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Una moneda para un mundo distópico

Dicen que 1984 inmortalizó a George Orwell pero mató a Eric Arthur Blair, el hombre que se escondía tras el pseudónimo. Esta obra, cuyo título provisional era El último hombre de Europa, cierra la trilogía de La revolución traicionada, compuesta además por Homenaje a Cataluña y Rebelión en la granja; y las presiones de su editor, David Astor, que mandó al escritor a una remota y fría granja escocesa para que acabará su gran libro, contribuyeron a su muerte por tuberculosis seis meses después de la publicación.

Pero orwelliano es un término reconocido en todo el mundo, como el doblepensar, neolengua, crimental, ministerio del amor y, por supuesto, el Gran Hermano. Aunque se hayan corrompido con el tiempo y algunos programas de televisión, los conceptos contenidos en su sátira forman parte del imaginario colectivo. Tanto que el diseñador Enrique Raimúndez quiso hacer un proyecto que se distinguiera del resto, pensó que lo mejor era crear el Goote, una moneda para realidades distópicas.

The Goote Project es un proyecto de diseño gráfico con carácter experimental y de investigación”, aclara el autor desde el principio, “con el objetivo de desarrollar el concepto, gráfica y funcionalidad de la moneda oficial de un Estado irreal enmarcado en contexto de dos novelas distópicas: Мы, de Yevgueni Zamyatin, y 1984”. Mientras que de la primera, un texto de 1921 sobre una clase dirigente que oprime y reprime a todas las demás mediante la policía secreta, toma “las referencias estéticas -muy influenciadas por el Constructivismo-, los nombres de los personajes, conductas sociales, arquitectura, estética formal y concepto de estado”, de la segunda asume “el nombre del Estado y sus instituciones, localización, métodos de control y lenguaje”.

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Como ninguna pieza gráfica dispone de la “capacidad histórica, representativa y ‘pregnante’ y de valor tanto intrínseco como artístico” como la moneda, además de “estar compuesta por unos elementos gráficos imprescindibles en la mayoría de las sociedades”, Raimundez tuvo que hacer un recorrido histórico por el dinero. Desde los inicios del trueque hasta el último billete de cinco euros, pasando por la moneda voladora de la Dinastía Tang o los prematuros papeles moneda de la revolución francesa o de los entonces flamantemente emancipados EE UU.

Finalmente, el Goote se convirtió en la moneda de la Oceanía de Orwell en el año 2036. Como este Estado controla los recursos, los Gootes se pueden cambiar por bienes y servicios según el departamento a cuyo nombre remitan, todo coordinado por el Ministerio de la Abundancia. El Routeport, por ejemplo, se usa para movilidad territorial; el Safestrong para seguridad y material doméstico; el Infoknow, información y formación; el Homeostasis, alimentación; y el Restsonal, relaciones íntimas.

Todos, por supuesto, con sus correspondientes medidas de seguridad como “los elementos de anverso y reverso, formando nuevos elementos”; “la codificación de tramas, incluida en la tipografía de la denominación; el número de control, que debe cumplir un algoritmo de comprobación similar a la fórmula de Luhn” y un segundo nivel de información en la denominación, impreso con tinta solo visible bajo luz ultravioleta.

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Estas fueron, desde el principio, el mayor problema: “Conseguir implementar medidas de seguridad y que fueran fieles al concepto”. Tras mucho buscar, logró encontrar un provedor que trabaja con tintas fluorescentes bajo luz ultravioleta. Luego consiguió un papel de alta calidad, ya que obviamente “el papel moneda está restringido”, con el que a base de muchas pruebas pudo imitar los billetes reales. “Creo no equivorcarme”, explica, “que el billete (el de curso legal) es el documento o producto gráfico más sofisticado, de más calidad y que mayor complejidad técnica requiere para producirse”.

El trabajo de Raimúndez puede adquirirse por Internet. Por 23 euros del mundo real, el comprador se lleva los cinco billetes del mundo orwelliano. Las existencias están limitadas a que se acabe la pequeña tirada que hizo. “Tengo todavía pendiente promocionar el proyecto en espacios dedicados a las novelas en las que se basa o de temática distópica en general”, confiesa, “creo que es un público al que le interesará”.

Los billetes vienen en un sobre traslúcido de dos capas diseñado para protegerlos. Ya que hemos pasado 1984, quizá aguanten hasta que Oceanía se haga con el poder en 2036.

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