«Estás practicando taichí con la naturaleza, no boxeando con ella».
Kongjian Yu, arquitecto paisajista.
Hubo un tiempo, no hace demasiado, en el que los ingenieros de todo el mundo se pusieron de acuerdo: el agua era el enemigo. Un enemigo al que había que vencer, encauzar y expulsar cuanto antes de la ciudad. Por eso mismo construimos metrópolis blindadas durante décadas. Asfalto, hormigón y tuberías combinados han sido capaces de evacuar el agua de lluvia con la misma urgencia con la que uno desaloja una fiesta cuando llega la policía. El problema es que el agua no se fue a ningún lado. Se quedó ahí fuera, esperando. Y cuando llovió de verdad, regresó con intereses.