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Si no produces, no estás curado: la trampa de la salud mental

salud mental

Cuando entras en la sala de terapia, hay una pregunta que flota antes incluso de que te sientes: ¿cuándo estarás preparada para volver a trabajar? Esperabas consuelo, comprensión, que se pusieran en tu piel. Pero lo que recibes es un jarro de agua fría.

Recuperación. Nos taladran con esta idea, pero no nos mencionan su verdadero matiz: ser de nuevo fuerza de trabajo, ser útil para el sistema. Piezas en el engranaje para que todo gire en la misma dirección. Y cuando no eres capaz de trabajar, estás enfermo.

Pero la enfermedad en salud mental es una concepción muy amplia. Puedes seguir siendo útil para el sistema padeciendo una enfermedad, y puedes no serlo y solo tener un episodio de algo aislado. Fenómenos provocados por la propia vida y la incapacidad del sistema de trabajo para tolerar la naturaleza humana.

Hay personas que padecen trastornos mentales y pueden trabajar con naturalidad; sin embargo, otras no son capaces de mantener una vida estable. Haciendo hincapié en los problemas de salud mental no episódicos, sino hablando de alguna dolencia considerada permanente, el viaje hacia la recuperación toma un tono bastante funcionalista. Al estilo Another Brick In The Wall, de Pink Floyd, no somos más que eso, otro ladrillo en el muro.

Porque lo que preocupa al sistema y para lo que están preparadas las salas de terapia es para mejorar al paciente en cuanto a su capacidad de estar y vivir en sociedad; producir.

De hecho, si no lo haces, ¿acaso eres un elemento útil? Ni tú mismo te considerarías así, el alto individualismo y su mentalidad solo nos permite autorrealización en el rendimiento. En palabras del filósofo Byung-Chul Han, «quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal».

Hay personas que no son capaces de elegir la vida y, aun así, están obligadas a ejercer un trabajo; de lo contrario, perecerán. En un sentido crítico, se quedarían sin recursos, sin lo más básico: sin hogar, sin alimento. Así que se encuentran entre la vida y la muerte, por su propia enfermedad y también por el propio sistema que interviene en la tesitura.

El problema de raíz resulta, entonces, en nuestra realidad más estructural que individual, aunque todo lo atañen a lo psicológico y propio del sujeto.

Y quizá la pregunta no debería ser cuándo vas a volver a trabajar, sino qué tipo de vida permite que alguien tenga que curarse para poder soportarla.

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