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Los niños gordos de Europa: Grecia y Malta, pichichis de esa liga

Grecia se hizo con el primer puesto en un ranking que, seguramente, preferiría no encabezar. Los niños griegos (y también los malteses) son los más gordos de Europa, según los datos oficiales. Pero, ojo, que no son los únicos con problemas de sobrepeso en la región. Ni más ni menos que nueve países de la UE presentan altas y preocupantes tasas de obesidad infantil.

Los números hablan por sí solos. Más del 35% de los niños de 11 años son obesos o tienen sobrepeso en Grecia y Malta. Y esa misma tasa es superior al 31% en otros países como Bulgaria, Rumanía, Hungría, Croacia, Polonia, Italia y España. Tampoco se quedan atrás países como Reino Unido, Portugal, Eslovenia, Eslovaquia, Letonia, Estonia y Finlandia, donde un cuarto de los niños de once años son rollizos.

Pero no todo son datos negativos. En el otro extremo se encuentran estados como Francia, Noruega, Dinamarca o Alemania, que (en términos generales) cuentan con los chavales menos rechonchos de la UE.

El Centro Común de Investigación (Joint Research Centre) de la Comisión –brazo ejecutivo de la Unión Europea– publicó hace unos días un informe titulado Mapeo y acercamiento al sobrepeso y la obesidad infantil, que incluye un mapa elaborado con datos procedente de la Organización Mundial de la Salud.

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El curioso mapa coroplético muestra los datos de los veintiocho miembros de la UE, dando el color naranja más oscuro a los países donde más del 35% de los niños de once años son obesos o tienen sobrepeso. Por el contrario, el color naranja más claro se otorga a aquellas naciones donde menos del veinte por ciento de los niños de once años padecen ese problema.

«En general, en el primer mundo la obesidad está ligada al nivel socioeconómico y cultural», comenta a Yorokobu Lluís Serra, doctor en Medicina y Nutrición. «Por ello, tanto a nivel nacional como a nivel europeo existe un gradiente norte-sur del sobrepeso y la obesidad, con cifras mayores en los países del sur y cifras mayores en las regiones del sur de estos mismos países».

Serra explica que el PIB y los Índices de Desarrollo son, por tanto, fuertes predictores de la obesidad tanto en el niño como en el adulto. «Además, también influye lo que llamamos transición nutricional, que en algunos países mediterráneos ha sido muy brusca e intensa como consecuencia del turismo masivo y la globalización, que erosionan las costas y las costumbres».

«Los últimos estudios indican que existe una clara relación entre el sobrepeso y la sustitución de las dietas tradicionales por dietas occidentalizadas, sobre todo basadas en alimentos ultraprocesados (generalmente baratos y de muy fácil accesibilidad y consumo), pero también se ha detectado esta correlación con el bajo nivel socioeconómico, el sedentarismo y la falta de sueño», señala a nuestra revista el químico y escritor Luis Jiménez.

Está claro que la obesidad es ya una epidemia. Por poner un ejemplo, uno de cada cinco niños y adolescentes estadounidenses de entre seis y diecinueve años es obeso. Y parece más que demostrado que los hábitos y el estilo de vida de las madres cuentan en este tipo de dinámicas. Mucho, además.

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Un informe publicado en la revista BMJ recoge las conclusiones a las que han llegado varios científicos de Harvard en un estudio reciente elaborado sobre una muestra de casi 25 mil niños y adolescentes, hijos de unas 17 mil madres (evaluados durante un periodo mínimo de cinco años): los hijos de aquellas progenitoras que comen sano, hacen ejercicio de forma regular, tienen el peso adecuado, beben con moderación y no fuman tienen un 75% menos de probabilidades de padecer obesidad que los de aquellas mamis que se pasan esos mismos hábitos por el forro.

Y, de la misma forma, también hay una serie de hábitos maternos que favorecen que sus hijos sean propensos a la obesidad o el sobrepeso. «El abandono precoz de la lactancia materna, un bajo nivel cultural de la madre, el abandono de las prácticas culinarias tradicionales y el hacer poco ejercicio físico o deporte. En los países del Sur la mujer hace menos deporte y actividad física», apostilla Serra.

Además de una epidemia, la obesidad infantil es ya un problema de salud pública también. El doctor señala que existe una relación directa entre este mal y la presencia futura de diversas dolencias. «La presencia de obesidad en distintas etapas de la infancia multiplica por dos, y hasta cuatro veces, el riesgo de sufrir obesidad en la vida adulta, y los riesgos de padecer diabetes, enfermedades cardiovasculares, etc. Además, la obesidad representa unos costes sanitarios muy elevados», comenta.

«En la actualidad, hay muchos más casos de diabetes tipo 2 en jóvenes que nunca, lo cual se ha asociado al sobrepeso», añade el psicólogo José Ignacio Baile. «Si una sociedad tiene muchos niños obesos, eso es una predicción de futuras generaciones de adultos obesos, que sufrirán otras enfermedades asociadas». Menos tumboning y más alimentos saludables, pues.

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