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María Jesús Espinosa de los Monteros: «El 40% de las descargas de Podium Podcast son de programas de ficción»

maría jesús espinosa de los monteros

Me cita en el bar de una librería porque dice que ponen una limonada riquísima, pero, para mi sorpresa, pide un agua con gas. Quizá por el sonido de las burbujas cuando caen dentro del vaso. Pocos pueden apreciar los matices de un sonido con tanta precisión como ella. María Jesús Espinosa de los Monteros escucha la vida como si fuera una directora de cine. Es capaz de apreciar que un sonido se mueve en zoom y trabaja un eco hasta el detalle para que nunca suene a gótico si se supone que se produjo en una iglesia romana.

Le digo que voy a grabar la conversación y sitúo el móvil a su lado.

—¿El altavoz está aquí? —pregunta, amable y acertada, al darse cuenta de que el aparato está colocado para escuchar a la pared. (Qué cagada).

La jefa de proyectos de Podium Podcast cuenta que esto de los sonidos, la radio y los podcasts le ocurrió de un «modo imprevisible». A ella le gustaba el cine y, al terminar la carrera, dejó Valencia para hacer un doctorado en Historia, Análisis y Documentación Cinematográfica por la Universidad Complutense de Madrid.

—Nada hacía presagiar entonces que me iba a dedicar al mundo de la radio—, cuenta mientras burbujean las pompas de agua que acaba de echar al vaso.

Por las mañanas hacía una tesis sobre el director alemán Rainer Werner Fassbinder y por las tardes trabajaba de palomitera en los cines Conde Duque.

—Nunca más he comido palomitas porque apestaba a maíz. Pero era muy bonito. Era como la peli de Giuseppe Tornatore, Cinema Paradiso: por la mañana hacía mi tesis, por la tarde trabajaba y, cuando terminaba, me metía a ver la película. Yo quería dar clase de narrativa fílmica, pero quedarse en la universidad es muy complicado.

En medio de esa maraña de dudas al acabar el doctorado, la llamaron de una radio. «Acabé un turno de palomitera, me cogí el ALSA, viajé ocho horas y al día siguiente empecé en COPE Cataluña». Ahí trabajó en antena y en producción. Empezó a hacer periodismo cultural y a los cinco años, de pronto, tronó una crisis que provocó despidos de periodistas a mansalva.

—Al quedarnos sin trabajo, un grupo de antiguos compañeros montamos una de las primeras radios online: El Extrarradio. No hicimos ningún estudio de mercado ni nada. Estábamos en un momento en que la tecnología permitía montar tu propia empresa periodística y pensamos: ¿por qué no lo intentamos nosotros mismos? Con una mesa de mezclas, gusto para el montaje y una agenda de fuentes ya lo tenemos. Y así lo montamos.

Al poco tiempo recibieron el Premio de la Academia de la Radio Catalana y el Premio Ondas a la Innovación Radiofónica de 2013. Les llovían las invitaciones para asistir a congresos y dar talleres de radio digital, pero el dinero contante y sonante no asomaba por ningún lado. Y toda su inversión (las indemnizaciones que habían recibido por los despidos) menguó rápido.

Dibujo de María Jesús Espinosa de los Monteros

Ese proyecto acabó, pero fue necesario para abrirles otras puertas. «Las cosas no pasan por casualidad», cree Espinosa de los Monteros. En un congreso de Periodismo Cultural de la Fundación Santillana le dieron siete minutos para hablar sobre El Extrarradio y…

—Chica, yo no sé lo que dije, pero cuando bajé, me vinieron responsables de distintos medios a pedirme mi dirección de mail —recuerda—. Yo me fui de allí pensando: «Esto es lo típico que pasa, pero luego nada». Pero luego sí. Me llamaron y empecé a colaborar con El País, Lonely Planet, Radio Nacional de España

En aquel 2014 la palabra podcast «era aún lejana» en España. La había inventado un periodista de The Guardian hacía diez años, pero no había muchos programadas de audio digitales para poder usar el término, según la periodista. En castellano apenas existían unos pocos: Radio Ambulante, La cafetera… En cambio, en Estados Unidos, 2014 fue «el gran año del podcast». Ya hacían muchos programas y estrenaron «el gran catalizador del podcast»: Serial, unos programas de periodismo de investigación sobre crímenes.

