A finales del siglo XIX el personaje de The Yellow Kid, creación de Mickey Dugan, estableció los bocadillos como modo de incorporar los textos a las caricaturas e historias en viñetas. Para muchos autores, esa es la piedra fundacional del mundo del cómic.
Puede que esa sea una visión un tanto etnocentrista y de imperialismo cultural que olvida que libros medievales europeos u orientales ya habían desarrollado narraciones secuenciales en viñetas, algunas de ellas con soluciones muy similares a la de los bocadillos, pero es la que ha acabado imponiéndose de forma más o menos unánime.
En todo caso, lo que nos interesa de todo eso es que el cómic tiene una amplia trayectoria como lenguaje artístico. A lo largo de ella ha demostrado su versatilidad, creatividad y rasgos distintivos suficientes como para hacerlo autónomo de otras disciplinas relacionadas, como la pintura o la escritura.
Además, tiene un mercado y una industria a su alrededor. Por lo tanto, calificarlo de noveno arte parece ser una cosa bastante lógica y justificada.
Llegados a este punto, si el cómic es arte, lo lógico es que tenga un museo. De hecho hay varios: el Museo del Cómic de Bruselas, el Museo del Manga en Kioto, el Museo de la Caricatura Severo Vaccaro en Buenos Aires, Museo Nazionale del Fumetto de Lucca, el Cartoon Museum de Londres… El problema es que están repartidos por todo el mundo y no te puedes llevar las piezas a casa.
Aquellos que no quieran sufrir las incomodidades que supone dejar el hogar aunque sea de forma temporal, aquellos a los que las tiendas de recuerdos les saben siempre a poco, tienen ahora la posibilidad de visitar el Digital Comic Museum (DCM), una página web que recopila miles de piezas de cómic que pueden descargarse sin necesidad de abonar ningún tipo de cuota.
La clave de esta propuesta está en que los cómics disponibles en DCM han pasado a dominio público según la legislación de los Estados Unidos de Norteamérica. Esto supone que prácticamente la totalidad de los tebeos publicados antes de 1959 están disponibles para ser compartidos, prestados e incluso ¿vendidos?
En la sección de preguntas frecuentes del museo, una de las cuestiones más candentes es la que plantea qué se puede hacer con esos tebeos. ¿Se pueden escanear y poner a disposición del público? Sí. ¿Se pueden descargar? Sí. ¿Se pueden utilizar con fines comerciales? Depende.
Los responsables del museo dejan claro desde un primer momento que no son abogados, por lo que aconsejan buscarse uno en caso de que el usuario desee hacer un uso de los materiales más allá de la mera lectura.
Sin embargo, también aclaran que, según la ley, el hecho de que una obra pase a dominio publico supone que es susceptible de ser comercializada de nuevo sin tener que abonar ninguna compensación aunque, eso sí, se deberá respetar la autoría del creador y no modificar la obra.
Por último, para aquellos que hayan visto en esto una posibilidad de negocio, los responsables advierten que una cosa es que las obras pasen a dominio público y otra que lo hagan los personajes.
Es decir, aunque haya cómics de, por ejemplo, el fantasma Casper libres de derechos, no sería extraño que una major de la industria del cine pusiera a sus abogados a trabajar en caso de que viera que alguien ha republicado los tebeos del personaje que ellos están explotando dentro y fuera de la gran pantalla con películas, series y merchandising.
En todo caso, la finalidad del Digital Museum of Comics no es la de ganar dinero con su web sino la de poner al alcance de los aficionados cuantos más cómics mejor de forma totalmente gratuita, al menos mientras puedan sostenerlo económicamente.
Por ahora, y dado que su volumen de transferencia de datos es todavía asumible, su financiación se hace únicamente con las aportaciones de los donantes. Si en un futuro el coste de servidores o de transferencia aumenta, no descartan cobrar una cuota a los usuarios que descarguen, pero no a los que colaboren, de una u otra manera, con la página, escaneando, subiendo nuevos materiales o moderando los comentarios del foro.
Además de todos estos alicientes, DCM añade uno realmente interesante para los aficionados al cómic: el hecho de que los contenidos del DCM sean anteriores a 1959 indica que buena parte de sus fondos se publicaron antes de que se fundase la Comics Code Authority.
Para aquellos que no estén familiarizados con el mundillo del cómic, la Comics Code Authority es una oficina dependiente de la Comics Magazine Association of America, creada especialmente para calificar los tebeos y certificar que su contenido era aceptable para el público infantil.
Una de sus obsesiones era la de eliminar de los cómics cualquier escena de violencia, sexo, terror, consumo de estupefacientes o cosas tan peregrinas como aquellas escenas en las que la autoridad policial fuera objeto de burlas o en las que agentes o soldados fueran asesinados por elementos criminales.
Bajo esa aparente labor social lo que realmente escondía la Comics Code Authority era un mecanismo de censura no declarado, que acabaría provocando el cierre de muchas cabeceras y editoriales que no quisieron aceptar ese chantaje. Negarse a que la CCA revisase los contenidos de una editorial impedía que sus publicaciones mostrasen en la portada el sello de la CCA, que era lo que en muchas ocasiones decantaba a un padre nortemericano a comprar o no un cómic a sus hijos.
El acervo recopilado hasta ahora por el Digital Museum of Comic supera ya los 11.000 títulos de todo tipo de géneros, desde lo más infantil a la ciencia ficción o las historietas de gangsters. Una cantidad y variedad más que suficiente para pasar buenos ratos leyendo unos tebeos que de otra manera resultarían imposibles de encontrar.
En todo caso siempre hay gente que le saca pegas a todo. En algunos hilos de discusión del foro del museo algunos usuarios se quejan indignados de que solo han conseguido descargarse 8.996 tebeos.
El museo explica que la razón de ese descuadre puede deberse al hecho de que hay algunos enlaces que están mal y deben ser sustituidos. Sobre la salud mental de esos usuarios eternamente insatisfechos no se pronuncian.