Hubo un tiempo en que las cosas eran lo que parecían. Un puente servía para cruzar un río, un jefe mandaba porque sabía hacer algo y el silencio era una bendición, no un espacio en blanco que rellenar con un selfi en el gimnasio. Pero un día decidimos que pensar cansaba demasiado y apagamos el interruptor. Dejamos de pensar para empezar a parecer que pensábamos, cambiamos los argumentos por la exhibición en LinkedIn y, casi sin darnos cuenta, nos acomodamos en una mediocridad colectiva muy bien perfumada. Bienvenidos a la Tontocracia.
El concepto es de Santiago Ávila, doctor en Economía, MBA por el IESE, ex militar de carrera y ex director general de corporaciones como Securitas o Eulen. Ahora, además de acumular un millón de seguidores en redes sociales con un discurso que es un puñetazo de realidad, acaba de publicar su último libro, Tontocracia (Pearson), una radiografía brutal sobre cómo el reino de la incompetencia simpática nos ha colonizado el cerebro.