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La gran mentira: no hay orgasmo de clítoris y de vagina

Sigmund Freud, pese a ser un hombre, marcó durante mucho tiempo las pautas del orgasmo femenino. Su idea era clara: el orgasmo que se obtiene por estimulación vaginal era superior al que se obtenía por la estimulación del clítoris.

Desde entonces han corrido ríos de tinta respecto a la idea del «orgasmo vaginal» y el «orgasmo clitoriano», como si fueran dos bandos contrarios en los que tenía que situarse cada mujer.  Pero ¿y si resulta que esta dicotomía no es el resumen de todo el placer femenino?

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La marca de productos eróticos BijouxIndiscrets ha vuelto a abrir el debate sobre los falsos mitos del orgasmo femenino en la presentación de las conclusiones extraídas de su Librería de orgasmos.

Se trata de una campaña online que ha recibido 1.619.000 visitas. En ella, distintas mujeres graban y comparten anónimamente el sonido de su orgasmo real. El objetivo de la acción es que sean ellas mismas quienes den su visión del clímax y dejar de lado ficciones como el porno, la literatura o el cine romántico.

El proyecto cuenta ya con 750 orgasmos reales de mujeres que proceden de 51 países diferentes. Algunos de ellos conocidos por su cultura represora de la sexualidad femenina como India, China, Arabia Saudí o Pakistán y otros más liberados como Corea del Sur o los países occidentales.

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Al oído le acompaña la imagen. Pero no se trata de vídeos explícitos, sino de representaciones visuales de esos sonidos conseguidas gracias a la tecnología data-art. De esta manera, se hace aún más evidente la diversidad del placer femenino.

El orgasmo según las propias mujeres

La idea no era solo coleccionar orgasmos, sino también que las mujeres pudieran explicar cómo habían alcanzado ese clímax para conocer de primera mano datos sobre el placer femenino.

Así, el 74% de los orgasmos se alcanzaron con la estimulación del clítoris, el 27% con el punto G, el 19% con estimulación de los pechos y un 4% jugando con las piernas. ¿Cómo? Utilizando las manos, 22%, un vibrador, 20% o mediante la penetración, 15%.

La mayoría de los orgasmos de la librería se alcanzaron en soledad (42%) pero también hubo parejas (18%) y algunos tríos (1,1%). El 13% se grabaron en la cama, un 4,4% en el sofá, el 1,5% en el suelo o  en la cocina (1,1%), así hasta alcanzar una larga lista de lugares que incluye el trabajo (1,9%) o un coche (1,2%).

En su mayoría, las mujeres llegaron al orgasmo en soledad mediante la estimulación del clítoris usando la mano o un vibrador. Pero se ha podido comprobar que otras llegaron al clímax tan solo estimulando sus pechos y jugando con sus piernas.

A este respecto, la sexóloga Ana Lombardía, que ha colaborado en este estudio, explica que «es cierto que a la mayoría consiguen el orgasmo mediante la estimulación del clítoris, pero es porque no han aprendido a disfrutar de otra manera».

«El orgasmo es un reflejo y, como tal, se aprende la forma de provocarlo. La mayoría de mujeres aprenden, en un momento de su vida, a desencadenarlo mediante la estimulación del clítoris, pero también se puede alcanzar de otras formas».

Entonces, ¿no solo hay orgasmo de clítoris y de vagina, sino que también lo hay de pechos, de besos o de estimulación anal? La experta aclara que no se trata de ampliar la dicotomía entre orgasmo clitoriano y vaginal, sino de entender por fin que  «el orgasmo es uno».

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Por tanto, la idea es que «no hay distintos tipos de orgasmo, sino distintas formas de desencadenarlos. Todos se generan como un reflejo en la parte baja de la médula espinal, independientemente de si los hemos desencadenado estimulando unas partes del cuerpo u otras. Incluso, se pueden conseguir únicamente con la estimulación de la mente».

La diversidad de la unión entre cuerpo y mente

Esto no es solo una conclusión basada en la sexología y casi en la lógica. También la investigación científica explica que el orgasmo, fisiológicamente, es un único fenómeno, y que de hecho esta parte de la respuesta sexual humana no es tan diferente entre hombres y mujeres.

Uno de los investigadores más volcados en el estudio del orgasmo es Barry Komisaruk, de la Universidad Rutgers en New Jersey, Estados Unidos, cuya investigación se basa en estudiar el orgasmo mediante imágenes por resonancia magnética funcional.

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Esta investigación le llevó a afirmar que tanto en hombres como en mujeres «lo que vemos es una activación generalizada del cerebro. Básicamente, todos los sistemas entran a funcionar». Independientemente de cuál haya sido la estimulación elegida.

Sin embargo, parece que las diferencias entre un orgasmo y otro no están tanto en la reacción física, sino en la vivencia subjetiva, es decir, en el factor psicológico. De hecho, en la muestra de la librería de orgasmos de Bijoux, las mujeres no solo explicaban cómo habían conseguido el orgasmo, sino que lo vinculaban a emociones como éxtasis, impulsividad o estremecedor.

«Sin duda el factor psicológico tiene muchísima influencia», apunta Elsa Viegas, fundadora de BijouxIndiscrets. «No es lo mismo estar relajada y a gusto que estar estresada y preocupada por algo. Somos seres complejos y nuestro estado ánimo afecta mucho a nuestro cuerpo, tanto para bien como para mal. Es muy importante que conozcamos nuestro cuerpo, que sepamos lo que nos gusta mediante la autoexploración y aprendamos a dedicarle tiempo».

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La conclusión que obtienen desde Bijoux es que si bien los orgasmos no se diferencian según la parte anatómica que hemos elegido estimular, sí que lo hacen según cómo ha sentido esa vivencia cada mujer.

«Nos parece fundamental mostrar que el orgasmo femenino es muy diverso. Que no todas gritamos, no todas somos silenciosas y, sobre todo, que no hay un estándar en lo que respecta al placer. Al final, parece que nos hemos olvidado de sentir y nos centramos más en actuar y replicar lo que vemos».

Ana Lombardía agrega: «Cada orgasmo es distinto, y vamos a vivirlo de distinta manera cada vez que tengamos uno. Incluso un orgasmo, desencadenado con la estimulación del clítoris, podemos vivirlo y sentirlo de una manera un día, y al día siguiente de otra distinta».

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