Un día en los que la papanauta Myriam estaba especialmente contenta con las ideas propuestas por su ‘socio’ y también papanauta Pablo, escribió a este por Whatsapp: «Estoy encantada con todo». Y ¡pum!, de repente, surgió un palabrismo: «¡Estás encantoda!»». «Nos reímos y vimos que realmente comunicaba un tipo de personalidad o situación: aquellas personas a las que les gusta todo y alegran a los que están a su alrededor. Esa es la semilla de muchas de nuestras ideas».
Confiesan que de sus interminables charlas por Whatsapp surgen muchos de sus juegos de palabras ilustrados: «Un error al escribir, un cambio inesperado del autocorrector, una sucesión de palabras fonéticamente similares… y ¡pum! surge la magia». Este tipo de conversaciones, además, les deja tiempo para pensar en lo que están diciendo. «El apoyo visual de las palabras, emoticonos y demás, también nos ayuda a encontrar cosas que no veríamos de otra forma».
Aunque muchos de sus palabrismos nacen fuera de Whatsapp. «Cada término tiene sus particularidades, pero, en general responden a un patrón: buscamos explorar cómo una modificación mínima en una palabra es capaz de generar nuevos significados relacionados. El lector puede jugar a encontrarlos o generar los suyos propios haciendo uso de sus referencias e imaginación. Esto aporta una capa lírica que convierte a nuestros juegos de palabras en algo diferente y especial». Por eso aseguran que, más allá de ser unas curiosas ocurrencias, los palabrismos pretenden evocar sensaciones más complejas con los mínimos recursos. «Nos gusta estimular la imaginación».
Para crear uno de estos juegos de palabras conviene, aconsejan, «dejar suelto al niño que llevamos dentro. La situación creativa es muy importante. Es esencial sentirte cómodo, relajado, sin prejuicios ni juicios de valor, como al jugar cuando eres un crío. Y buscarlos en cada esquina, claro».
En su caso, juegan con ventaja. «La unión de dos miradas tan distintas como la de Myriam y la mía, y a la ve tan complementarias, nos produjo un estímulo mutuo y constante que tuvimos la necesidad de desarrollar en estas ilustraciones», asegura Pablo.
Mientras que los nanopoemas de Pablo son los referentes de los textos del palabrimos, las ilustraciones de Poupee de son, o lo que es lo mismo, de Myriam, lo son de las imágenes. «Soy aficionado a la poesía breve. Primero fueron haikus, luego micropoemas o poemas de una sola frase y culminé acuñando un nuevo término: la nanopoesía o poesía lo más pequeña posible».
Poupee de son, por su parte, es el proyecto de Myriam. «Surgió de mi amor al dibujo y la crisis de mi profesión. Monté una pequeña fábrica para crear mis propias obras artesanalmente. Después de realizar cientos, me empezó a resultar completamente natural aplicar mi visión y estilo a cualquier escena cotidiana».
Se convirtieron así en papanautas y de su complicidad creativa, además de palabrismos, surgieron muchas más cosas: «Cuentos, vídeos, figuras en 3D, lámparas… ¡incluso escribimos un puñado de canciones para crear un grupo electro-pop! Nos encanta ser patatillas que quieren llegar a la patatilla mientras navegan por universos de papel. Para los papanautas todo puede ser explorado. Lo único que nos exigimos es que la mirada no sea muy cínica o muy oscura».
Además de con una mirada más bien ‘clara’ y poco cínica, los papanautas aconsejan tiempo para disfrutar de los palabrismos ilustrados. Por eso han decidido reunir varios en un libro titulado Exploraciones papanáuticas, que ya ha conseguido toda la financiación necesaria a través de crowdfunding.