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‘Delante mío’ y otras relaciones al margen de la ley entre adverbios y posesivos

Esta es la historia de un amor prohibido. Una relación que no podía ser porque no cumplía la heterodoxia de las relaciones sentimentales en el país de la Gramática. Y a la RAE, guardiana de las buenas costumbres entre las palabras, no le gustaba nada la relación amorosa entre un adverbio y un posesivo. Y no por una cuestión homofóbica, no. Las relaciones entre palabras del mismo sexo estaban bien vistas en la vieja institución. Era una cuestión de categoría, de clase. Normas sociales que no podían romperse por el mero capricho sentimental, romántico y ñoño de dos amantes.

El adverbio Delante y el posesivo Mío se conocieron en una oración enunciativa un día soleado que se prestaba a la conversación. Se miraban, se hacían ojitos desde la distancia y al final ocurrió lo que tenía que ocurrir: que acabaron enrollados en el cuarto oscuro de una frase coloquial de moda. Desde entonces, no era raro verles pasear juntos de la mano. A algunos, los más conservadores y cercanos a la ley impuesta por la RAE, aquella relación les chirriaba sobremanera. Pero a otros, los más rebeldes, los de más baja condición, que un adverbio y un posesivo se enrollaran en público no sólo no parecía importarles, sino que aceptaron la relación como algo normal y correcto.

Mío y Delante se fueron a vivir juntos a un apartamento céntrico en el barrio gay de la Gramática. En su buzón habían escrito con orgullo sus nombres: Delante Mío. Y su ejemplo fue seguido por otros adverbios y posesivos que se atrevieron también a salir del armario. La RAE les expulsó para siempre del selecto barrio de la Norma Culta y censuró públicamente su relación. Pero ellos siguieron paseando su amor en los bajos fondos de la Gramática sin importarles un bledo lo que dijeran los biempensantes.

Las normas son las normas y las relaciones, si son intensas, a menudo pasan por encima de ellas. Pero nunca está de más conocer las reglas para elegir cuándo saltárselas y si conviene hacerlo. Y la norma dice que un adverbio no puede ir seguido de un posesivo, al menos en el lenguaje culto. Por tanto, es erróneo decir : *delante mío o *enfrente suyo, sino delante de mí o enfrente de él.

En caso de duda, un truco: si se puede usar el posesivo átono antepuesto, la construcción con el posesivo tónico pospuesto también será correcta:

Estoy al lado de Juan=estoy a su lado=estoy al lado suyo

Y ahora que ya tienes la información, elige en qué lado de la ley te quedas.

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