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Sexo Geek y autismo: cuando todas quieren tener un hijo de Zuckerberg

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, fue recibido en la Mobile World Congress de Barcelona como si fuera una estrella de Hollywood. El tipo no es especialmente guapo, ni viste bien. Es tímido y retraído. Pero es multimillonario y tiene legiones de fans. En Estados Unidos, se emite con gran éxito la serie de televisión The Big Bang Theory y la última novedad es una serie de la HBO protagonizada exclusivamente por geeks y ambientada en Silicon Valley.
Silicon Valley es una suerte de microcosmos en el que conviven informáticos y expertos en tecnología llegados de todos los rincones del mundo. Muchos de ellos apenas abandonan la zona, que está provista de tiendas, restaurantes y otros servicios específicamente diseñados para cubrir las necesidades geeks de la mayoría de usuarios. De hecho, uno de los argumentos que esgrimen los defensores de la neurodiversidad (y de no suprimir determinados trastornos mentales a fin de aprovecharnos de sus virtudes) considera que los que sufren síndrome de Asperger no deberían tanto luchar por ser normales como mudarse a lugares como Silicon Valley, donde mucha gente recompensará esa falta de habilidad social y de miopía empática que lleva aparejada un gran habilidad con los números y el pensamiento sistemático.
Y no son las únicas destrezas sobrenaturales que poseen los Asperger. Por ejemplo, quien describió por primera vez esta patología, Hans Asperger, advirtió que sus jóvenes pacientes de solo trece años de edad podían mostrar obsesiones en temas específicos como la astronomía, la construcción de maquetas o los ordenadores, conduciéndose con la misma profesionalidad que un docente universitario.
Tales argumentos utilitaristas pueden resultar aberrantes. Además, condenar al ostracismo a los que sufren determinados trastornos mentales no denota precisamente que los consideremos personas sanas. Sin embargo, Steve Jobs o Bill Gates sugieren que las fronteras de Silicon Valley se están derribando. Progresivamente, los geeks que allí se refugian de una multiforme sociedad de tics sociales demasiado ambiguos están llamando la atención de todo el mundo, están ganando más dinero que nunca, están copando los medios de comunicación de masas.
Como ha señalado David Brooks en su libro El animal social, de hecho los niños populares o incluso normales están sometidos desde el principio a fábulas como la del patito feo (con la que no se identifica), películas Disney que, cada vez más, sugieren que la verdadera belleza está en el interior, al trato de favor que los más inteligentes reciben del profesorado. Hasta el punto de que los más populares y apuestos cuentan con menos modelos de rol, «mientras que los gansos pueden emular a innumerables magnates modernos, desde Bill Gates hasta Sergey Brin, pues, como ha sido escrito, los últimos serán los primeros».
Los geeks, incluso, están ligando. Proliferan sitios web creados para mujeres que buscan un novio geek, como Geek2Geek, Sweet on Geeks o NerdPassions. Las gafas de pasta se consolidan. Este cambio en los gustos de las mujeres resulta natural si tenemos en cuenta que, cada vez más, nuestro mundo está dominado por las nuevas tecnologías, desde internet o el smartphone, hasta las impresoras 3D o los videojuegos. Detrás de toda esa industria de entretenimiento y, también, de objetos que ya consideramos imprescindibles para la vida cotidiana, están los típicos empollones, raritos, nerds, geeks que, otrora, nunca llamaron la atención del género femenino. Por primera vez, todas esas aficiones de loosers son las que proporcionan más dinero, visibilidad y reputación. Lo que se traduce en mayor actividad sexual geek que, a su vez, desencadena mayor número de embarazos.

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Kobby Dagan / Shutterstock.com

CADA VEZ HAY MÁS AUTISTAS
En la mayoría de países del mundo, se ha detectado un desorbitado y desconcertante crecimiento de casos de autismo. En solo los últimos treinta años, el autismo se ha multiplicado por 10: de 4 de cada 10.000 niños en los años 1970 a 40 de cada 10.000 actualmente en Estados Unidos. Este incremento en la incidencia del autismo ha sido referido por estudios epidemiológicos de Hertz-Picciotto y Delwiche en Epidemiology y Judith K. Grether y otros en Journal of Autism and Developmental Disorders.
Parte de este incremento de autismo, naturalmente, debe achacarse a las mejoras en el diagnóstico y a la postura de la medicina, pero el crecimiento es tan desaforado que suscita toda clase de teorías controvertidas. Por ejemplo, algunos investigadores sostienen que el aumento de autismo se debe al uso de fármacos antiepilépticos, a la talidomida y al sarampión en las madres en los prolegómenos del embarazo. También se ha observado un riesgo más alto de autismo entre niños cuyas madres tomaron antidepresivos como Prozac o Zoloft durante el año anterior del parto, como sugieren Lisa Croen y otros en Archives of General Psychiatry.
En 1998, la revista The Lancet publicó un estudio británico liderado por el cirujano gastroenterólogo Andrew Wakefield que hacía hincapié en el papel desencadenador de la vacunación, en particular la triple vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola, aunque el artículo fue desacreditado más tarde. Otros estudios apuntan a un aumento de la edad de concepción en padres y abuelos, como sugiere Colin D. Steer y otros en PLOS One.
A estas teorías, más o menos aventuradas, se ha sumado la del efecto geek que está sufriendo la sociedad del espectáculo y el éxito financiero creciente en campos como la informática, la electrónica o la biotecnología. Tal y como abunda el genetista Tim Spector en su libro Post Darwin:

