¿Qué es esto de la antropología del color?, estarás pensando. Suena raro, ¿verdad? La antropología del color es una ciencia social que estudia la simbología cultural y el significado que las distintas sociedades atribuyen a los colores. Analiza cómo la historia, la lengua, la religión o el contexto cultural influyen en su percepción y en su uso como herramienta de comunicación.
Aunque es una disciplina muy cercana a la psicología del color, se diferencia de esta en un punto clave: no estudia tanto el efecto que los colores o su combinación tienen sobre nosotros, sino cómo se construyen socialmente. Es decir, uno estudia cómo afectan a nuestras emociones y conductas y el otro, los patrones y diferencias asociadas a cada color de forma cultural.
A veces son disciplinas que beben la una de la otra, así como de la etimología del color, llegando a pisarse y complementarse. El simbolismo cultural de los colores está en constante evolución influenciada por la religión, la historia, la ciencia, tecnología, los medios… y, en mi opinión, cada vez más por la globalización y las marcas.
En su mayor parte, los colores no significan nada por sí mismos. Significan lo que una cultura decide que signifiquen.
Blanco, entre la pureza y el duelo
El blanco es un color paradójico: en la luz es la suma de todos los colores, mientras que en pigmento es su ausencia. Esta dualidad ha alimentado interpretaciones simbólicas muy diversas:
- En Occidente suele asociarse a la pureza, nacimiento o renovación. Por ello, tradicionalmente, la novia suele ir de blanco; y también se usan trajes de ese color en bautizos y comuniones. Parece que Rosalía lo sabía muy bien y este simbolismo se encuentra muy presente en su último álbum Lux.

- En la mayor parte de Oriente, en cambio, es el color del luto. Algo que a nosotros, los occidentales, nos puede parecer extraño y para algunas personas incluso irrespetuoso.
Verde, de la juventud a la envidia
La simbología del verde es la que quizás va más allá de lo cultural. Verde es el color predominante de la naturaleza en gran parte del mundo y por ello no es de extrañar que en casi todas las culturas esta asociación tenga sentido: naturaleza y ecología.
Su asociación con la naturaleza lo vincula primero con la frescura y la juventud, pero también con la inmadurez. De ahí derivan otras ideas como la vitalidad, la fertilidad, el renacer o la salud y el bienestar, pasando por la esperanza, la confianza y el optimismo.

En el Islam, el verde, por su asociación con la naturaleza y el paraíso, tiene un significado destacado. Las banderas verdes y las cúpulas verdes en las mezquitas a menudo se utilizan para representar la santidad y la conexión con la divinidad en la cultura islámica.
En cambio, también tiene algunas connotaciones negativas. La naturaleza no solo es vida, también es muerte, es un ciclo inevitable del que todos formamos parte. La selva, además, para culturas precolombinas, podía ser un lugar peligroso. Es por ello que en diversas sociedades lo asocian también con esta otra cara de la naturaleza: la muerte, el juicio y el renacimiento en la otra vida.
Otra asociación con la muerte, y por motivos diferentes, es la del veneno y lo tóxico, pero esto es debido a la alta toxicidad que solían tener los pigmentos orgánicos y minerales. A partir de aquí, empezó a asociarse con el tiempo con la traición debido a los envenenamientos.

La asociación con la envidia, aunque muy conocida, no resulta tan intuitiva: los antiguos griegos tenían la creencia de que el hígado estaba conectado con los sentimientos y vinculaban los celos con la bilis producida en el hígado. La bilis tiene un tono amarillo verdoso y torna la tez hacia un tono verdoso. Safo ya identifica «la hierba pálida» con sus celos, y Shakespeare popularizó la imagen del «monstruo de ojos verdes» para describir la envidia.
Podría parecer que la expresión viejo verde venga de esta evolución, pero en realidad tiene más relación con la etimología de la palabra verde, que procede del latín virĭdis y significa ‘vigorosidad’. Ya desde el siglo I a. C. se encuentra esta asociación en escritos hablando de vejez verde para referirse a la vejez vigorosa. Es a partir del siglo XVIII que empieza la connotación negativa al referirse así a los viejos verdes de los que no se aprueba su conducta lujuriosa, sobre todo cuando es dirigido a personas más jóvenes.
Pero no acabamos aquí, el verde es quizás el color que simbólicamente más connotaciones tiene. El verde se asocia con el dinero y la riqueza gracias al billete de dólar. Se eligió ese color para el dinero estadounidense por motivos prácticos, pero hoy en día es un símbolo universal. 🤑
Amarillo, de imperial a sensacionalista
A nivel simbólico, el amarillo ha tenido significados contradictorios según la cultura.
En China, por ejemplo, fue durante siglos un color imperial, reservado a la familia del emperador. En el Antiguo Egipto se asociaba con el oro, considerado imperecedero. Al ser el color más luminoso del espectro, está asociado con la luz, la alegría y el optimismo.
En la Europa medieval podía simbolizar traición o engaño: Judas suele ser representado con atuendos amarillos, símbolo de su traición y deshonra. Este color también ha dado origen al término ‘prensa amarilla’, vinculado al sensacionalismo.
Lamentablemente, a partir del siglo XIII, los judíos debían llevar insignias amarillas, y el color pasó a identificar a marginados. A su vez, simbolizaba la enfermedad y la debilidad porque históricamente la ictericia provocaba que la piel se volviera amarilla por causa de la bilirrubina. Hoy todavía se utiliza en carteles que advierten del peligro de sustancias tóxicas.

