El bosque vertical de la calle Berlín

Las ciudades se renuevan. Caen edificios que ya no cumplen con su función y dejan huecos. Los desarrollistas planeamientos de hace décadas dejaron muy poco espacio para ver algo que no fuese hormigón y ladrillos. Pero hay solución si, en lugar de mantener la vista en el eje X, la alzamos sobre el eje Y. Capella García Arquitectura ha convertido una gris medianera en un jardín vertical en la calle Berlín de Barcelona.

Por mucho que se intenten maquillar las cifras, lo cierto es que el rápido crecimiento que tuvieron ciudades como Barcelona durante el pasado siglo dejaron de lado el nimio detalle de que sus habitantes tenían que respirar. Esa situación, que no se tuvo en cuenta, deja ahora un problema que requiere de soluciones imaginativas por obra y gracia de la complicación que encierran.

El problema es que, por mucho que se intente, no hay espacio. Los edificios en desuso se derriban para ser renovados, no para entregar sus solares a dotaciones como zonas verdes. Esto no ocurre siempre de esta manera y, en los extraños casos en que se da una circunstancia aprovechable para lavar la cara de la ciudad, sería de necios no aprovecharla.

Paisatge Urbá, la entidad del ayuntamiento de Barcelona que se encarga de estos asuntos, pensó que se podía poner ropa digna a las medianeras de la ciudad y han comenzado por una en la calle Berlín 109, en un esquina entre Sants, Les Corts y la Esquerra de L’Eixample. «Querían ir más allá de las intervenciones planas gráficas. Nosotros colaboramos dando una forma física concreta. Pero el concepto es lo realmente interesante, crecer con jardines verticales. A fin de cuentas se ven más que los horizontales». Lo explica Juli Capella, un de los fundadores del estudio de arquitectos que se ha encargado del proyecto.

«El objetivo era poner verde en vertical de forma fácilmente mantenible», cuenta. Por eso optaron por una solución formada a base de bancadas horizontales, apiladas en varios pisos y accesibles mediante escalera. De esta manera, evitaban que el riego y mantenimiento se encareciese con el uso de maquinaria específica para acceder a los niveles más altos. «Evidentemente tiene un coste superior a un jardín normal. Hay que construir una estructura autónoma, que no se apoye en el edifico que protege. Pero si analizamos sus beneficios ambientales y visuales, creo que son proyectos precisamente baratos. Con poca inversión puedes cambiar la fisonomía de un espacio y mejorar el clima del vecino limpiando el aire de todos», dice Capella.

Las ventajas de la solución son evidentes y habituales en estructuras similares a esta. «Son auténticos pulmones, su masa verde limpia el aire y filtra las partículas contaminantes en suspensión. Además, crea un microclima que protege la vivienda posterior, evitando el excesivo calor en verano y el frío en invierno. También se trata de un nido de biodiversidad animal, con insectos y pájaros», señala el arquitecto.

Calella ha bautizado intervenciones como esta con el nombre de vegetectura, «es decir de una arquitectura vegetal, que traiga de nuevo el bosque hacia las ciudades». Para el creador del proyecto, lo verde ha de reconquistar el espacio ciudadano que un día perdió. «Barcelona cuenta con un ratio de verde por habitante muy bajo (si no hacemos demagogia y contamos Collserola y los alcorques). Faltan jardines. Bienvenidos sean horizontales, verticales o inclinados», declara.

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Patrick Thomas

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