Las obras de Jean-Michel Basquiat te golpean sin disimulo. Para bien o para mal, resulta realmente complicado mostrarse indiferente ante cualquiera de sus cuadros. Como difícil es también buscar una definición para su estilo. Cómo hacerlo si ni siquiera él supo explicar en qué consistía. «No sé cómo describir mi trabajo porque no siempre es el mismo», respondió a esa pregunta en una entrevista de las escritoras Tamra Davis and Becky Johnston a mediados de los 80.

Nacido en Nueva York en 1960, Basquiat fue uno de esos llamados espíritus libres que entró a formar parte del club de los 27 (murió de sobredosis a esa edad en 1988). Su cabeza bullía y su poco amor a las normas y a lo establecido buscaba la manera de expresarse. Lo encontró primero en el grafiti y después en la pintura.
En sus obras hay una enorme mezcla de estilos. Este artista de orígenes haitianos absorbía cuanto veía y lo escupía después en un lienzo para revolver las conciencias. La televisión, los dibujos animados, las revistas, viejos libros de texto, conversaciones callejeras… cualquier cosa que viera o escuchara era susceptible de aparecer después en sus composiciones. Así lo aseguraba de manera lacónica en una de las escasísimas entrevistas que concedió en su vida.

Cuando el entrevistador le preguntó de dónde venían las palabras que salpicaban sin orden sus cuadros, el artista respondió sucintamente: «La vida, libros, televisión». Y cuando el entrevistador insistió buscando una respuesta más concreta, contestó: «Cuando estoy trabajando las oigo, ya sabes, y las suelto ahí».
¿Qué premisas son necesarias para convertirse en artista según la mirada de Basquiat? En Artsy han intentado dar respuesta a esto.
LOS MUSEOS SON LAS ÚNICAS ESCUELAS DE ARTE
Nunca fue un buen estudiante. Le importaba muy poco lo que le contaban en la escuela. Ni siquiera conseguía aprobar en las clases de dibujo de los muchas colegios e institutos que pisó durante su infancia y adolescencia. Lo que él quería aprender no se encontraba en esos lugares, sino en la calle. Y en los museos. «Nunca fui a una escuela de arte. Solo observaba y es así como creo que aprendí todo sobre arte: mirando».

Desde niño, su madre, una diseñadora gráfica puertorriqueña, le llevaba con frecuencia a visitar el Brooklyn Museum. Tanto es así que con solo seis años le dieron el carnet de miembro junior. Años después, en sus visitas a las principales pinacotecas de Nueva York, le acompañaba su amigo el grafitero y músico Fred Braithwaite, más conocido como Fab 5 Freddy.
Un día a la semana recorrían los museos de la Gran Manzana en lo que Basquiat denominó el «día del museo». «Íbamos al Metropolitan Museum y allí actuábamos como si fuéramos estudiantes de arte», explicó Braithwaite en una entrevista de 2006 para el catálogo Jean-Michel Basquiat: 1981, the Studio of the Street. «Sacábamos nuestros blocs de dibujo y hacíamos bocetos de cosas que nos parecían geniales».

Les interesaban todos los géneros del arte, desde pinturas de famosos artistas modernos hasta objetos forjados por antiguos artesanos; «artistas abstractos como Pollock, De Kooning y Rothko hasta antiguos maestros como Caravaggio», explicó Braithwaite en dicha entrevista. Después fusionaba todos aquellos bocetos con su «enorme arsenal de imágenes e ideas», en palabras de Braithwaite, que más tarde aparecería en sus dibujos y lienzos.
MEZCLA TUS REFERENTES
De sus visitas semanales al Metropolitan y otros museos, Basquiat absorbió la técnica y elementos característicos de sus artistas favoritos igual que se exprime el zumo de una naranja. Pero no se quedó solo con eso. También lo remezcló con símbolos extraídos de sus propias vivencias, de su manera de observar el mundo y cuanto le rodeaba: la música, el jazz, la televisión, el béisbol, la calle, los libros de texto y de historia…

Exposition Jean-Michel Basquiat à la fondation Louis Vuitton à Paris. Photo: Yann Caradec
Normalmente pintaba mirando la televisión y rodeado de todo tipo de materiales, susceptibles de pasar a formar parte de su cuadro. Sus vivencias como niño negro en el Brooklyn de los años 70, sus orígenes haitianos, el pasado afroamericano, frases extraídas de un libro de texto o de historia, algún eslogan de un anuncio de revista… Todo se mezclaba con el sentido de la composición de grandes artistas como Picasso, Dubuffet, Twombly, Kline, Rauschenberg, el propio Warhol, Pollock… y con clásicos como Caravaggio.

