Cuatro años dan para empezar una colección. No una colección de botellas, sino de miradas. La de una diseñadora gráfica, la de un estudiante de arquitectura, la de un estudio creativo… y, a partir de ahora, la de quien se atreva a imaginar la próxima etiqueta del Vi Novell del Celler Masroig.
La bodega acaba de abrir la cuarta edición de su concurso anual de etiquetas. Una iniciativa que, con el paso de los años, ha ido construyendo una suerte de archivo visual alrededor de una misma tradición. La decisión resulta especialmente llamativa en un sector en el que la identidad visual suele construirse a largo plazo. Las etiquetas se diseñan para permanecer, consolidarse y ser reconocibles a primera vista. El Vi Novell, sin embargo, ha optado por otro camino: cada nueva cosecha estrena una nueva etiqueta y convierte el cambio en una de sus señas de identidad.
El punto de partida, eso sí, permanece intacto. El Vi Novell es una de las tradiciones vinícolas más arraigadas de Cataluña. Su origen está ligado al espinjolament de la bota, la apertura de las barricas que históricamente coincidía con la festividad de Sant Martí, el 11 de noviembre, y que marcaba la llegada del primer vino de la nueva cosecha. Desde hace más de una década, el Celler Masroig se ha convertido en uno de los principales impulsores de la recuperación de esta costumbre.

Una nueva etiqueta, una nueva mirada
Hace cuatro años, la bodega decidió añadir un ingrediente más a esta tradición: una nueva lectura sobre un mismo ritual a través de la creatividad de los participantes en el concurso.
Ahora toca sumar una nueva mirada.
Hasta el próximo 31 de julio, diseñadores, ilustradores, estudios creativos y cualquier persona con inquietudes artísticas podrán presentar un máximo de dos propuestas. Desde la bodega animan a los participantes a evitar temáticas ya abordadas en otras ediciones y, sobre todo, a consultar las bases del concurso antes de presentar sus trabajos.
El jurado, formado por miembros del Celler Masroig y profesionales del diseño gráfico y la comunicación, anunciará su decisión el próximo 15 de septiembre.
Quien resulte ganador no solo recibirá un premio de 3.000 euros. También verá su diseño convertido en la etiqueta del Vi Novell 2026 y pasará a formar parte de una colección que crece al mismo ritmo que las cosechas.
Tres miradas y una misma tradición
Martí González Monés, estudiante de arquitectura de El Prat de Llobregat, fue el ganador de la primera edición. Después llegó Anaïs Pont, que encontró en la letra V un símbolo capaz de condensar múltiples significados: vino, vitalidad, victoria y celebración. Y la edición más reciente la firmó JAJAJA Studio, un estudio barcelonés de influencias italianas cuya propuesta, a base de colores vivos y trazos definidos, ponía el foco en la fraternidad y en la idea de reunirse alrededor de una mesa.


Hay algo que une a todas estas propuestas: ninguna ha intentado representar únicamente un vino, sino todo lo que ocurre a su alrededor. El final de la vendimia, la llegada de una nueva cosecha y una celebración compartida que vuelve cada noviembre.