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Pita: una nueva moneda social alternativa para promover la economía real

La economía ni empieza ni acaba en el euro. Tampoco en el dólar. Ni el yen. En una época en la que el sistema financiero oficial reside en el más absoluto descrédito, muchas personas se interesan por otros sistemas de intercambio. El Banco del tiempo, por ejemplo. O las monedas sociales complementarias.

En un municipio almeriense llamado Rioja utilizan ambos sistemas. Estas monedas forman parte del proyecto piloto Tredar, una iniciativa de la Federación Agroalimentaria de CCOO (subvencionada por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Rural y Marino con fondos FEADER) e implementada por la Asociación Trotamundos Animado.

En Rioja empezaron con el Banco del tiempo como mercado alternativo. Hace más de medio año las personas adscritas al grupo de intercambio del Bajo Andarax comenzaron a intercambiar servicios sin dinero oficial por medio. La nueva unidad de cambio eran los cheques por valor de una hora de trabajo.

“Es una moneda muy popular para el intercambio de servicios. Se basa en la confianza y en la proximidad. Todas las profesiones tienen el mismo valor. Es un sistema de intercambio horizontal en el que se comercializa con lo que cada persona sabe hacer. La hora de trabajo de un médico vale igual que la de un mecánico”, explica Paco García Martínez, secretario de la Asociación Trotamundos Animados.

El Banco del tiempo se utiliza en muchas poblaciones de España. En el norte de Madrid, por ejemplo, el tiempo se mide en una moneda llamada mora (Moneda’hORA). En este sistema, el alquiler también es horizontal. El precio de una hora de uso de una bici es igual al de una estancia en un castillo. Lo que importa es que los individuos puedan intercambiar sus propiedades.

“Nosotros la utilizamos en Rioja como transición a la moneda social complementaria”, especifica el secretario. Esa moneda social complementaria nació hace algo más de un mes y se llama Pita (una planta típica de Almería). “El grupo de intercambio decidimos en asamblea que una pita sería igual a un euro (en moneda convencional) y a seis minutos (en Banco del tiempo)”.

El pasado 21 de octubre se puso en circulación esta monea en la I Feria de la Pita. La Federación Agroalimentaria organizó un mercadillo, en Rioja, en el que se podían comprar productos con la nueva moneda física. Un “cajero humano” cambiaba tiempo o euros por pitas a los miembros adscritos al programa y durante ese día podían comprar con la moneda social alternativa en los 27 puestos del mercado. Las personas que no formaban parte de este colectivo cambiaban un euro por una pita.

“Yo vendía platos de migas. El precio era de 2 pitas y 50 céntimos de euro. En este caso combinaba las dos monedas porque con el euro se paga la materia prima. La harina, las aceitunas… Si no hay materia prima en los productos que se venden, como la ropa usada, la compraventa se realiza solo con pitas”, indica Paco García Martínez.

“Decidimos hacer este mercado para que las personas vean el funcionamiento real de la moneda social alternativa y para fomentar las relaciones entre los habitantes del pueblo”, añade el secretario.

Estos mercados alternativos tienen como finalidad impulsar la economía local y, sobre todo, “promover la economía real y evitar la especulación”, apunta García Martínez. “Es un sistema de balance cero. Nadie puede tener un superávit mayor de 200 pitas ni un déficit superior a 100 pitas. Esto es lo que hemos establecido nosotros por consenso en asamblea, pero cada población puede determinar sus límites”.

“En este sistema existe la oxidación de la moneda (si en tres meses no la utilizas, pierde un 10% de su valor) y la obsolescencia de la moneda (si en un año no la has usado, la pierdes)”, comenta. “Estas medidas favorecen que se produzca actividad económica real. Se genera moneda cuando se genera actividad«.

“En mi caso, por ejemplo, hice 71 pitas de la venta de migas en el mercadillo. Las devolví al cajero humano y ahora tengo 7 horas. Las puedo cambiar por el trabajo de un electricista, un masaje, una clase… Esa información pasa a un sistema informático. Todos tenemos ahí nuestra cuenta y un balance de las transacciones que hacemos”, indica García Martínez.

La moneda física funciona únicamente por un día. La hora del cierre del mercado marca el fin de la validez de la pita impresa en papel. El “cajero humano” recoge las monedas y ajusta las cuentas de cada uno en su cartilla. En el siguiente mercado se imprimirá una moneda con una estética distinta para que los individuos no puedan acumular las de ediciones anteriores. La finalidad es que, en vez de acumular, muevan el dinero y el intercambio de bienes y servicios.

Este modelo económico está concebido para economías locales de tamaño reducido. “No es recomendable para más de mil personas”, apunta el secretario de Trotamundos Animado.

La próxima feria de la Pita se celebrará el 18 de noviembre en otra localidad almeriense.

Huertos sociales
El proyecto piloto Tredar comenzó con el cultivo de huertos ecológicos. La Asociación Trotamundos Animado gestiona 22 en Rioja (Almería) y 22 en Mazarrón (Murcia). Uno por cada familia adscrita al programa. “El huerto tiene 50 metros cuadrados. Está pensado para el autoabastecimiento y autoempleo de una sola familia”, explica García Martínez. “El ayuntamiento cede el terreno y el agua. Nosotros damos el curso de huerto”.

El huerto familiar es la primera fase del proyecto Tredar. Pero algunas familias o “hortelanos aventajados”, como los llama García Martínez, “sacan más excedente”. En ese caso el ayuntamiento les cede más terreno y reciben la tutela de la asociación para que puedan empezar a comercializar esas frutas y verduras.

“Es un aula de experimentación y equivocación”, explica el secretario. “Y el balance hasta ahora ha sido muy positivo. Hay muchos pueblos vecinos que se han interesado por el proyecto”.

Foto: OrtegaAnt en Flickr bajo licencia CC.


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