El sueño lleva siglos trayendo por la calle de la amargura a la gente. El poeta Dante Alighieri, por ejemplo, sufría la necesidad insuperable de dormir. Su narcolepsia contrasta con la dificultad para pegar ojo del emperador Calígula o el filósofo Friedrich Nietzche.
Siempre ha habido gente capaz de quedarse dormida sobre el filo de un cuchillo. Personas que no son capaces de mantener ni trabajos ni relaciones personales porque se duermen en los momentos más inesperados.
Hay otros, en cambio, que sienten horror ante el hecho de dormirse. Y también existen los que pasan muchas noches en vela por el estrés, un jet lag persistente o demasiados años durmiendo o despertando tarde. La mitad de la población padece en algún momento de su vida algún trastorno del sueño.
El escritor, periodista y biólogo Henry Nicholls, que desarrolló narcolepsia a los 21 años, habla de todo este asunto en su último libro, Duérmete ya. Un ensayo sobre narcolepsia, insomnio y la importancia del sueño (Blackie Books) –recurriendo a centenares de entrevistas a pacientes, médicos y científicos, así como a historias clínicas y a sus amplios conocimientos en neurociencia–.
Cuando el autor empezó a desarrollar los primeros síntomas de la narcolepsia –que se cree que afecta a una de cada 2.500 personas–, acababa de obtener el grado en Zoología. Y se dedicaba, entre otras cosas, a vigilar leones en un safari –de hecho, se asustó al ver que era incapaz de controlar los ataques de sueño que sufría mientras desempeñaba la peliaguda tarea–.
Después de saber lo que le pasaba, decidió dedicar su vida a entender su problema, que, en mayor o menor medida, es el de tanta gente. Un desorden que puede manifestarse a cualquier edad y que afecta profundamente a las personas porque les impide llevar una vida normal. Y lo peor de todo: un problema para el que, a día de hoy, no hay cura.
«La narcolepsia y todos los trastornos del sueño representan un desafío importante para la vida cotidiana», cuenta el autor. «Disminuyen la capacidad del cerebro para funcionar correctamente durante la vigilia, debilitando funciones cognitivas básicas como la memoria, lo que afecta al estado de ánimo y la motivación. Si esta es tu vida, día tras día, no pasa mucho tiempo antes de que seas una persona muy distinta, comportándote de manera diferente solo para sobrevivir».
Nicholls asegura que en la aparición de la maldita narcolepsia conspiran varios factores. «Hay un pequeño componente genético (algunas personas son vulnerables debido al ADN que heredaron) y también existen tensiones ambientales, como las enfermedades infecciosas», comenta.
El periodista explica también que, para la mayoría de las personas con narcolepsia, la causa de la afección parece ser autoinmune. «Eso significa que una infección como el virus de la gripe se maneja mal y su sistema inmunológico termina eliminando una población de células increíblemente importantes en su cerebro, una constelación única de neuronas que controlan la vigilia, el sueño y mucho más».
Una vez que uno se queda sin ese grupo de células, apostilla, las veinticuatro horas del día ya no se «dividen de manera ordenada» en dos fases de vigilia y sueño, «sino que el cerebro, simplemente, sufre un cambio repentino entre estos dos estados. Se duerme durante el día y se despierta una y otra vez a lo largo de la noche».
Si ya de por sí sufrir narcolepsia le complica la vida a uno, existen varias patologías ligadas a este mal que pueden ser, incluso, más devastadoras que la primera. De hecho, y durante décadas, los especialistas del sueño han hablado de la tétrada de la narcolepsia, los cuatro síntomas principales que se presentan en distintas combinaciones según las distintas personas: somnolencia diurna excesiva, cataplejía, parálisis del sueño y terroríficas visiones nocturnas o alucinaciones hipnagógicas.
Para su desgracia, Nicholls suele sufrir todas ellas, en distintas combinaciones.
En su libro cuenta que, en una ocasión, estaba en una estación de esquí, junto a una amiga. Se encontraba montado «en un telesilla sobrevolando una ladera pelada donde la nieve acaba de derretirse», a la espera de lograr ver alguna marmota. De pronto, vio una y se lo gritó a su colega. «Sin embargo, en lugar de pronunciarlas, arrastré las palabras, la cabeza se me desplomó sobre el pecho y mis esquíes resbalaron del reposapiés y empezaron a tirar de mi torso colapsado», narra en el libro.
Si sus bastones de esquí no se hubieran quedado atascados, su cuerpo se habría escurrido del asiento y tanto los bastones como él habrían «caído sobre la tierra embarrada desde una altura de unos diez metros».
Esto es la cataplejía, una enfermedad en la que una emoción (generalmente positiva) provoca que los músculos del cuerpo fallen, tal y como sucede durante una de las fases del sueño. Nicholls cuenta en su ensayo que, para mantener a raya al incómodo trastorno, ha tenido que aprender a reprimir cada emoción instintivamente.
Un mal bastante ignorado
Lo triste es que, hasta hace muy poco, el estudio del sueño había sido ignorado en los estudios médicos. Y las políticas de salud pública actuales siguen prestando muy poca atención a todo este tipo de trastornos.
«Las campañas de salud pública para combatir la obesidad, fomentar una mejor dieta o aumentar el ejercicio se basan en pruebas científicas sólidas. Si sigues el consejo, estarás más sano. Hará más probable que no mueras antes de tiempo. Se ha ignorado el sueño, pero este es casi más importante ya que el buen sueño sustenta todo», explica el periodista sin ningún atisbo de duda.
Nicholls tiene claro que dormir bien sigue siendo esencial para vivir más y mejor: «La falta crónica de sueño (habitualmente menos de seis horas por noche) le coloca en una categoría de alto riesgo de todo lo que puede salir mal con el cuerpo, incluida la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares, los derrames cerebrales, la obesidad, la diabetes tipo 2 y el cáncer».
Considera que debería haber mucha más educación sobre la importancia del sueño: «Mejorar tu sueño es probablemente el cambio de estilo de vida más importante que puedes hacer en beneficio de tu salud. Traerá beneficios en todos los ámbitos. Tómate el sueño en serio. Si crees que podrías tener un trastorno del sueño, consulta a un médico. Si crees que puedes mejorar tu sueño, pruébalo. Nada de eso es complicado, aunque es un proyecto serio que requiere consistencia y compromiso».
En gran medida, intentar escaquearse de estos fastidiosos trastornos parece una cuestión de voluntad:«Reducir el alcohol, la nicotina, la cafeína, hacer más ejercicio, evitar comer demasiado cerca de la hora de acostarse y mantener un horario estricto para despertarse (incluso los fines de semana) conducirá rápidamente a los resultados. Sentirás los beneficios».