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Las Meninas que resucitaron Ferrol y (quizá) trajeron a Banksy

Muchos años antes de salvar el barrio en el que se crió, Eduardo Hermida pintaba humanos en las paredes de las calles donde sus amigos jugaban al fútbol. Por aquel entonces, Hermida era un niño de ocho años algo gordito al que no le llamaba mucho la atención el juego de pelota. Con trozos de pizarra o tizas que le regalaba su abuelo, aquel niño llenaba las paredes de cuerpos y rostros que observaban, en silenciosa atención, el juego que sucedía en las calles del barrio de Canido, en la localidad gallega de Ferrol.

Todo esto sucedió antes de que la ciudad se rompiese en pedazos.

Ferrol, el renacer de una ciudad zombi

De Ferrol, hasta Amancio Ortega salió huyendo despavorido. Sucedió el 17 de febrero de 2018, cuando el Zara de la localidad cerró sus puertas debido al escaso número de ventas. Estas cifras son una muestra más del declive que ha sufrido la ciudad gallega desde que, en los años 80, vivió la reconversión de sus astilleros y, en los 90, el fin del servicio militar obligatorio. Las estadísticas de la ciudad asustan: una disminución de 20.000 habitantes entre 1981 y 2018, una media de edad de 48 años, un 14% de la población por debajo de los 20.

Aun así, no todo Ferrol sufrió la crisis de la misma forma. Zonas como el puerto o el barrio de Canido, encaramado en lo alto de la ciudad, fueron las más golpeadas por la bancarrota: los habitantes huían y las casas que dejaban atrás se convertían en muertos vivientes, fachadas descascarilladas que ocultaban un corazón vacío y polvoriento.

Sin embargo, en 2008, Eduardo Hermida tuvo una idea: volver a dibujar humanos en las paredes.

«La patria de un hombre es su infancia», cita Hermida en conversación telefónica con Yorokobu. Su tono es meloso, tranquilo, con el acento cantarín que caracteriza al habla gallega. «No recuerdo de quien era la frase, pero no podría estar más de acuerdo con ella. Lo que siento por Ferrol y por Canido es pura pasión».

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Cuando creció y ahorró lo suficiente, el artista compró la casa de su abuelo en el barrio de Canido, a la que había ido tantas veces de pequeño. Al nacer su hija, decidió llamarla como la calle donde vivía, Estrela. Pero a partir de 2008, a Eduardo Hermida le salieron muchas más hijas por el barrio.

Aquel año, cansado de ver cómo el área se desintegraba, Hermida llevó a cabo una acción sencilla a la vez que revolucionaria: sacó sus pinceles a la calle y, con la ayuda de varios amigos artistas, comenzó a dibujar en las paredes desconchadas de su barrio. Volvió a dibujar humanos, como ya hiciera muchos años atrás, pero esta vez no eran humanos anónimos. Eran meninas. Decenas de meninas.

Estas meninas, a diferencia de los dibujos que hacía de niño, no eran meras espectadoras de un juego de pelota: eran protagonistas de un movimiento reivindicativo que buscaba devolver el color a una zona que se estaba convirtiendo en un agujero negro. A días grises, colores bonitos, reza una de las obras presentes en Canido.

Meninas de Canido, a días grises, colores bonitos FHD

La decisión de que fuesen meninas no fue fruto del azar. «Aparte de lo poderoso de las meninas como símbolo pop –explica el artista–, las elegí porque ese cuadro es un símbolo de lo máximo que ha alcanzado el arte en España. Una obra maestra saliendo del Museo del Prado y que acude hasta el barrio más destartalado del país para devolverle algo de luz».

La acción de Hermida llamó la atención de la ciudad y eso le infundió ánimos para volver a repetirlo al año siguiente, convocando a artistas de otras partes de España. A ese año le siguió otro y luego otro. El movimiento se fue haciendo más grande, atrayendo la atención de la prensa nacional e internacional cada vez que se reunían los pintores callejeros el primer fin de semana de septiembre. Se empezaron a programar conciertos y charlas y la palabra Canido comenzó a citarse en textos escritos en idiomas diferentes al gallego y el español. El barrio fue comparado con el Soho londinense. Comenzaron a surgir las ayudas económicas y los patrocinios.

