Tras descubrir que Beethoven coló un chiste sobre pedos en la Segunda Sinfonía, no hemos podido resistir la tentación de rastrear las páginas de la enciclopedia más famosa de la Red en busca de otros virtuosos de la música con un sentido del humor un tanto escatológico. Nos hemos topado con Mozart, que no se queda corto con su poco conocida canción Chúpame el culo. Va en serio. Y no es el único descubrimiento impresionante que hemos realizado esta semana.
La Mona Lisa, al descubierto
Todos tenemos la imagen de su enigmática sonrisa en la cabeza, pero mucho más desconocido es el retrato en el que la afamada Mona Lisa muestra sus pechos. Obra de un discípulo del gran Da Vinci, Gian Giacomo Caprotti da Oreno (más conocido por su nombre artístico, Andrea Salai, y por su posible relación más allá de lo profesional con el maestro), la Monna Vanna podría estar basada en un lienzo de Leonardo que jamás ha visto la luz. La presunta imitación, no obstante, la tienes debajo de estas líneas.
El eructo más ruidoso de la historia
Hay récords Guinness para casi todo, pero algunos se llevan la palma de lo repugnante. Uno de los más groseros lo ostenta Paul Hunn, que se tiró el 23 de agosto de 2009 el eructo más escandaloso de todos los tiempos. Ni más ni menos que 109,9 decibelios. Para que te hagas una idea, escuchar un martillo neumático a una distancia de un metro es menos perjudicial para tus oídos.
Houston, tenemos un problema…
En los años 60, enviar señales desde el espacio no era una misión sencilla. Por cuestiones técnicas, el formato de vídeo que utilizaba el Apolo 11 no era compatible con los de uso común en televisión (NTSC, PAL y SECAM), así que las imágenes de la llegada del hombre a la Luna tuvieron que pasar por un proceso de conversión antes de llegar a todos los hogares. Se hizo de la forma más rudimentaria que te puedas imaginar: con una videocámara enfocando a un monitor de diez pulgadas. Los originales en formato SSTV jamás se han encontrado.
Un perro de Óscar
Se suponía que el guionista Robert Towne iba a dirigir Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos (1984), una adaptación de la famosa novela de Edgar Burroughs sobre el niño que creció en la jungla. Sin embargo, fue despedido tras el fracaso de su opera prima, Personal Best, y relevado por Hugh Hudson. A modo de revancha, Towne exigió que su nombre en los títulos de crédito fuera reemplazado por el de su perro. A la sazón, la película fue nominada a tres Óscar: uno de ellos, mejor guion adaptado. Sí, precisamente el que firmaba la mascota.
El nazi que acabó trabajando en Disney World
Hanns Scharff era el «maestro de los interrogatorios» de la Lutwaffe durante la Segunda Guerra Mundial. Siempre obtenía la información que precisaba, y lo más curioso es que jamás se sirvió de la violencia física para lograr que hablara un sospechoso. Tal era la calidad de su pacífico trabajo (teniendo en cuenta las circunstancias) que los servicios secretos estadounidenses le contrataron tras la contienda para mejorar sus técnicas de interrogatorio. Pero, al parecer, la tarea le acabó cansando: los últimos años de su vida los consagró al arte. Suyos son los mosaicos del castillo de la Cenicienta en Disney World.
Chúpame el culo
De título en alemán Leck mich im Arsch (que vendría a ser «chúpame el culo» en la lengua de Cervantes), este canon en si bemol mayor compuesto para ser cantado a seis voces, que se dice pronto, es sin duda la obra más controvertida de Wolfgang Amadeus Mozart. Se cree que el genio austriaco la escribió para sus colegas, pero también hay quien ha intentado aprovechar la canción para demostrar que el virtuoso sufría síndrome de Tourette.
Olor a viejo
Un estudio de malísima educación, publicado en 2012 por el Monell Chemical Senses Center de Philadelphia, demostró que la capacidad humana para extraer información como la edad o la salud de una persona mediante el olfato determina el característico «olor a viejo». No eran imaginaciones tuyas. Existe el aroma a geriátrico, la fragancia de la senectud. En definitiva, «un olor discernible de la axila de las personas mayores que los jóvenes consideran razonablemente neutral y no demasiado desagradable», en palabras del neurocientífico Johan Lundström.
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