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Proemas: eso que hoy no sabes cómo decir lo escribió hace siglos otra persona

«Me han despedido y siento que he fracasado». Martí Muñoz escribió una frase parecida para probar PROEMAS, la herramienta que ha creado para encontrar poemas a partir de lo que nos preocupa. El sistema le propuso leer A un olmo seco, de Antonio Machado.

¿Qué tenía que ver aquel árbol con un despido? La conexión estaba en la pérdida, la incertidumbre y la posibilidad de volver a empezar. El poema describe un olmo deteriorado al que todavía le brota una rama verde. Para Muñoz, esa imagen resumía lo que buscaba con el proyecto: «No responde al problema ni intenta solucionarlo, pero ofrece una imagen desde la que mirarlo de otra manera».

Esa posibilidad de encontrar palabras propias en las de otro es el punto de partida de PROEMAS, un proyecto digital que conecta poesía, diseño y tecnología. Su archivo reúne más de 500 poemas de la literatura en español. Para entrar, basta con escribir algo que nos esté pasando.

«Muchas veces no sabemos expresar lo que sentimos, pero para eso ya hay alguien que lo hizo hace tiempo», explica Muñoz. Le interesaba explorar una forma de acercarse a la poesía que empezara por una experiencia personal. El autor, la época y la corriente literaria vendrían después. Primero, una ruptura, una duda o ese pensamiento que cuesta quitarse de encima.

«No empezar por “quiero leer a Bécquer”, sino por “me han roto el corazón”, “siento que todo el mundo avanza menos yo” o “tengo miedo de haberme equivocado”».

Una preocupación busca poema

Para establecer esas conexiones, el sistema intenta reconocer qué hay detrás de lo que escribe el usuario. Una búsqueda sobre un despido, por ejemplo, puede contener miedo al futuro, una sensación de fracaso o una pérdida de rumbo. Ninguna de esas emociones necesita que la palabra «trabajo» aparezca en el poema.

Según explica Muñoz, la herramienta convierte tanto la preocupación como los poemas en representaciones de su significado y compara su proximidad emocional. Después valora varios candidatos atendiendo a sus temas, su contexto y el sentido general del texto.

El propósito es que quien lo lea encuentre algo en lo que reconocerse. Muñoz aclara que la herramienta no pretende ofrecer un diagnóstico ni resolver la situación que ha llevado al usuario hasta ella. La conexión con el poema puede proporcionar otra perspectiva, como ocurrió con el olmo de Machado.

La inteligencia artificial también ha intervenido en la construcción del archivo. Muñoz la ha utilizado para separar los poemas de sus ediciones originales, normalizar los textos e identificar temas, emociones y contextos comunes. Después, cuenta, ha revisado y organizado individualmente los contenidos antes de incorporarlos al buscador.

Los poemas proceden principalmente de obras de dominio público disponibles en Wikisource y Project Gutenberg. Para contrastar títulos, autorías, fechas y versiones, ha consultado también la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y Wikidata. La selección abarca desde el Siglo de Oro hasta comienzos del siglo XX e incluye autores de España y Latinoamérica.

Además de la fiabilidad de las fuentes y la situación de los derechos de autor, ha tenido en cuenta la capacidad de cada texto para conversar con emociones que seguimos experimentando.

Lo que cambia y lo que permanece

«Cambian mucho las circunstancias y el vocabulario, pero bastante menos lo que sentimos», dice Muñoz. Las redes sociales, por ejemplo, proporcionan un escenario particular para compararnos con los demás. La comparación, la inseguridad o la impresión de haberse quedado atrás tienen una historia mucho más larga.

«Creo que ahí está lo interesante del proyecto: comprobar que una experiencia aparentemente muy contemporánea puede encontrar eco en unas palabras escritas hace siglos».

En el origen de PROEMAS también está su percepción de que la poesía había quedado en un segundo plano entre las nuevas generaciones. Quería recuperar esos textos y facilitar un encuentro con ellos fuera de los recorridos habituales. Que alguien llegara con una preocupación de hoy y descubriera una voz a la que quizá nunca se habría acercado por su cuenta.

El ejemplo de Machado condensa esa intención. Quien escribe que ha perdido su empleo no recibe instrucciones para recuperarlo. Encuentra un poema, un árbol y una rama verde. La lectura empieza en ese punto: en lo que esa imagen pueda decirle.

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