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Del amor y otros números

Esta es la historia de dos gemelos. Apasionados de las cifras, ambos estudiaron contabilidad en las mejores academias y su dominio de los números era tal que su fama se extendió por todos los rincones del mundo. Trabajaban juntos en su propia asesoría, negocio que crearon con mucha ilusión. Y todo funcionaba de maravilla hasta que un día un cliente les hizo notar una pequeña diferencia entre ambos: aunque los resultados de sus cuentas eran los mismos, la escritura no.

Uno sugirió unificar criterios y pidió a su hermano que se adaptara a su forma de escribir. El otro estuvo de acuerdo en que había que establecer una norma común para los dos, pero en su opinión quien debía adaptarse a su normativa era su hermano y no al contrario. Y de esta manera tan tonta se enzarzaron en una tremenda discusión. La bronca fue tal que llegó a los tribunales.

El juez del caso tomó la idea de uno y la sumó a la idea del otro. Valoró los pros y los contras de ambas posturas y finalmente dictó una decisión salomónica que convenció a los dos hermanos. Los gemelos se abrazaron con mucho amor y firmaron la reconciliación y la paz para no volver a separarse nunca más.

Qué bonito, qué bonito, qué bonito el amor fraternal. Y qué sabia la RAE –cambiando de tercio- que ha sabido traer la paz a la ortografía de los números arábigos que dividía a los hispanohablantes de uno y otro continente.

En España hemos usado el punto como separador de los millares y la coma para los decimales. Sin embargo, en otros países es al contrario. Esto podía ocasionar errores de interpretación. Por ejemplo, en este caso 12.345 unos leeríamos «doce mil trescientos cuarenta y cinco», mientras que otros leerían «doce unidades con trescientas cuarenta y cinco milésimas».

Para evitar esto la RAE recomienda asumir las normas internacionales que establecen un espacio fino (espacio en blanco) para separar los grupos de tres dígitos en los números de más de cuatro cifras, siempre que no sean documentos contables. De esta manera, se use punto o se use coma siempre se entenderán estos como marcadores decimales. O sea, así: 15 258,25 = 15 258.25. Sencillo, ¿no? Pues no tanto. Ahora vienen las excepciones.

NO se usará nunca ese espacio cuando el número sea un año, tenga o no más de cuatro cifras (año 2012, el 987 a.C., el 40000 a.C.). Pero se usará si expresa cantidad de años (hace 40 000 años).

NO se usará en números que indican paginación, versos, columnas, etc. (página 12525, verso 1458). Pero , cuando el número expresa cantidad (sumario de más de 13 000 páginas).

NO se usará en numeración de textos legales o sus divisiones (Ley 12345, artículo 13456 del Código Civil).

NO se usará en la numeración de vías urbanas, códigos postales o apartados de correos: (28025 Madrid, apartado de correos 08080).

NO se usará en números que formen parte de códigos, identificadores, signaturas, registro, etc. (Reg. 96325, CIF 39834567-B, norma ISO-2000).

Ahora, todos como locos a buscar en qué parte del teclado está ese espacio fino…

Por Mariángeles García

Mariángeles García se licenció en Filología Hispánica hace una pila de años, pero jamás osaría llamarse filóloga. Ahora se dedica a escribir cosillas en Yorokobu, Ling y otros proyectos de Yorokobu Plus porque, como el sueldo no le da para un lifting, la única manera de rejuvenecer es sentir curiosidad por el mundo que nos rodea. Por supuesto, tampoco se atreve a llamarse periodista.

Y no se le está dando muy mal porque en 2018 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes, otorgado por la Asociación de Prensa de Valladolid, por su serie Relatos ortográficos, que se publica mensualmente en la edición impresa y online de Yorokobu.

A sus dos criaturas con piernas, se ha unido otra con forma de libro: Relatos ortográficos. Cómo echarle cuento a la norma lingüística, publicada por Pie de Página y que ha presentado en Los muchos libros (Cadena Ser) y Un idioma sin fronteras (RNE), entre otras muchas emisoras locales y diarios, para orgullo de su mamá.

Además de los Relatos, es autora de Conversaciones ortográficas, Y tú más, El origen de los dichos y Palabras con mucho cuento, todas ellas series publicadas en la edición online de Yorokobu. Su última turra en esta santa casa es Traductor simultáneo, un diccionario de palabros y expresiones de la generación Z para boomers como ella.

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