¿Qué ocurre cuando, en lugar de exigir a una persona con Alzheimer que recuerde quién era hace cuarenta años, le entregas una imagen de algo que acaba de suceder y le permites observar cómo emerge poco a poco entre sus manos? Esta es la pregunta de la que parte Todavía estoy aquí, un proyecto experimental ideado por la fotógrafa Pilar Silvestre e impulsado por Fujifilm. Una iniciativa que cuestiona los métodos tradicionales de reminiscencia para poner el foco en la inmediatez y el reconocimiento del momento presente.
Para Silvestre, el enfoque habitual centrado en la memoria autobiográfica suele basarse en un error de partida. «El error es empeñarnos en que viajen al pasado. Cuando la enfermedad avanza, forzarles a recordar les hace daño, porque les pedimos usar una parte del cerebro que ya no responde», señala. La fotógrafa explica que insistir con retratos antiguos provoca distorsiones graves cuando llega la hora de la rutina diaria. «La persona se mira al espejo, ve a un anciano que no encaja con las fotos de juventud que le acaban de enseñar y entra en pánico pensando que un extraño la vigila».


Capturar el presente
Frente a este examen constante, la metodología, denominada de forma preliminar InstaMindSync, propone una alternativa sencilla: utilizar un teléfono móvil y una impresora portátil instax™ para capturar el presente y entregar el papel en blanco de inmediato. Es en ese intervalo de revelado progresivo de 90 segundos donde la paciencia y el entorno juegan un papel fundamental.


«El silencio funciona. Al principio se extrañan, porque les das un papel en blanco. Te miran, pero no les dices nada ni das pistas, solo les transmites tranquilidad con la mirada para que baje el estrés», explica la autora. Al sostener la fotografía, la persona observa cómo van apareciendo las primeras manchas y, mediante esa espera física, empieza a relacionar la imagen con la ropa que lleva puesta o los muebles que la rodean. El cerebro, sin presiones ni preguntas, ataca el enigma por sí solo hasta que se produce la magia del reconocimiento: «Ver a personas que no se reconocían frente al espejo mirar la foto recién salida, mirar la ropa que llevan puesta o el mueble de al lado, atar cabos y decir bien alto y con total seguridad: “¡Soy yo!”».
Maria Dolors
Frente a las pantallas digitales, que el cerebro descarta rápidamente por ser un soporte frío, el papel instantáneo combina la vista y el tacto en una experiencia viva. Esta reconexión física se hizo especialmente evidente en el trabajo con Maria Dolors, una mujer en fase muy avanzada atrapada en una estereotipia continua, dándose golpecitos repetitivos en la mano como muestra de un fuerte estrés interno.

Al colocarle la fotografía en las manos y comenzar el revelado, la reacción fue inmediata. «Los golpecitos cesaron de golpe. Sujetó el marco con firmeza con las dos manos, cambió la postura corporal, levantó la cabeza y su rostro pasó a una calma absoluta mientras miraba su imagen», recuerda Silvestre. El soporte físico logró romper la agitación motora para transformarla en puro sosiego, demostrando que los canales emocionales permanecen abiertos incluso en etapas muy avanzadas.

Emociones vivas
Aunque la propuesta ya ha sido presentada ante la red científica Cochrane a la espera de evaluaciones metodológicas, Silvestre mantiene los pies en la tierra sobre el alcance de la iniciativa. «Sería una irresponsabilidad decir que esto cura o revierte la enfermedad. La pérdida de neuronas está ahí y no se pueden vender milagros. Lo que sí sabemos es que las vías de la vista, del tacto y de las emociones siguen vivas».


En última instancia, Todavía estoy aquí propone un cambio profundo en la manera en que familiares y cuidadores miran a las personas con Alzheimer, invitando a dejar de lado la frustración del «¿Te acuerdas de mí?» para aprender a compartir el presente. Como concluye la propia autora, «en gerontología, se habla de ‘discapacidad excesiva’ cuando a alguien, por no tener memoria, se le da por perdido para todo lo demás y se le aparta. Todavía estoy aquí demuestra que, aunque la memoria de datos esté fallando, los sentidos y las emociones siguen intactos».