Estas dualidades quizá explican por qué el amarillo es tan fascinante: puede ser cálido y vivaz como el sol o desagradable como lo sucio y rancio. En cualquier caso, su carga cultural es muy ambivalente.
Poro otro lado, el color amarillo es muy común en los carteles de películas independientes y de autor, ya que transmite sensación de bajos presupuestos, originalidad o incluso locura. Y también en carteles de clásicos o cine de culto, buscando generar impacto visual y una estética distintiva que capta la atención. Poco a poco, esta asociación va calando en nuestro subconsciente colectivo.
Naranja, espiritualidad y renuncia
Es el color sagrado del budismo y el hinduismo. Esto es porque simboliza la iluminación, la sabiduría, la renuncia y el desapego material. Los monjes visten túnicas naranjas para reflejar la humildad, la renuncia a los bienes terrenales y la transformación espiritual y energía vital.

Une el amarillo (perfección) con el rojo (poder) y recuerda a la tierra, el fuego y el sol. Por otro lado, históricamente, los monjes utilizaban los tintes más accesibles: azafrán y cúrcuma, que producían tonos anaranjados y ocres.
Rojo, poder, peligro y celebración
Es el color cálido por excelencia, dinámico y excitante. Está asociado al amor, la pasión y la lujuria y por ello se usa frecuentemente en el Día de San Valentín.
Se puede emplear para indicar peligro o advertencia, pero también se asocia con la importancia. Por ejemplo, se usa a menudo para las señales de circulación importantes, como advertencias de peligro o stop, así como en los camiones de bomberos.

En Occidente, desde la Revolución Francesa, el rojo se impuso en todo el mundo como el color emblemático de los partidos políticos más revolucionarios, pero hoy es el del Partido Republicano de los Estados Unidos, muy alejado de las izquierdas y de las revoluciones.
En China, el rojo es un color muy importante, ya nos lo dice su bandera. Se utiliza frecuentemente para simbolizar la buena suerte o la felicidad, y para muchos días festivos o en las bodas. En general, para los asiáticos el rojo es el color de la suerte.
La Navidad y el acorde cromático rojo y verde
Aunque hoy la combinación verde-rojo nos parezca inseparable de la Navidad, su significado es completamente cultural y reciente. Desde la antropología del color, este acorde verde-rojo no es universal; de hecho, fuera de Occidente no significa Navidad, y su simbolismo depende más de la historia compartida que de la psicología humana. Es un recordatorio perfecto de cómo un color, o dos, no significan lo que son, sino lo que una cultura decide que signifiquen juntos.

Los romanos ya asociaban el verde al renacimiento y a la esperanza durante las Saturnales (una fiesta de diciembre que celebraba el fin del año agrícola y que los cristianos absorbieron) mediante el uso de hojas perennes como el acebo, el pino o el laurel. El rojo, en cambio, se vinculaba a la vitalidad y al fuego, imprescindibles en pleno solsticio. Cuando el cristianismo absorbió parte de estas tradiciones, los tonos naturales de esas plantas permanecieron, pero la combinación cromática tal como la entendemos hoy no se fijó hasta mucho más tarde: primero en las ilustraciones victorianas del siglo XIX y después, de forma masiva, a través de la cultura visual de medios del siglo XX.
Santa Claus (o San Nicolás o Papá Noel) y el acorde cromático rojo-blanco
La iconografía navideña se completó después con otro elemento decisivo: el rojo del atuendo de San Nicolás. Mucho antes de la publicidad moderna, los obispos del norte de Europa vestían túnicas rojas, y las representaciones medievales de Sinterklaas ya lo mostraban así. El blanco entró en la paleta a través del protestantismo, que lo asociaba a la pureza y a la nieve del invierno nórdico.
Más tarde, las postales victorianas y la ilustración comercial estadounidense combinaron estos colores (rojo y blanco) para crear la estética navideña contemporánea.

