Diez horas al día frente a la pantalla trabajando, diez minutos delante del libro para poder dormir en paz. La imagen, casi una caricatura, evidencia la espiral de vida a la que muchos trabajadores se han visto arrastrados en este año y medio de pandemia. Decenas de reuniones digitales, centenares de columnas en hojas cálculo, miles de palabras en procesadores de texto, un sinfín de herramientas informáticas y programas de mensajería como rutina social y laboral abonada a la multitarea. Y el papel como vía de escape para desconectar.
«La pandemia ha sido un acelerador del consumo digital», explica Pepe Cerezo, consultor de medios. Aunque reconoce que es pronto para saber si los cambios serán coyunturales o estructurales sí se atreve a aventurar que es complicado volver atrás. Hay cierto poder sanador, de desintoxicación, al abrigo de las páginas de papel, «pero pensar que esto va a llevar a una reactivación del consumo del papel o del modelo de negocio vinculado al papel tiene poco de realista», sentencia.
En el sector de los medios, a pesar de las resistencias y las inercias, ese veredicto se da por asumido. Baste echar un vistazo a los datos que publicaba Pew Research Center en julio: desde 2008 el número de empleos en prensa impresa, incluyendo periódicos y revistas, se ha desplomado en EEUU. Mientras, va creciendo en medios digitales: antes la diferencia era de diez a uno y ahora no son ni el doble.
En realidad, el formato tradicional ya estaba amenazado mucho antes de la pandemia en todas las industrias culturales, hasta el punto de ir padeciendo los efectos de una competencia que muchas veces ha acabado en sustitución. La televisión tradicional languidece ante las plataformas de streaming en cuanto a ficción y entretenimiento se refiere. La radio se apoya en el podcast como esperanza de futuro. Las discográficas se someten a las plataformas de música para sobrevivir al final del soporte físico. Y ahora, encima, las películas ya no se estrenan en las salas de cine, apenas hay conciertos y ni el deporte se ve en los estadios.
[pullquote]«Una reducción del uso de la tecnología no implica un retorno a formas más analógicas, será simplemente un consumo más selectivo»[/pullquote]
Al menos un tipo de papel ha conseguido imponerse a lo digital de momento: el del libro, arrinconando a e-readers y audiolibros durante años de envite. Pero en el sector de los medios las cifras no dejan lugar a dudas, como señala el Digital News Report del Reuters Institute de la Universidad de Oxford, recientemente publicado. Eduardo Suárez, su responsable de comunicación, es tajante: «El porcentaje de personas que se informó por medio de medios impresos en la última semana se ha desplomado en todos los países del informe. En España hemos pasado del 61% en 2013 al 26% en 2021», explica, mientras que el consumo de información a través del móvil en nuestro país «ha pasado del 35% en 2013 al 78% en 2021». Quizá sea un acelerón coyuntural, pero la tendencia parece estructural.
«Por supuesto, estas cifras no tienen por qué suponer el final de los medios impresos, que pueden sobrevivir para ciertos productos tales como dominicales, revistas o diarios de fin de semana. O para ciertas audiencias, como personas más mayores o que quieran desconectar de sus dispositivos», reconoce. De hecho, cita el ejemplo de The Independent, un diario británico cuya audiencia se desplomó cuando dejó de publicar en papel.
Y es que el papel ya no es rentable ni demandado, pero en la mente de algunos sigue implicando marca. Por eso, aunque no parece tener sentido basar un modelo de negocio en él, sí puede ayudar a dar visibilidad a un producto digital en su impulso inicial. «Ya lo hacen con cierto éxito medios como Tortoise o Revista 5W, que editan cuidados productos en papel con distintas frecuencias y los añaden a una oferta digital de mucha calidad», explica.
Pero sobrevivir no es lo mismo que dominar. «Una cosa es que estemos cansados de las pantallas y otra que se pueda volver al papel», resume Cerezo. Además, indica, ese cansancio «ni es extensivo a todos ni se pueden sacar conclusiones. En lo laboral sí, pero aún no en cuanto a hábitos de consumo», considera.
Una visión similar expresa Sergio Sauce, parte del equipo que gestiona Levanta la Cabeza, una iniciativa de Atresmedia que reflexiona acerca de la necesidad de cierta desconexión digital no contra las pantallas, sino a favor de un consumo saludable. «Una reducción del uso de la tecnología no implica un retorno a formas más analógicas, será simplemente un consumo más selectivo», explica.
[pullquote]Eduardo Suárez vincula la supervivencia del papel en los libros a cierta querencia de los lectores a reservar para ese formato las lecturas largas[/pullquote]
Ese acelerón de la digitalización puede, en todo caso, atenuarse. Pero hay ciertos hábitos que han venido para quedarse. «Hay gente que, a raíz de la pandemia, ha descubierto nuevas formas de comunicarse y ha adquirido nuevas capacidades de las que ahora no van a prescindir», algo que ejemplifica con los mayores haciendo videollamadas a sus familiares o enviando audios de WhatsApp durante el confinamiento.
Esos nuevos conocimientos adquiridos modifican la forma de relacionarse con la tecnología y, una vez rota esa barrera, puede ir ampliándose a nuevas cuestiones, como por ejemplo la forma de informarse. «La evolución siempre marca el comienzo de cosas y el fin de otras», resume.
Suárez vincula la supervivencia del papel en los libros a cierta querencia de los lectores a reservar para ese formato las lecturas largas, aunque apunta también a casos de éxito digitales en ese entorno con The Atlantic, The Economist o The Guardian Weekly, una revista semanal impresa con contenidos procedentes del diario y de internet.
Esas apuestas «invitan a pensar que no es un territorio exclusivo del papel», donde Cerezo sí ve un hábitat para su supervivencia «para cierto tipo de contenido». Habla de «productos muy bien editados, muy cuidados, con un nicho de público más especial, parecido al mundo de la artesanía más delicada… Ahí el papel va a quedarse y puede tener recorrido». Un hábitat, aunque casi anecdótico, para no acabar por extinguirse. Como el vinilo para los melómanos.
[pullquote]Tras siglos entre nosotros, y con un rol incuestionable en la fijación y transmisión de la cultura, el formato impreso ha sido vencido, pero nunca derrotado[/pullquote]
Y justo en esa línea es donde algunos proyectos intentan hacerse un hueco. Es el caso de GoodNews, un concepto de kiosco urbano de estilo nórdico que ha abierto seis puntos de venta en Barcelona y acaba de dar el salto a Madrid. Su propuesta, más allá del diseño algo más moderno que el de los tradicionales kioscos llenos de coleccionables y souvenirs, es ofrecer prensa diaria, revistas selectas y el eterno complemento de la experiencia lectora: café, té o sus encarnaciones más modernas para intentar conectar con el público joven. A saber, «zumo orgánico» o «kombucha».
En esa línea, Sauce ve cierto «romanticismo intelectual» en el apego al formato. «La cultura siempre ha mirado a referencias pasadas, y la propia experiencia de lectura en papel va acompañada de características que satisfacen a aquellos que la consumen», explica añadiendo un ejemplo: «¿Por qué damos un paseo si no vamos andando a ninguna parte en concreto? Solo por la experiencia».
El papel del papel ya no será el principal en los medios, pero al menos sobrevive en la literatura y bajo los exquisitos dedos impregnados en tinta de los melómanos de la impresión. Y así será mientras no llegue un gran apagón. Tras siglos entre nosotros, y con un rol incuestionable en la fijación y transmisión de la cultura, el formato ha sido vencido, pero nunca derrotado. Quizá haya vivido sus últimos días de gloria, pero parece que la última línea aún no ha sido escrita.