Hace un par de años, Smartplayhouse nacía con la intención de acabar con este tópico y demostrar que los juguetes más entretenidos pueden llegar a gustar, y mucho, a sus padres. Sus casitas infantiles son un claro ejemplo. “La idea de crear una empresa especializada en el diseño y fabricación de casitas de juguetes surgió en 2008 durante un viaje a Dinamarca. Allí comprobé la cantidad de hogares que tenían en el jardín una casita de este tipo. Aunque la mayoría tenían diseños bastante tradicionales”.
“Por aquel entonces –continúa David Lamolla, fundador de la compañía– mi hija era aún pequeña pero me dije a mí mismo que cuando fuera algo mayor me gustaría que dispusiera de un espacio propio de ese tipo”.
Y como David es arquitecto se puso a pensar en posibles diseños. Todos ellos tenían algo en común: eran bastante menos convencionales que los que había visto en su visita a Dinamarca, más estéticos y funcionales y, además, fabricados con materiales nobles. Así nacía Smartplayhouse.
El objetivo del proyecto, según Lamolla, era hacer un producto ambivalente “bonito para los padres pero divertido para los niños”. Lejos de pretenciones porque el arquitecto es consciente de que las casitas de juguetes, con independencia de su diseño, del material con el que estén fabricadas y de ‘lo verde’ que sean, resultan divertidas a los niños. “Ellos no son capaces de apreciar este tipo de detalles. Lo que quería, simplemente, es que nuestras casas gustaran también a los padres. Que fueran un juego, que fueran divertidas (¡incluso, ya desde su montaje!) pero que también fueran bonitas, que quedasen bien en el jardín, que estuvieran hechas con buenos materiales y que fueran respetuosas con el medio ambiente”.
Para el fundador de Smartplayhouse, las casitas infantiles suponen una herramienta para el desarrollo cognitivo y social de los niños: “Con ellas disponen de un espacio propio. Allí tienen su orden, está todo a su medida, pueden aprender a ordenarse. Con lo cual refuerzas su independencia pero también su capacidad de compartir”. En el caso de los países nórdicos, señala Lamolla, donde este juguete cuenta con una larga tradición, la media de edad con la que los jóvenes suelen independizarse ronda los 18 años… “Puede que las casitas no sean la razón pero también puede que sí guarde alguna relación con este hecho”.
Y ¿qué pasa con España? ¿Por qué no es tan frecuente encontrar estas casitas en los hogares? “Es un tema de tradición, aunque no sé cuál es el motivo concreto”, explica Lamolla. “De hecho, aquí disponemos de más horas de sol para disfrutar de estas casas. Sin embargo, en los países nórdicos y otros países europeos o en EEUU disfrutan más del jardín, le sacan más provecho a pesar de que cuentan con menos horas de buen tiempo”.
Este artículo fue publicado en el número de Junio de Yorokobu