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¿Por qué los juguetes sexuales intimidan a los hombres?

No hace tantos años entrar en un sex shop era ir a un lugar más bien oscuro, incómodo. Se entraba casi de forma clandestina y se intentaba obviar a los hombres solitarios que buscaban pasar un buen rato a solas en una cabina. El objetivo era buscar un juguete sexual que, por norma general, era la copia del pene de algún actor porno, salvo por el hecho de que estaba fabricado en plástico de colores fosforitos.

Hoy en día ir de compras eróticas es algo mucho más natural y que se hace tanto en pareja como en grupos de chicas o incluso a solas. Las actuales tiendas eróticas son lugares luminosos, abiertos y cercanos donde se puede encontrar todo tipo de productos, mucho más pensados para el público femenino, con multitud de formas, utilidades y colores. Pero ¿también están tan abiertas para el público masculino?

Aunque la demanda de los juguetes fálicos tradicionales sigue teniendo su público y también se hayan creado juguetes pensados específicamente para el sector masculino, parece que a los hombres les sigue costando incluir los juguetes sexuales para los juegos en pareja.

Tal y como apunta la sexóloga Ana Lombardía, algunos de los argumentos más utilizados son: «No necesito ningún juguete», «si a mi pareja le gusta el juguete no va a necesitarme ni va a querer tener sexo conmigo», «eso solo es para fracasados».

Según la experta, todos ellos son «argumentos basados en el miedo: el miedo a no complacer a su pareja, el miedo a no ser buenos en la cama, el miedo a perder su virilidad, el miedo a la burla… Es importante explicarles que los juguetes son un complemento más y que, en ningún caso, puede sustituir el placer y la conexión que aportan ellos».

Miedo al placer compartido

El problema no parecen ser los propios juguetes sexuales por sí mismos, ya que la sexóloga aporta que «no suelen mostrarse tan reticentes si se les propone usar juguetes a solas. Esto lo aceptan con más naturalidad, sin temor». Sin embargo, el problema llega cuando la pareja propone incluir un juguete en sus prácticas sexuales, ya que sienten que «se está introduciendo un objeto extraño en su sexualidad».

Más allá del miedo a ser sustituidos, o de que la pareja disfrute más con un dildo a pilas que con uno de carne y hueso, otra de las ideas subyacentes la señala el también sexólogo Fernando Villadangos, que apunta a que «todavía muchísimos hombres deben desarrollar su sexualidad desde un concepto más lúdico, creativo y de juego, donde entran los juguetes eróticos como un complemento más».

Desde su punto de vista, parte del problema es que «muchos hombres permanecen en un antiguo modo competitivo del sexo, donde lo importante es el rendimiento más que el placer».

Sobre esta misma idea, Ana Lombardía añade que «suelen ser hombres con poca o mala educación sexual, con muchos tabús e ideas erróneas a cerca de la sexualidad. A veces inseguros a cerca de su masculinidad o la tienen basada en aspectos equivocados».

¿Depende del tipo de juguete?

Otra de las ideas claves es si el juguete tiene forma fálica o no, puesto que «los hombres heterosexuales suelen sentirse más cómodos con los juguetes que no imitan la forma del pene de manera realista. Estos suelen provocarles más rechazo en muchas ocasiones, porque comparan ese pene de plástico con el suyo propio», puntualiza Lombardía.

A este respecto, Elsa Viegas, cofundadora de la marca de juguetería erótica Bijoux Indiscrets, opina que «la falta de información es el gran enemigo. Los juguetes siguen siendo en su gran mayoría fálicos y los hombres los ven como competencia».

Sin embargo, gran parte de los juguetes pensados para jugar en pareja no son imitaciones del pene, sino que buscan o bien estimular otras zonas como el clítoris durante la penetración o incluso otras zonas erógenas del cuerpo durante cualquier momento del encuentro sexual.

«Los juguetes no fálicos tienen dos aproximaciones, el desconocer cómo las mujeres disfrutamos de nuestro placer a través de la estimulación externa del clítoris y la no amenaza en forma y tamaño».

Un ejemplo en la línea de Bijoux Indiscrets es un vibrador con forma de diamante que funciona muy bien para los juegos de pareja, ya que «al reducir el factor amenaza, los hombres se sienten más cómodos, sobre todo por no asociarlo a otro pene. El diamante es discreto, invita a jugar no solo usándolo en la zona intima, sino también por todo el cuerpo, y esto despierta más curiosidad en los hombres».

Cómo abordar el tema

Nadie está obligado a hacer algo que no quiere por mucho que a su pareja le apetezca, recuerda Fernando Villadangos. «Nunca hay que obligar a hacer nada y menos en el sexo». Sin embargo, una forma de introducir productos eróticos poco a poco es «hacer un regalo orientado a disfrutar en pareja, como lubricantes, velas eróticas y, luego proponer algo algún estimulador de clítoris o de pene en el caso masculino, que también existen».

Además, el experto propone «acudir juntos a una tienda erótica o visitarla juntos también si es online», para poder comentar juntos las ideas, apetencias o reticencias. No hay que olvidar «el interés en mejorar tu sexualidad, en curiosear y descubrir o ampliar tus capacidades de sentir tu cuerpo y tu sexualidad. El cerebro también es un poderoso órgano sexual y el misterio, la picardía, la sorpresa o la emoción de probar un juguete erótico en pareja puede significar mucho más estímulo en sí mismo que el propio objeto».

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