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La vuelta al mundo con una caja de acuarelas

Hay muchas formas de visitar ciudades, pero la diseñadora Alicia Aradilla las resume en dos: como turista o como viajero. Ella prefiere la segunda, y ha desarrollado de ella una peculiar versión. Recorre los rincones de distintos países con una caja de acuarelas en la mochila, deteniéndose durante un buen rato a retratar paisajes en su cuaderno. «Cuando te sientas durante una hora en un mismo lugar ves realmente cómo es la vida en él. Tienes tiempo para contemplar lo cotidiano del país, el día a día de las personas que viven allí. Es muy diferente al gesto de hacer una foto y marcharte», defiende.[pullquote]Es muy diferente al gesto de hacer una foto y marcharte[/pullquote]

Su proyecto la entusiasma por dos motivos. El primero, lo que vive mientras está allí dibujando. «La gente interactúa contigo, se acerca, te pregunta, te cuenta…». Recuerda, por ejemplo, anécdotas de niños que se le acercan: «con ellos me lo paso bomba». Algunas personas le hacen preguntas y hablan con ella, los más tímidos «simplemente sacan una foto y se mantienen lejos mirando el proceso».

Muchos le dan las gracias. «Hay edificios que pasan completamente desapercibidos por no tener un nombre dentro de la guía de viaje pero que son bellos y tienen algo especial. Hay personas que crean lazos emocionales con estos ‘lugares anónimos’ y aprecian mucho que alguien se fije en ellos». Un octogenario monje budista de Myanmar le dijo que era la primera vez en su vida que veía a una mujer dibujar. Todas estas interacciones enriquecen su viaje.

El segundo motivo es que, cuando vuelve a casa, las acuarelas le sirven para sostener sus recuerdos. «Cada acuarela es un fragmento de tiempo acotado en el papel, al mirar cada dibujo te acuerdas de la conversación que tuviste ese día, del niño que te miraba fijamente mientras mezclabas los colores. Para mí es un flashback comparable al que transmiten ciertos perfumes u olores».

Así, pues, su proyecto tiene una utilidad práctica: le ayuda a recordar mejor el viaje o a captar una parte diferente de la que se conserva en una fotografía. «No me propongo dibujar la esencia del lugar, más bien es esa esencia la que impregna mis dibujos. Quiero pensar que quien ve el dibujo puede percibir algo más que líneas y colores».[pullquote]Cada acuarela es un fragmento de tiempo acotado en el papel […]. Para mí es un flashback comparable al que transmiten ciertos perfumes u olores[/pullquote]

Su cuaderno está salpicado también de palabras que se entrelazan con esos dibujos. «Muchas veces se trata de información sobre el lugar, otras tan solo impresiones o pensamientos. Hablo también de la gente, de los colores… Una especie de diario de viaje que complementa cada ilustración». Considera que tener todas sus experiencias inmortalizadas en papel es el mejor souvenir que puede llevarse de vuelta a casa.

Antes de salir de viaje, Aradilla ya compartía sus acuarelas en Instagram. Durante los dos últimos años había aprovechado sus vacaciones para comenzar este formato de «diario visual». Pero fue hace unos diez meses cuando se decidió a viajar durante un año con su pareja, y entonces el proyecto ganó solidez.

«Empecé mi viaje en Irán, después volé hasta Moscú y desde San Petersburgo crucé Rusia en el famoso Transiberiano hasta llegar a Mongolia. A partir de ahí visité China durante un mes y después vinieron el resto de países del Sudeste Asiático; Tailandia, Malasia, Myanmar, Vietnam, Laos, Camboya, Filipinas e Indonesia, con un salto entre medias a Japón y acabando en India», enumera.

Ahora, a los amantes del mundo del arte y la ilustración que ya la seguían se han sumado un montón de viajeros que la siguen para ver sus coloridas versiones de distintos puntos del planeta. Algunos incluso se han animado a comenzar sus propios diarios de viaje, inspirados por ella.

¿La frena su proyecto a la hora de aprovechar el tiempo visitando destinos? A veces, por el tiempo que exige cada dibujo, tiene que dejar de visitar otros lugares; pero esta circunstancia no le parece negativa. «Para mí no es ninguna obligación detenerme a pintar, es todo un placer, una manera auténtica de viajar y descubrir cómo es el lugar. Disfruto muchísimo haciéndolo y hay días en los que incluso echo de menos algunas horas más de luz para poder hacer más ilustraciones».

Sí que le impide, por ejemplo, contratar los típicos tours que te permiten visitar todos los puntos de una ciudad el mismo día. «Sería imposible si quisiera pararme a dibujar. Yo necesito más tiempo cuando viajo». Pero no lo echa de menos. «Nunca me gustó ese sistema de «coleccionar postales», me resulta agobiante y un poco vacío. En muchos casos me he perdido algunos de esos lugares, pero en los que he estado puedo decir que los he vivido más allá del selfie o la foto para el salvapantallas del ordenador del trabajo». [pullquote]En muchos casos me he perdido algunos de esos lugares, pero en los que he estado puedo decir que los he vivido más allá del selfie o la foto para el salvapantallas del ordenador del trabajo[/pullquote]

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En la posibilidad de dibujar cómodamente en casa, con todas las herramientas disponibles, Alicia Aradillo encuentra ventajas e inconvenientes. «Las ventajas están claras, tienes todo el tiempo del mundo, no te preocupas por el clima, el tráfico, encontrar un sitio cómodo donde sentarte, trabajar con decenas de miradas fijas en tu siguiente pincelada… puedes tomar decisiones sin la presión de todos esos factores. El gran inconveniente es que esos dibujos no generan recuerdos, no se impregnan del lugar y aunque técnicamente estarán mucho mejor acabados, les falta esa pizca de vida y encanto que tienen los cuadernos de viaje».

Un ejemplo muy ilustrativo de esto: su dibujo preferido de los que lleva hasta el momento no es el que mejor técnica tiene, sino el que la transporta a una historia más bella. «Ocurrió en Irán, en la ciudad de Yadz, una de las más calurosas de la región. Después de estar dibujando a más de 40 grados en una de las escasas sombras que encontré frente a la preciosa Mezquita Jame, un señor se acercó y me señaló su tienda de alfombras. Me hablaba en persa y no le entendía ni una palabra, pero insistió tanto que no tuve más remedio que aceptar la invitación. Lo sorprendente es que el hombre solo quería ver mis dibujos, invitarme a un té y hablar un rato sirviéndose de un primo suyo que chapurreaba algo de inglés. Creo que soy la primera turista extranjera a la que invitan a un té en una tienda de alfombras y no le tratan de vender ni una…».

Acuarela

Ya le falta poco para concluir el año de viaje que se propuso. Pero la aventura no acabará aquí, porque espera que estos meses tan intensos le traigan «muchos proyectos interesantes», como el de escribir un libro con su pareja, el periodista Sergio Alonso, ilustrado con estas acuarelas viajeras.

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