Andaban Boa Mistura trabajando en La fábrica de pepinos, su estudio diseño, cuando se toparon con estos versos de Pablo Neruda:
Primavera (…),
dame por hoy el sueño de las hojas nocturnas,
la noche en que se encuentran
los muertos, los metales, las raíces,
y tantas primaveras extinguidas
que despiertan en cada primavera
Como el nerudeo y la primavera tienden a contonearse unidos entre subidones de amor, rayos de sol al atardecer y picor estomacal de mariposas, la portada de la revista de abril de Yorokobu les salió sola. «Las flores estallan llenas de vida, los colores nos enloquecen, sube la temperatura, la sangre se nos altera y los bares sacan sus mesas a la calle para que refresquemos nuestros gaznates en buena compañía», pensaron.
Porque a ver si crees que es casualidad que el ánimo general encuentre nuevos bríos ahora que el sol se vuelve azul. Porque a ver si crees que es casualidad que ahora sí, y no en otoño o invierno, el pueblo llano disfrute hablando del tiempo y del «día tan bueno que se ha quedado, Gertrudis». Porque a ver si crees que es casualidad que en La fábrica de pepinos hayan sacado las tijeras, el pegamento y los papeles de colores con inusitado entusiasmo para componer un canto a la primavera que habría hecho al mismo Vivaldi palidecer en calzones.
«El proceso de trabajo ha sido totalmente artesanal», relatan. «Nos gusta mucho trabajar con las manos, mancharnos y quedarnos pegados al papel. Todo empieza con unas líneas de lápiz sobre un folio. Luego pasamos a darles forma y volumen mediante tijeras, pegamento y cartulinas. Cuando ya tenemos la pieza completa pasamos a meter el color, con acrílicos, rotuladores y esprays. Finalmente le hacemos una foto, muy sencilla, con prácticamente nada de retoque. Todo lo que hay sobre la portada es real y está construido».
Y, oye, que si tanta hemorragia de buen rollo te da asco, siempre te queda la alergia al polen, los resfriados que vas a agarrar a causa de los bruscos cambios de tiempo y esa incertidumbre que brinda la incapacidad de acertar si uno se echa encima la ropa de abrigo o no. Que si es chungo estar amargado, más chungo es que se te imponga ser feliz sólo porque asoma un rayo de sol.