«La gran fuerza de Basquiat es su habilidad para fusionar las imágenes que capta en las calles, los periódicos y la televisión con la espiritualidad de su herencia haitiana, para inyectar ambas cosas en una comprensión maravillosamente intuitiva del lenguaje de la pintura moderna», dijo de su estilo Jeffrey Deitch en la crítica que escribió sobre la primera exposición en solitario de Basquiat en 1982 en la Annina Nosei Gallery de Nueva York.
«Siempre usó un simbolismo sencillo para explicar situaciones complejas», comentó una vez su padre de su estilo. Y el propio Deitch concluyó sobre él: «Los lienzos de Basquiat son telas estéticas que atrapan las fugas de una mente que palpita. El succiona los posos de la cultura y los escupe a lo largo de un lienzo perturbadoramente transformado».

SI NO ESTÁS DE ACUERDO CON EL ‘ESTABLISHMENT’, CRITÍCALO SIN MIEDO
Él así lo hizo, aunque acabara, de alguna manera, entregado a ese mismo sistema que criticaba y despreciaba.
Junto a su compañero de clase Al Díaz, Basquiat usó las paredes y muros de Nueva York como primer lienzo en el que expresar su inconformismo. Se hicieron llamar SAMO, acrónimo de same old o same old shit (lo mismo de siempre o la misma mierda de siempre), y llenaron las paredes del Soho con sus mensajes anticapitalistas y antisistema a través de mensajes poéticos y crípticos. Frases como «SAMO © salva idiotas», «SAMO © pone fin al lavado de cerebro religioso, la política de la nada y la falsa filosofía», «SAMO © por la llamada vanguardia» o SAMO© es un fin para confinar los términos del arte cabalgando en los fondos de inversión de papá».

«¿Sabías entonces que ibas a dejar de hacer grafitis y empezar a pintar en lienzo? ¿Tenías idea de que ibas a entrar en el circuito de las galerías de arte?», le preguntó Becky Johnson en la entrevista ya citada. Y Basquiat respondió: «Estaba más interesado en atacar ese circuito en esa época. No pensaba en pintar, pensaba en burlarme de los cuadros que había allí más que en pintar. Apenas había arte cuando llegué y me confundió un poco. Pensé que separaba a la gente en parte. Creí que eso alejaba a mucha gente del arte».

Exposition Jean-Michel Basquiat à la fondation Louis Vuitton à Paris. Photo: Yann Caradec
Cuando Basquiat observó la gran atención que empezaba a ponerse en aquellos grafitis de SAMO, decidió acabar con ello con una última frase: «SAMO © is dead». Dejó las calles y pasó a trabajar en estudio; sin embargo, no abandonó nunca aquel espíritu de denuncia que latía en sus grafitis.
Sus obras están llenas de iconografía y palabras que expresan la lucha racial, que hablan de la esclavitud y de su interés por el pasado afroamericano, su orgullo y su vida cotidiana como negro en Brooklyn y su crítica al capitalismo. Y en gran parte de ellas, como en Asquerosos liberales, hace un llamamiento a la libertad y a la igualdad.
BUSCA MENTORES Y PERSÍGUELOS
Contar con el respaldo de alguna figura consagrada del mundo del arte o con un personaje influyente dentro del circuito de galerías de arte facilitará, qué duda cabe, que la carrera artística de cualquiera despegue y vuele alto. Basquiat lo sabía. Por eso no dudó en acercarse a Warhol, por quien sentía fascinación, cuando le vio junto al curador del Met en uno de los bares de moda de Nueva York.

Exposition Jean-Michel Basquiat à la fondation Louis Vuitton à Paris. Photo: Yann Caradec
En aquella época el artista de Brooklyn se buscaba la vida en las calles vendiendo postales y camisetas que él mismo pintaba y decoraba. Cuando pasaba frente a la ventana del bar vio a Wharhol y entró, yendo directo hacia él. Sin titubeos, le mostró su trabajo.
El genio le compró una de aquellas postales por un dólar y así comenzó una relación que sería muy fructífera para Basquiat, y también para el propio Warhol, quien reconoció haber vuelto a coger los pinceles gracias al él. Warhol introdujo a Basquiat en la complicada red de galeristas, críticos, curadores y artistas que le auparían al reconocimiento que tuvo hasta su muerte.