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Así hasta 2018, momento en que las meninas celebran su décimo cumpleaños.

«Ahora siento Las Meninas como una reunión familiar anual. Han existido momentos bonitos y otros menos gratos durante estos años –explica Hermida, recordando los dos infartos y la hepatitis que casi acaban con su vida–, pero, para mí, lo más importante es que he conseguido que la gente comience a creer que Ferrol puede vivir sin depender de los astilleros. Me siento con una especie de varita mágica capaz de trasladar lo sucedido en Canido a otras partes de Ferrol».

Banksy o no Banksy

Uno de los momentos más especiales sucedió a comienzos de 2018, a raíz de una campaña promovida por la empresa cervecera Estrella de Galicia durante la edición de 2017. Con un despliegue internacional consistente en vallas publicitarias y anuncios en periódicos, la marca 1906 del grupo de Estrella de Galicia lanzó un llamamiento al famoso grafitero británico Banksy, en el que se le invitaba a participar en las meninas en un espacio reservado especialmente para él.

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Pocos meses después, Hermida recibió un mail. «Un día, a comienzos de 2018, entró un mensaje en mi buzón de correo. La dirección usaba el dominio de Banksy y solicitaba que le enviase la ubicación del espacio que se había anunciado en la campaña de Estrella. Bajé a la calle y le mandé la ubicación desde el lugar exacto, el 23 de la calle Muiño do vento. Al día siguiente le pedí a un amigo informático que comprobase la dirección de correo y me confirmó que estaba creada bajo el dominio de la página web oficial de Banksy».

Después de enviar la ubicación, Hermida no supo nada más de aquel misterioso personaje.

Tiempo después, la mañana del 17 de abril, el pintor recibió una llamada: era un miembro de la prensa que le preguntaba por un dibujo de Banksy aparecido en el hueco dedicado al artista. «Las horas siguientes fueron de caos total –explica Hermida–. Si aquello era una broma, había llegado muy lejos». Toda la prensa española y parte de la prensa extranjera pusieron sus ojos en aquella pared oculta en un pequeño callejón sin salida del barrio de Canido.

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Hermida responde con una risa nerviosa cuando se le pregunta si cree que es un auténtico Banksy (el primero en España) el que luce en la actualidad en las calles de Canido: «Yo quiero creer que sí –explica el artista–, el dibujo tiene la firma del autor. Aparte, tiempo después del suceso, recibí en mi buzón otro e-mail cuyo remitente era del departamento de prensa de Banksy. En el mail venía un PDF adjunto –que se puede leer aquí–, donde Banksy explicaba que nunca confirmaba la autoría de sus obras, pero que sí se manifestaba para desmentir aquellas que no fuesen suyas, dando algunos ejemplos como un caso sucedido en París en junio de 2018. Sobre la de Canido no mencionaba nada».

El décimo aniversario

La supuesta aparición de Banksy supuso el remache definitivo a un proyecto con el que su creador siente que «si levanto ahora mismo los dedos, puedo tocar el cielo».

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En esta edición, en la que el Ayuntamiento vuelve a aportar su ayuda económica, (10.000 euros, algo que, según Hermida, solo alcanza para pagar material y algunas dietas, incluso con unos artistas que rebajan su caché para acudir a la cita), nuevas marcas patrocinadoras se han sumado. En este punto, el artista ferrolano se muestra feliz pero con cierta prudencia, pues espera que el acontecimiento no se desvirtúe en un futuro por la presencia de patrocinios.

Alcanzado el cielo con sus meninas, Hermida aún así sigue soñando con ampliar el proyecto a otra zona del barrio, donde diversas parcelas de tierra lucen abandonadas. Su deseo es el de crear huertos urbanos, un espacio en el que la gente pueda cultivar y autogestionarse, donde se puedan sacar frutos de la tierra y conocer la naturaleza que rodea la ciudad.

Los garabatos que, en la infancia, jaleaban partidos de fútbol desde las paredes de Canido se han convertido en meninas. Estos personajes ahora observan a todos aquellos que vuelven a pasear por las calles del barrio. Lo que hizo aquel Hermida niño fue una especie de premonición: sus pinturas iban a devolver la presencia humana a las calles de un Ferrol que coletea frenéticamente por volver al agua para poder seguir respirando.

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