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El ballet de personas gordas que hackea la danza

Alberto Velasco

Olvídate de la seda, de la fragilidad extrema y de los cuerpos que fingen no pesar. Lo que propone Alberto Velasco es una insurrección de la carne que desafía la dictadura de la ligereza. Este espectáculo no es una ocurrencia repentina, sino el resultado de años de un empoderamiento personal que se ha convertido en misión colectiva.

Como explica el propio creador, este proyecto nace de una necesidad profunda: «Usar la sensibilidad y belleza de los cuerpos gordos para recodificar los signos del ballet clásico y contemporáneo y glorificarlos». Velasco ha decidido dejar de esperar una llamada que nunca llegaba para tomar su propio lugar y convertir su presencia en un acto de resistencia: «Ya nuestros cuerpos son la política».

Alberto Velasco

SACRESIZE une la mística de La consagración de la primavera de Stravinsky con una denuncia frontal a la violencia estética contemporánea. Velasco busca «desactivar todas las ideas aprendidas de lo que tenemos de la danza, del ballet, de los cuerpos que bailan». Aquí el peso no es un enemigo, sino una herramienta de belleza.

Alberto Velasco

Alberto Velasco

Se celebra lo robusto y lo expandido, permitiendo que la carne genere su propio eco en lugar de esconderse. «Nosotros proponemos un movimiento con el brazo, pero es que la carne del brazo genera un eco y eso lo aprovechamos también». Es una apuesta por la «monumentalidad física» que obliga al espectador a mirar con empatía y a entender que la gravedad puede ser coreografía pura.

Alberto Velasco

Este dispositivo coreográfico huye de la mirada condescendiente de quien se acerca a la diversidad «como de safari» o para poner un simple check de inclusión en su carrera. Para el elenco, es una «consagración de los cuerpos gordos para elevarlos hacia el centro de una manera hermosa, tranquila y soberana».

Alberto Velasco

Alberto Velasco

Es un ritual de liberación que se planta en la Sala Negra de los Teatros del Canal (Madrid) hasta el próximo 7 de junio. Porque este ballet no es un evento pasajero ni una anécdota estética. Como sentencia Velasco con la rotundidad de quien reclama su espacio en la historia, «hemos venido para quedarnos».

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