Esta teoría vendría a sugerir que, mientras que en el pasado estos hombres habrían sido monjes, sentados en taburetes de madera, copiando en soledad textos latinos con una asombrosa caligrafía, ahora se han reincorporado a la reserva genética. Estas uniones tienen más probabilidad de generar hombres con un alto CI, un cerebro con una orientación ultramasculina y riesgo de TEA.

La teoría geek no es la más plausible, solo es una de tantas. Incluso existen algunos escépticos que ni siquiera están plenamente convencidos de que se haya producido un incremento real de casos de autismo. Sea como fuere, la nueva serie de la HBO Silicon Valley demuestra no solo que los geeks están en alza, sino que son más inteligentes y exitosos que todos nosotros, tal y como uno de sus personajes nos recuerda: «Que todos esos ceros y unos vayan directamente a tu mierdecilla de teléfono inteligente y que cualquier gilipollas que se caga en los pantalones sea capaz de suscribirse en 12 segundos no es ‘magia’, es sudor y talento». Y también de esperma, si verdaderamente hay cada vez más autistas de resultas del pujante estatus geek.
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DIOS LOS CRÍA, ELLOS SE JUNTAN
Otro factor coadyuvante del éxito genético de los autistas es que Internet en general y las redes sociales en particular permiten que la gente con los mismos intereses y gustos conecte más fácilmente que en cualquier otro momento de la historia. Hace años, un geek podía soñar con trabajar en Silicon Valley o estudiar en Cambridge a fin de codearse con chicas como él. Zuckerberg no solo ha conseguido convertirse en una estrella del rock, sino que su creación, Facebook, nos ha permitido conectar con otros en virtud de ideas, intereses y necesidades a expensas de etiquetas o fronteras establecidas por otros, tal y como explica Jeff Jarvis en su libro Partes públicas; y así no solo conectan entre sí los geeks, sino los «supervivientes del cáncer, defensores de las libertades civiles, revolucionarios, seguidores de Grateful Dead, vegetarianos…»
De hecho, el fenómeno de la globalización es una ilusión si la contemplamos bajo el prisma de las redes sociales, según el análisis de Evgeny Morozov en su libro El desengaño de Internet: al conectar más fácilmente con personas que sintonizan con nuestras ideas o carácter, saltándonos las barreras espaciotemporales de antaño, «los tuits no disolverán todas nuestras diferencias nacionales, culturales y religiosas. Es posible que las acentúen».
Es decir, que la influencia de los Asperger también podría transmitirse hacia la población vía memes (a través de la cultura), en vez de vía genes (mayoría de embarazos). Es lo que sostiene Norman N. Holland en un estudio publicado en Psychology Today: un personaje socialmente inepto como Zuckerberg crea una herramienta que le procura millones de amigos, aunque en su vida real mantiene una relación ortopédica con la demás personas que le ayudan a desarrollar dicha herramienta.
Zuckerberg es un genio en algunos aspectos, pero para ello paga un tributo en forma de falta de inteligencia emocional, tal y como observamos en personajes autistas populares como el protagonista de Rain Man o el de la novela de Mark Haddon El curioso incidente del perro a medianoche. Holland se pregunta, entonces, si el uso de las herramientas online que desarrollan algunos Aspergers está atrofiando nuestras habilidades sociales reales.
En ese sentido, ¿puede ser ‘contagiosa’ la conducta de un Asperger? Tal vez. Después de todo, las conquistas más sutiles, y también las más eficaces, no son las que se llevan a cabo a través de las armas. Son las que desembarcan a través de lo cool, los memes y los genes. Como Mark Zuckerberg llegando del cielo con la banda sonora de AC/DC de fondo, Tony Stark Style.

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