Hace ya mucho tiempo que el mundo dejó de ser pequeños compartimentos más o menos estancos para convertirse en algo mucho más global. Hoy es fácil saber lo que ocurre al otro lado de un océano gracias a la increíble evolución y desarrollo de las comunicaciones donde internet ha jugado un papel fundamental.
Esa globalización afecta también a las lenguas, y el español no es una excepción. Este idioma común que hablamos más de 600 millones de personas en todo el mundo, según datos del Instituto Cervantes de 2025, sin embargo aún conserva sus propias particularidades en cada país hispanohablante. Basta echar un ojo a palabras como chévere, chido, bacán, guay o copado, que con distintas formas remiten a un mismo concepto: algo bueno.
Donde los diccionarios académicos todavía no han llegado, una comunidad de hispanohablantes modera y alimenta un glosario muy especial centrado en el slang latino: Hablaaa.com.

La idea partió del desarrollador y diseñador mexicano, estudiante de Ingeniería en Tecnologías de la Información, Alan Lucena, que fue también quien lo puso en marcha en solitario combinando su experiencia en desarrollo web, diseño gráfico y producción audiovisual.
Hablaaa, explica, nació de «una pasión honesta por el español». Su idea era crear un lugar que preservara y documentara cómo se habla realmente nuestro idioma, con toda su riqueza regional. «El español es único en ese sentido: chido en México, bacán en Chile, chévere en Venezuela, guay en España o copado en Argentina significan cosas casi idénticas, pero cada uno tiene su historia cultural detrás, y no existía un sitio donde toda esa conversación conviviera».
También quería capturar el intercambio cultural e idiomático, especialmente en cuanto a jerga y expresiones coloquiales se refiere, que se está produciendo entre las distintas variantes de cada país donde el español es la lengua principal, ayudado por esas redes sociales, la música o aplicaciones como YouTube
«¿En qué momento de la historia un español iba a estar diciendo funa (una palabra chilena) o un mexicano iba a usar el re- de los argentinos
(rebueno, re-cool)? Está ocurriendo en tiempo real, empujado por TikTok, el streaming, la música. Hablaaa nace de querer capturar ese cruce: registrar el slang de cada país; y también cómo viaja entre fronteras».
De 0 a 5000, y subiendo
Hablaaa no parte de ningún corpus lingüístico o académico, sino que se ha ido construyendo «combinando investigación de uso real con herramientas, siempre con curación y validación manual antes de publicar cada entrada», explica Lucena.
Hoy cuenta con más de 5000 entradas distribuidas entre los países hispanohablantes, y la idea es que ese número siga creciendo de manera colaborativa. «Cualquier hispanohablante puede proponer nuevas expresiones, votar definiciones o aportar el matiz de su país. Eso nos da ventaja para registrar expresiones muy actuales (como lag, 6-7 o therian) que los diccionarios tradicionales todavía no tocan».
El sistema, explica Alan Lucena, gira en torno a una idea: una palabra, una URL, muchas definiciones. «Cuando buscas torta, ves simultáneamente cómo la usa un español, un mexicano y un costarricense, cada una con su ejemplo y su matiz. Los usuarios pueden votar las definiciones, proponer nuevas, añadir sinónimos entre países y explorar los matices: en España, pavo es un adolescente torpe; en Venezuela, un joven con onda. Misma palabra con valencias casi opuestas».

Pero, además de glosario, hablaaa funciona también como un repositorio de artículos y que amplía el conocimiento de nuestro idioma. «Hay páginas dedicadas a cada país, trending semanal y un blog con artículos que explican el contexto cultural de ciertas expresiones».
A todo ello, están empezando a añadir artículos sobre la jerga en el cine, la música o los memes virales, y echan la vista atrás para ver cómo han evolucionado algunas de esas expresiones: «de dónde viene una frase, qué película o serie la popularizó, o simplemente profundizar en el slang. Además, incorporamos la traducción al inglés y la pronunciación fonética, pensadas para angloparlantes que quieran aprender español real».
«En el día a día, un uso muy común es cuando un uruguayo y un español se ponen a hablar y se preguntan «¿cómo le dicen a esto en tu país?». Y para jóvenes extranjeros que quieren integrarse a una comunidad hispanohablante (trabajando, estudiando o migrando), el diccionario ayuda a entender las expresiones que nunca aparecen en clase», aclara su creador.
Tres diferencias
A poco que se observe, este diccionario no es como el resto. Lucena habla de tres diferencias claras con otros glosarios.
Primero, «el enfoque panhispánico real: no es un diccionario mexicano con notas sobre otros países, son todos los países al mismo nivel».
Otra diferencia es «el registro vivo: incluimos jerga gamer, TikTok-speak, brainrot de la Gen Z… no solo el slang clásico. No somos la RAE, y no queremos serlo».
Y, por último, la intención de romper las barreras entre países hispanohablantes. «Estamos en un momento en el que las personas de distintas regiones intercambian su lenguaje entre sí más que nunca, y Hablaaa funciona como guía y registro de ese cruce».

Aquí el rigor filológico no se debe entender de manera tradicional; más bien se queda corto, «porque la autoridad está en quien la usa, no en quien la estudia», opina Alan Lucena. «Somos descriptivos, no prescriptivos: registramos cómo se dice, no cómo debería decirse. La comunidad valida con votos y el propio sistema filtra aportes sin sustento. Además, al pedir país, ejemplo de uso y contexto, cada entrada tiene que defenderse con uso real».
La única pregunta que se hace para que una palabra pueda entrar en este diccionario es si se usa en la calle. «Si un hispanohablante la reconoce, entra», aclara el creador de Hablaaa.
Las propuestas se publican de forma inmediata y el filtro real lo pone la comunidad: «las entradas que nadie reconoce acumulan votos negativos, se marcan automáticamente y pasan a revisión por los moderadores. Así, palabras que solo usan dos personas o que alguien inventó la semana pasada se hunden solas, y los regionalismos tan específicos que ni en su propio país se entiendan tampoco sobreviven».
Que no haya ninguna academia o institución detrás de este proyecto es lo que lo hace más valioso, según su creador. «Es un proyecto independiente y autofinanciado. Para mí esa es parte del valor: no responde a ninguna agenda institucional, solo al español de verdad de más de 500 millones de hispanohablantes».

«Estoy muy orgulloso del idioma, y quería que existiera un lugar donde se documentara su uso real, incluyendo todos los anglicismos que adoptamos y adaptamos a nuestro modo. Los hispanohablantes tenemos esa costumbre hermosa de hacer evolucionar las palabras y volverlas propias, y eso también merece quedar registrado. Los diccionarios oficiales hacen un trabajo valioso, pero por naturaleza van más lentos que la conversación real, y ahí es donde creo que Hablaaa aporta algo distinto», concluye Lucena.