El desacuerdo moral en la política gira en torno a una pregunta fundamental: ¿quién es la víctima?. Para muchos progresistas, la vulnerabilidad se organiza en términos colectivos. El mapa moral se dibuja, entonces, como una relación entre grupos especialmente expuestos al daño y otros relativamente protegidos o dominantes.
Los conservadores, en cambio, tienden a entender la vulnerabilidad de forma más individual. Suelen desconfiar de las categorías grupales y parten de la idea de que todos los individuos son, en principio, susceptibles de sufrir daño, con independencia de su posición social. El foco moral se desplaza, así, desde los grupos hacia las responsabilidades y derechos de cada persona.