Para quienes se dedican al oficio de la infografía, Tufte es un nombre familiar. Para los que no estén en el ajo —o en el pixel—, digamos que si James Brown es el padrino del soul, Edward Tufte es el padrino de la infografía.
Se estima que siete ejemplares de The New York Times contienen más información que la que una persona del siglo XVIII recibía en toda su vida. Y como si eso no bastara, este año se generarán otros cuatro exabytes de datos nuevos; es decir, más que en los últimos 5.000 años (un exabyte equivale a 1018 bytes). ¿Pero qué significa todo esto?

Que si nos cuesta imaginar un exabyte, también nos cuesta visualizar otras cifras similarmente vastas. Y ahí entra en escena Tufte, poseedor de las dotes ideales para los tiempos en que vivimos. «Él sabe cómo convertir océanos de información en canales navegables calmos y pintorescos», comenta la periodista Deborah Shapley.

En medio de esta turbulencia es fácil pasar por alto muchos datos, no comprender las escalas y obviar las interacciones. Y, por tanto, no imaginar las conclusiones importantes que pueden obtenerse de ellos para entender en profundidad un tema complejo. «La confusión es un fallo del diseño, no un atributo de la información», reitera el profesor Tufte.
El gráfico ideal es aquel que no desperdicia ni espacio ni tinta, que evita las distorsiones y comunica numerosos datos dentro de un marco contextual comprensible. Por eso el profesor considera la ‘infografía’ del francés Charles Joseph Minard «uno de los mejores gráficos estadísticos jamás creados».

El mapa de Minard relata visualmente la desastrosa invasión de Rusia por parte del ejército de Napoleón en 1812: el recorrido de la larga marcha, las fuerzas decrecientes del ejército y las gélidas temperaturas durante la mortal retirada en la que los franceses escapaban del más hábil estratega ruso: ‘el general invierno’.

Cualquiera que estudie en detalle dicho gráfico notará además el nombre y el lugar de cada batalla, la hidrografía de la región y hasta el número preciso de tropas y sus desplazamientos durante las distintas etapas de la campaña.
Un ejemplo moderno que deja al espectador boquiabierto es Fallen, la infografía animada de Neil Halloran sobre las cifras de víctimas civiles y militares durante la Segunda Guerra Mundial. Es muy fácil hablar de ‘miles’ y de ‘millones’, pero la infografía de Halloran traduce las cifras en imágenes indiscutibles.
Bonnie Scranton, ex directora de infografía de Newsweek y asistente de Tufte durante tres años, explica: «Estamos viviendo una explosión informativa. Por eso el profesor también se ha convertido en referente para científicos, profesionales y hasta especialistas del rock que hasta hoy no habían tenido la necesidad de ponerse a diseñar».

Pero las herramientas gráficas que hoy tenemos a nuestro alcance y la facilidad de acceder a bancos de datos imposibles de obtener en el pasado han hecho proliferar modos de representar la información con serios fallos en su concepción. Esa influencia definitoria a la hora de procesar la información se denomina estilo cognitivo. «Excel no tiene un estilo cognitivo, Word no tiene un estilo cognitivo, PowerPoint sí lo tiene», sentencia el profesor.
Esto quedó en evidencia la fría mañana en que ocurrió el siniestro del transbordador espacial Challenger. El material de las juntas de combustible sólido de la nave tenía una particularidad: perdía elasticidad con el frío. Esa mañana, una junta se endureció, se resquebrajó y produjo la explosión. Las cifras de esas variaciones en flexibilidad siempre estuvieron disponibles para los ingenieros, pero estos no supieron distinguirlas.

«El estallido del Challenger no fue culpa de la falta de información, sino de cómo PowerPoint la presentó: dividiendo la argumentación en pequeños fragmentos y frases cortas». PowerPoint es la némesis personal del profesor. Tufte prosigue: «Hay muchas explicaciones complejas que no entran en una pantallita de PowerPoint».
Para él, el programa no es la metáfora ideal para representaciones como esas. Una lista de datos resaltados o de bulletpoints no basta para revelar la enormidad de datos y las conclusiones significativas que debieran poder extraerse. Tufte cree que ese estilo enumerativo pertenece más bien al ámbito televisivo.