María Jesús Espinosa de los Monteros trabajaba entonces como periodista cultural y como profesora de innovación en radio. Hasta que a principios de 2016 la contrataron para dirigir la plataforma de podcasts de Prisa. En el mes de junio lanzaron los primeros programas y desde entonces han descubierto que las radionovelas de la posguerra no fueron una excentricidad de las bisabuelas. La ficción sonora sigue gustando.

—El 40% de las descargas son de programas de ficción. El gran apagón, Negra y criminal, y Bienvenido a la vida peligrosa han tenido muchas descargas. Esta última, de Arturo Pérez Reverte y Guillermo Arriaga, la grabamos en México —indica—. Y nos sorprendió mucho porque desde las radionovelas no había tradición de ficción sonora. Era arriesgado hacerlo, pero desde el primer momento funcionó muy bien.

Fue un pasmo hasta para los propios oyentes. Dice la jefa de proyecto de Podium Podcast que muchos jóvenes les escribieron por Twitter para contarles que antes pensaban que las radionovelas eran cosas de abuelas y ahora ellos estaban enganchados a una serie en radio. ¡A su edad!

Esto tiene explicación. Los podcasts de hoy no son como los que se hacían en los años 40. Están adaptados al público actual, según Espinosa de los Monteros. Además, Netflix y otras plataformas de series y televisión han acostumbrado al público a ver lo que quiera cuando quiera. Así funcionan los podcasts. «Si puedes escuchar los ocho de un tirón, pues escuchas los ocho del tirón», como se hace con todos los capítulos de una temporada de una serie de televisión.

Suena un cubito de hielo contra el vaso. Lo ha empujado el agua con gas que Espinosa de los Monteros está echando para volver a llenarlo. En otra entrevista esto no haría ruido. En esta sí. Aquí funciona como un efecto dramático de la conversación.

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A finales del siglo XX las series dejaron al cine con la boca abierta: en televisión se podía hacer ficción de una calidad inimaginable. Algo parecido podría ocurrir con el podcast: pocos imaginaban lo que da de sí. «La serie que va a estrenar Julia Roberts, Homecoming, es una adaptación a la televisión de un podcast que tuvo un éxito brutal. Y a Lore Podcast también le ha ido muy bien. Amazon lo compró para convertirlo en una serie de terror», apunta. «Lo interesante es volver a poner el audio en el lugar que merece como gran generador de imágenes mentales. Es el poder de la voz; como volver a los orígenes, a los tiempos en los que se contaban historias al lado de una hoguera. Es el gusto por la conversación».

En un mundo en el que intentamos entenderlo todo por los ojos, a veces se olvida lo importante que siempre ha sido el oído. Pero hay historias que se construyen de sonidos y están hechas para ser escuchadas. Solo escuchadas.

—Yo diría que un podcast pone en funcionamiento un montón de músculos de mi cerebro y… de mi corazón incluso… que muchas veces no los pone ni un libro ni una película. O, al menos, no de esa manera. Y me parece que lo sonoro consiste en dejarse llevar.

Eso es lo que piensa esta periodista que se declara adicta a la radio. ¡Y peor aún! Aficionada a fregar y planchar.

—Eso me lo tienes que explicar.

