos, activación de la kundalini, las constelaciones familiares, no pueden cambiarte en sí: «Todo lo que sea rápido, fácil y que el trabajo esté hecho en pocas horas no lleva a ningún ladoç. Pero, continua: «Otra cosa es que en un evento de este tipo con algo verdadero de fondo tú te des cuenta de algo y a partir de ahí lo trabajes en terapia […] Después de estas experiencias suele haber un subidón, una euforia que dura un tiempo corto, pero al poco tiempo los síntomas vuelven y cae todo lo vivido».

Félix nos viene a explicar algo que no nos sorprende, y que es bastante improbable que se pueda conseguir mucho, con tan poco. Mejorar o sanar está genial, es un bello y necesario propósito. Pero lo que tenemos que dar a cambio es más que una experiencia aislada. Involucrarse en prácticas espirituales poco fundamentadas, que dejan todo el peso de “la sanación” en agentes externos exclusivamente, ya sean cristales, el relajante sonido de un cuenco tibetano, el olor de un incienso o los conocimientos de un gurú
en particular, son muy probablemente el camino equivocado a la verdadera mejora, sanación o enmienda personal.

Desde algunos taps más de distancia en Instagram, pero a muchos kilómetros, responde Iara Yasmin, desde Argentina, que cuenta con más de 150 mil seguidores. Iara viene a hilar a la perfección los dos mundos, el espiritual o esotérico, con el trabajo personal. Yasmin explica que se dedica principalmente a las limpiezas energéticas, pero que también es numeróloga entre otras cosas. Llegó a dedicarse profesionalmente a esto a través de su familia, que ya llevaba a cabo estas prácticas.

«Fui, se podría decir que una de esas personas a las que la pandemia las puso en su lugar. Al mismo tiempo, mi mamá se tuvo que venir a vivir un año conmigo y entre tanta crisis decidí verle la parte positiva y ya que tenía a mi mamá conviviendo 24/7 en mi casa, decidí pedirle que me enseñe a leer el tarot. A mi mamá la desalojaron del local donde hacía sus lecturas, así que también me puse a aprender sobre redes sociales».

Hay algo curioso en el perfil de Iara y es que confiesa no haber hecho nunca sesiones presenciales. «No tenía ganas de cargar con tanta energía en los encuentros presenciales. Se hace todo muy denso y prefiero estar tranquila en mi casa, enfocada en mí, sin presiones y poder hacer los servicios en los momentos en los que yo me encuentre muy bien energéticamente para poder brindar lo mejor de mí».

A la pregunta de si pudiera haber algún efecto negativo en la práctica de estas terapias, Iara lo tiene claro:  «Siento que puede tener un efecto negativo justamente si estos procesos no se acompañan con
terapia psicológica. Hay sesiones que si no se sostienen con terapia o con algún tipo de acompañamiento pueden generar algún efecto adverso. Al margen de eso, siento que toda experiencia que tenga que ver con una conexión con nuestra esencia, con nuestro ser, puede ser muy positiva si le ponemos onda después a la diaria y al laburo interno que lleva después a sostener cierto tipo de procesos».

Es esta respuesta de Iara la que no castiga ninguna creencia, en ningún tipo de prácticas —por así llamarlas, generalizando ampliamente—, pero que al mismo tiempo no engaña. Hay clientes a los que no se les puede ayudar sin un apoyo psicológico, basado en algo real detrás. La pérdida de los rituales y las prácticas comunitarias, del tejido social y de estar cercanos con los nuestros nos han llevado a buscar alternativas. Ya sea por la soledad, la necesidad de conectar o por buscar alternativas a la religión.

Sin embargo algunas de estas prácticas prometen mucho más de lo que pueden ofrecer y es en la trampa de la inmediatez donde caemos. En confiar en que un gurú, una experiencia o un agente externo a nosotros
podrá resolver un malestar (personal o colectivo) que llevamos dentro en la rapidez de una sesión o la comodidad de su mucha sabiduría y nuestro poco trabajo. Sin embargo, por mucho que nos decepcione, el trabajo personal seguirá siendo un camino duro y largo en el que no existen atajos.

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