Y está convencido de que brindar información de forma clara y concisa es algo mucho más cercano a la enseñanza. Incluso sostiene que las típicas infografías del mundo empresarial también deberían ser contempladas desde esa perspectiva. El objetivo es, al fin y al cabo, el mismo: intercambiar información, razonar, resolver problemas.
«¿Para qué hemos venido a esta reunión si la proporción de información intercambiada es tan baja?», dice el profesor Tufte citando a Louis V. Gerstner Jr., entonces CEO de IBM. Lo mismo ocurre con la información cuando la proporción de datos intercambiados con el lector también puede ser muy baja.
Una infografía sobrecargada por elementos innecesarios suele ser evidencia de un problema mayor: el diseñador no tiene idea del tema en cuestión. Tufte entra a matar: «Un gráfico bien diseñado es claridad de pensamiento hecha visible. Uno mal diseñado es estupidez hecha visible».
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La excelencia gráfica es aquella que le brinda al lector la mayor cantidad de ideas en el periodo más breve, con la menor cantidad de tinta, y en el menor espacio.
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El profesor sabe de lo que habla. Primero se ganó un lugar de prestigio en el campo de la estadística y mucho más tarde en el ámbito del diseño gráfico. Así fue cómo terminó convirtiéndose en un referente en el campo de la infografía.
Y como sus editores no le permitían participar de la producción de sus libros, hipotecó su casa para fundar su industria unipersonal, la editorial Graphics Press, que ahora dirige desde el garaje de su casa.
A partir de la autopublicación de su clásico The Visual Display of Quantitative Information (1983), ha escrito otras tres obras especializadas: Envisioning Information (1990), Visual Explanations (1997) y Beautiful Evidence (2006). Además del ensayo crítico The Cognitive Style of PowerPoint (2003).

Aunque se toma unos siete años entre libro y libro, su intensa actividad no cesa: dirige su editorial, da unas treinta ponencias al año y mantiene un fluido diálogo con los especialistas de la disciplina que ayudó a crear, hoy rebautizada information design.
Tufte es una voz autorizada que los grandes profesionales toman en cuenta. Amanda Cox, directora de Upshot, una sección de The New York Times dedicada a brindar noticias, análisis y gráficos sobre una variedad de temas, recibió elogios de Tufte por su elegante infografía acerca de nuestro futuro económico. Pero Cox también recibió un par de consejos del profesor. Tufte sigue siendo Tufte.
Los años han pasado desde la aparición del mapa de Minard, desconocido como tantos otros de sus trabajos antes de que el profesor lo desenterrara de los archivos. Sin embargo, hoy el famoso mapa de la era napoleónica es reconocido y estudiado en el mundo entero. De hecho, el propio Tufte lo utiliza en sus seminarios para explicar en detalle los fundamentos de la disciplina que intenta guiarnos por los océanos de la información infinita.

Los 6 fundamentos del diseño analítico:
1) Una infografía debe comparar, contrastar y señalar diferencias.
2) Debe explicar causalidad, subrayar mecanismos, dar explicaciones y poner en evidencia patrones sistemáticos.
3) Debe ser multivariable; es decir, suministrar más de una o dos variables.
4) Debe integrar palabras, cifras, imágenes y diagramas en un único elemento.
5) Debe llevar un título ilustrativo, describir la evidencia en profundidad e indicar nombres de autores y patrocinadores. Deberá documentar fuentes, indicar escalas de medición completas y subrayar los puntos relevantes.
6) El éxito o el fracaso de una presentación analítica depende de la calidad, relavancia y veracidad de su información.
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Muy buen artículo. Te felicito. Un placer leerte.
Gracias.
Fantástico artículo. ¡Y qué maravilla la infografía de la Segunda Guerra Mundial…!
Estupendo artículo. Ahora, sería genial otro de Jacques Bertin y su semiología gráfica.