—Me encanta porque es un momento en el que escucho cosas. Es un rato de tranquilidad en el que estoy haciendo un trabajo mecánico y a la vez oigo podcasts. Cuando llegué a Madrid y no conocía a nadie, pasaba mucho tiempo planchando. Me planchaba hasta las bragas y los calcetines. Quizá también plancho porque no me gustan las arrugas. ¡Nada! Pero, sobre todo, porque es un momento de recogimiento mío… O una manía…

El podcast se hace aún más envolvente cuando se escucha con auriculares. Así lo hace la mayoría de los oyentes, según las investigaciones de audiencia de Estados Unidos. Y así lo recomienda ella.

—Son casi lobotomías sonoras. Alcanzas un grado de intimidad muy alto—asegura—. Y eso exige muchísimo a los actores. Para ellos es un reto que toda su interpretación resida únicamente en la voz. Y exige muchísimo a los técnicos. Nosotros somos supertiquismiquis. Decimos: «El personaje ha entrado a una iglesia. Vale. Pero ¿a qué iglesia? ¿Es gótica? ¿Es románica? El eco que se produce no es igual». Ahora hay plug-ins que consiguen hacer el eco de una iglesia británica en el siglo XVIII. Para el oyente es una escucha más inconsciente y puede que no se dé cuenta, pero todo eso está ahí. La ficción es casi un trabajo de orfebrería. A veces hay que trabajar veintiséis pistas a la vez para un único sonido.

María Jesús Espinosa de los Monteros explica que con un sonido se puede hacer un primer plano, una panorámica, un plano general y luego un zoom… Se puede hacer mediante posproducción, «que es casi como un montaje de cine», o con un micrófono binaural: un aparato con forma de cabeza, con orejas y todo, que recoge el sonido como si lo oyera un humano. «Ya no hace falta que hagas el efecto del movimiento en posproducción porque en el momento de grabarlo ya tienes el movimiento. Desde delante, desde atrás… El centro siempre es el micro y los actores actúan alrededor».

Y si las cosas no pasan por casualidad, como cree la periodista, aquel pesturrio a palomitas tuvo su función. Lo que aprendió de cine le ayuda hoy a trabajar los podcasts. «Los planes de grabación de los shows de ficción son muy parecidos a los de una película», comenta. «Uno tiene un papel. Viene dos tardes y lo graba… La BBC, en un decálogo sobre el podcast, dice que si se tuviera que parecer a algo, sería una especie de cine sin imágenes. Y creo que hay una parte de verdad».

En una historia sonora las palabras tienen más presencia que en una película. Cae una mayor responsabilidad en el lenguaje. Incluso en el sonido de las palabras… «En la carrera de Comunicación Audiovisual tenía una profesora, Mayca Aguilera, que nos decía que si un sonido puede contar algo, no utilicemos la voz», apunta. «Muchas veces olvidamos que la radio tiene cuatro grandes elementos: la voz, la música, los efectos y el silencio. El silencio es lo que menos se utiliza actualmente y quizá se podría usar más en los programas de madrugada. Como esos grandes silencios que hacía el Loco de la colina».

Y parece que la tecnología apunta hacia el origen, hacia la voz, el dictado por voz, las búsquedas por voz y ahora los smart speakers. «Todo gira en torno al sonido. En estos altavoces inteligentes, por primera vez, el interfaz es la voz. La voz es la que interactúa con estos asistentes virtuales. En la BBC ya hay un podcast interactivo para niños. Ellos pueden hablar con el show».

Si no existe la casualidad, como ella dice, entonces no ha sido el azar lo que nos ha llevado esta tarde a esta librería. Ha sido su abuelo. El hombre era «repartidor, por este orden, de periódicos, colchones y donuts». Todos los días se levantaba a las 4.00 de la madrugada y pasaba la jornada trabajando. Pero por las noches leía. Un libro tras otro.

—Yo recuerdo ser superpequeña y verlo leyendo siempre. Me preguntaba: «Pero con lo cansado que debe estar, ¿qué hace leyendo a estas horas?». Eran libros y libros. Tenía desde novelitas de western hasta los Episodios nacionales de Galdós. Y yo decía: «Algo pasa aquí con estos objetitos». De ahí me viene el amor por la lectura.

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