El campo británico tiene espacio para casi todo: colinas verdes de postal, setos centenarios, lluvia persistente y, ocasionalmente, dos vecinos que comparten exactamente el mismo nombre de pila, viven puerta con puerta y representan dos visiones antagónicas y viscerales de la tierra.
Por un lado, Derek Banbury, ganadero de tercera generación, madrugador empedernido y defensor acérrimo de la agricultura intensiva. Su premisa es tan directa como pragmática: del campo hay que comer y producir alimentos a gran escala. Por el otro, Derek Gow, un ganadero reconvertido en abanderado del rewilding (la renaturalización silvestre) que ha transformado su explotación en una suerte de santuario para la reintroducción de castores, jabalíes y fauna autóctona amenazada.
Entre ambos Dereks estalló la contienda. Disputas por el límite de los setos, animales que se escapan, discusiones sobre jabalíes y auténticas batallas sobre quién tiene el derecho legítimo a decidir qué aspecto debe tener el paisaje rural. Una historia con todos los ingredientes de una comedia británica pero cargada de una urgencia ecológica aplastante.
De esta premisa nace Derek vs Derek, la película encargada de inaugurar la nueva edición de Another Way Film Festival (Madrid, del 20 al 25 de octubre), un certamen cuya filosofía busca conectar cine, pensamiento y comunidad para activar conciencia crítica y cambios reales frente a los desafíos socioambientales.
De ideología a comedia de vecinos
El director de la cinta, James Damer Dawson, no buscaba de entrada este enfrentamiento vecinal. Su objetivo inicial era rodar un documental tradicional sobre la pérdida de biodiversidad siguiendo los pasos de Gow. «Creaba muchas especies autóctonas en peligro de extinción para liberarlas en la granja, utilizaba jabalíes para arar sus campos y castores para transformar sus cursos de agua. Pero sus vecinos no estaban contentos», explica Dawson.

Todo cambió al cruzar la linde y conocer al otro lado al segundo Derek. «Me di cuenta de inmediato de que había otro documental, uno más impactante, que me permitiría explorar cómo se pierde la biodiversidad a causa de la agricultura, pero que también sería entretenido, ya que la relación entre ambos era muy interesante y divertida».
Gran parte del debate sobre la agricultura y la naturaleza está muy polarizado. «Las redes sociales han acentuado las diferencias, pero la realidad es mucho más compleja y matizada que algo que se pueda publicar en Instagram o TikTok para conseguir miles de clics», dice James Damer Dawson
En lugar de construir un sermón ecologista de buenos contra malos, Dawson optó por apoyarse en el sentido del humor y en la tradición de las comedias británicas de la posguerra, al estilo de las producciones de Ealing o los filmes de Alexander MacKendrick. «Lo que me encantó de su relación fue el respeto mutuo y la cordialidad entre vecinos. Nunca tenían discusiones acaloradas ni se acusaban señalando con el dedo, sino que sus disputas solían ser por malentendidos y falta de conocimiento», señala el realizador. Y añade: «Los sermones son aburridos. Si te entretienes, eres más receptivo a escuchar puntos de vista alternativos».
Ni héroes ni villanos
El gran acierto periodístico y narrativo de Derek vs Derek radica en no demonizar al agricultor ni mitificar sin reservas la conservación ambiental. Durante los tres años que duró el rodaje en Devon (Inglaterra), Dawson pudo comprender de primera mano el laberinto económico en el que atrapamos a los productores locales. «Los agricultores no se propusieron destruir la naturaleza deliberadamente», defiende Dawson. «Desde la Segunda Guerra Mundial se les dijo que su trabajo era cultivar alimentos para alimentar a la nación. Se otorgaron subvenciones para drenar campos y usamos pesticidas para aumentar el rendimiento. La producción aumentó, pero perdimos el 98% de nuestros prados de flores silvestres, exterminamos al 75% de los insectos y perdimos el 55% de las aves».

Para el director, el verdadero problema no son las personas que trabajan la tierra, sino un sistema alimentario perverso dominado por las grandes cadenas de distribución e intermediarios. «Alguien es un villano si tiene la intención de hacer el mal, y no creo que los agricultores pretendieran este resultado. Dirigen negocios sometidos a una presión brutal por la industrialización. En Gran Bretaña, son los supermercados y los intermediarios quienes se lucran con la agricultura, no la mayoría de los agricultores. Importamos más del 35% de nuestros alimentos mientras la única variable económica que nunca se contabiliza como coste es, por supuesto, el precio que la naturaleza paga por todo esto».
Escuchar al otro para sanar la tierra
A medida que el documental avanza, la brecha entre los dos hombres empieza a cerrarse. Banbury, que se levanta a las seis de la mañana y trabaja hasta que oscurece para mantener a flote su explotación, comienza a redescubrir el valor de la fauna que recordaba de niño. Por su parte, Gow comprende las ahogantes presiones financieras del campo convencional.
El concepto de rewilding, hoy convertido en una consigna de moda, también se somete a debate en el filme. Dawson coincide en que a menudo se simplifica. «Es improbable que volvamos a un entorno verdaderamente salvaje en Gran Bretaña. El objetivo debe ser aumentar el nivel de biodiversidad y restaurar hábitats junto a una agricultura más eficiente y respetuosa. No se deben reservar buenas tierras de cultivo para la naturaleza, sino tierras marginales que no son aptas para la producción de alimentos».

Aunque la película se sitúa en la campiña inglesa, el conflicto traspasa fronteras y conecta de lleno con los retos que afronta España en torno a la despoblación, la agricultura intensiva, la sequía y la tensión entre el mundo rural y las exigencias urbanas.
Al final, Derek vs Derek deja una lección de convivencia tan sencilla como revolucionaria para tiempos de polarización extrema. «La película muestra que escucharnos mutuamente e intentar comprender los problemas que enfrenta el otro puede ser más importante que ganar una discusión», reflexiona Dawson, quien añade que no cambias la opinión de tu oponente ganándole una discusión. «A menudo solo lo haces sentir derrotado y buscará la manera de ganar la siguiente ronda. Si algo he aprendido de la naturaleza es que, si se le da la oportunidad, se recupera. Y en cuanto a las personas, la cooperación y el diálogo son imprescindibles si queremos tener alguna posibilidad de resolver los problemas que afrontamos».