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La mirada de Jesús G. Pastor al movimiento ‘yayoflauta’

Cuando España era próspera y rica, todo su territorio se sembraba de obras, construcciones y trabajos de albañilería varios. Eso provocaba a su vez que los jubilados se arremolinasen alrededor buscando una manera de matar la mañana. La incapacidad para gestionar patrimonios humanos y económicos de la clase política y la élite económica acabó con la gallina de los huevos de oro. Se terminaron las obras y los jubilados se quedaron sin nada que hacer. Los de arriba no saben hasta qué punto la cagaron.

Es una ley natural que se repite una y otra vez en el mundo natural. Los padres cuidan de sus hijos hasta que estos pueden valerse por sí mismos. Ocurre, claro, con los homínidos y, acotando aún más, con nuestra especie.

Nosotros contamos además con la ventaja del libre albedrío, que es básicamente la capacidad de elegir qué queremos hacer. Si a eso unimos la negritud del futuro que se presenta, tenemos una explicación acerca de por qué varias decenas de jubilados se están dedicando a protestar por los recortes, la mala gestión política y la falta de alternativas al desempleo.

Cuando uno cumple cierta edad y comienza a ver las cosas con perspectiva, se da cuenta de que el tiempo no tiene nada de exacto ni de absoluto. Siempre depende del sistema de referencia con el que se mide y, en este caso, cada persona es un sistema de referencia en sí mismo. Por eso, 222 días de protesta podrían parecer una eternidad. No es el caso que nos ocupa ya que, cuando hay que hacer una cosa, se hace. Es una cuestión de tiempo y paciencia.

Habrán oído hablar en los medios de comunicación de un numeroso grupo de personas, que van desde los cercanos a la tercera edad hasta los que están de pleno en ella, que ha decidido hacer de la protesta ciudadana, pacífica y planificada, su caballo de batalla. El 28 de octubre del pasado año, indignados por el cierre del Centro de Atención Primaria de Bellvitge, en Barcelona, decidieron ocuparlo y plantarse ante la merma de los servicios a los ciudadanos. Era el nacimiento del movimiento yayoflauta y hoy siguen en la lucha a pesar de que anoche mismo dejaron su encierro.

Jesús G. Pastor es fotógrafo. Se enteró de la ocupación del centro de salud al día siguiente de que ocurriera. Cogió su cámara, fue para allá y se quedó a dormir. «Lo que estaba pasando allí era fantástico. Una mezcla de energía, experiencia, cohesión, organización, paciencia y voluntad. La edad y la experiencia les permitió afrontar el cierre del CAP con determinación, son muy conscientes de su capacidad y tienen un objetivo claro y concreto», explica. Así que, viendo el percal, sintió la necesidad de explicar qué pasaba allí «en la era Twitter, en la que la caducidad la marcan los minutos, las horas y pocas noticias sobreviven más allá de eso».

En realidad, ¿qué lección se le puede dar a una generación que se ha lidiado, como poco, con una posguerra y una dictadura? Esa visión, que tiene presente que los derechos de los que disfrutan los ciudadanos no estuvieron ahí siempre, es la que ha generado aquello con lo que Pastor ha quedado fascinado. El fotógrafo quedó atrapado por la vehemencia con la que unas personas sin un futuro a largo plazo defendían lo que quedará tras su desaparición. Tiene claro que toda esta conciencia social tiene origen en las penurias que pasaron ellos mismos, décadas atrás. «La gran mayoría de las personas retratadas fueron migrantes hace unas décadas, se instalaron en el maltratado extrarradio de Barcelona, trabajaron en las mismas fábricas, se asociaron, lucharon por sus derechos y consiguieron algunos éxitos. De aquellos años, de aquellas complicidades y aquella forma de entender el mundo, nació esta energía», declara.

Lo gracioso de esto es que el poder teme a quien le ha votado y por eso es capaz de criminalizar la protesta pasiva. Para Pastor, el antídoto a esta política del miedo se halla en «la fuerza colectiva» que recoge movimientos como este. «La fragmentación contemporánea, el individualismo, la modernidad líquida y distópica que describe Bauman no ayudan a vencer los miedos en este sentido», dice. Insiste además en que las manifestaciones no son suficientes y lamenta que en ocasiones «sean canibalizadas por el sistema o banalizadas por la ciudadanía en forma de ocio».

El mes de junio que acaba de comenzar se muestra capital en el futuro que tiene que afrontar el país. Pastor cree que lo que ha ocurrido en Grecia es una posibilidad aplicable a este escenario aunque también propone una algo más siniestra y que apunta más a reportaje de revista de moda y tendencias. «Puede que las autoridades o el sistema (sea esto lo que sea e incluya a quien incluya) abandonen el discurso criminalizador y la actitud desafiante para absorber la queja y rentabilizarla o comercializarla. Multinacionales que explotan el 15M en sus spots, grandes medios de comunicación ‘alineados’ con la indignación, intelectuales indignados que se declaran indignadas, indignados…».

Jesús G. Pastor inaugura una exposición fotográfica con su trabajo, entre el que se incluyen los retratos a los yayoflautas, en Barcelona. Será el próximo sábado 9 de junio a las 6 de la tarde.

UPDATE: Jesús G. Pastor nos envía la última noticia. «Y después de 222 días ocupando el CAP de Rambla Marina, decidieron retirarse. El gobierno catalán asegura que durante los próximos meses transformará el CAP y ubicará allí un centro de rehabilitación,  manteniendo además un par de médicos especialistas. Un exiguo premio de consolación que ignora prácticamente todas las demandas de los vecinos y que, después de 7 largos meses de ocupación y protesta, es mucho más agrio que dulce… Queda, para el recuerdo, la que ha sido la protesta más larga contra los recortes sociales hasta el momento…»

 

 

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