Es un buen ejemplo de cómo, desde la antropología del color, las festividades no se definen por sus pigmentos, sino por los relatos que acumulamos sobre ellos: capas sucesivas de religión, clima, política y comercio que acaban pareciendo naturales, cuando en realidad son construcciones culturales tan específicas como cualquier rito.
Azul, un color con muchos significados
En cada cultura, o casi en cada país, el azul tiene una simbología distinta:
Los angloparlantes llamaron blue a la tristeza (por eso el marketing ha creado el Blue Monday para el supuesto día más triste del año) y le atribuyeron una melodía: el blues.
En japonés significa ‘juventud‘, de la misma manera que el verde lo hace en Occidente. El kanji de azul se usa también para la palabra juventud y esto ha influenciado la cultura japonesa hasta el punto de colarse en los títulos de varias series manga que tratan la inocencia y adolescencia.
En ruso, el azul puede utilizarse para referirse a hombres homosexuales, con un matiz positivo o peyorativo según el contexto e intención. Se cree que esta asociación surgió en los años veinte por la necesidad de hablar en clave. Las palabras azul y paloma en ruso están muy relacionadas etimológicamente y comparten raíz. La plaza del monumento a Karl Marx, en el centro de Moscú, fue punto de encuentro para las personas homosexuales en clandestinidad. Como el lugar estaba siempre lleno de palomas, con el tiempo surgió la asociación. Adicionalmente, se alertaban de presencias policiales cantando una canción muy popular: «Volad, palomas, volad».

En alemán significa ‘borracho’ y el porqué es de lo más divertido. Los tintoreros de lana que la teñían de color índigo usaban una técnica que, en teoría, volvía el color más estable y duradero: la bañaban en su orina. Se decía que el tinte funcionaba mejor si habían bebido mucho alcohol.
En América y Europa se dice que los aristócratas tienen sangre azul, aunque este color también pasó a ser parte de la lucha de la clase trabajadora estadounidense gracias a los tejanos. A este lado del charco, el azul es símbolo de partidos conservadores y de derechas desde el siglo XVIII, supuestamente por reflejar valores como la confianza, la estabilidad, la seguridad, el orden y la tradición.
Morado, de la riqueza a la espiritualidad
El morado está asociado con la riqueza, la realeza y el poder. Esta asociación se debe a lo escasos y, por lo tanto, caros que han sido históricamente los pigmentos de este color, reservados para reyes y emperadores.
Desde hace varias décadas, el morado está cada vez más asociado con el feminismo. Varios sucesos históricos fueron asentando poco a poco este color como el del empoderamiento femenino: primero, cuando las sufragistas de principios de siglo XX adoptaron el morado, el verde y el blanco como los colores de su lucha; después, con el trágico accidente en una fábrica textil, donde murieron muchas mujeres trabajadoras y del que salía humo morado debido a los tintes. También hay creencias populares que asocian la ambivalencia de este color a la igualdad de género por estar a medio camino entre el rosa (el color estereotipo de las niñas) y el azul (el color estereotipo de los niños).

Igualmente, está muy relacionado con la espiritualidad y la creatividad. El morado ha sido históricamente un color liminal: situado entre el rojo (lo corporal, lo terrenal) y el azul (lo mental, lo divino), ha simbolizado aquello que está en transición. En muchas tradiciones religiosas, como el cristianismo, se utiliza en períodos de recogimiento como la Cuaresma, momentos de introspección y transformación. Al ser además, un color escaso y costoso durante siglos, acabó vinculado a lo trascendente.
Desde esta misma lógica cultural, la creatividad también se ha asociado al morado por su proceso de transformación, de cruce entre ideas.
Negro, luto, poder y sobriedad
En la Edad Media europea, el negro se vinculaba al luto, lo maligno y lo desconocido; sin embargo, a partir del siglo XIV comenzó a asociarse también al poder. La burguesía adinerada lo adoptó como símbolo de sobriedad y elegancia, una tradición que aún vive en la moda contemporánea.
En las órdenes monásticas, el negro adquirió otro significado: humildad absoluta, renuncia al mundo material. La misma tonalidad podía representar tanto la muerte como la virtud. Esa capacidad para contener opuestos es quizá lo que hace del negro uno de los colores más cargados de simbolismo.

La carga cultural de los colores está llena de estratos y capas de sedimentos históricos que construyen nuestra percepción del mundo y la forma en que interpretamos el entorno. Es clave conocer estas asociaciones si te dedicas a ciertos sectores que se aprovechan del poder comunicativo de los colores, porque ellos dialogan entre sí y con nosotros, de forma más consciente o subconsciente. ¿Te imaginas un comunicado del PP en tonos rojos? ¿O una campaña navideña en colores morados y amarillos?
No solo hablamos con palabras. Cada color tiene algo que contar, y, cuando los combinamos en acordes cromáticos, el mensaje puede cambiar por completo. Igualmente, el color se relaciona con su entorno y su cultura, y dice cosas distintas según el contexto.