Si creemos que el objetivo de las entidades de gobierno es mantener al ciudadano sometido y dependiente de sus estructuras, podemos hacer varias cosas. Una es llenar nuestra casa de armas automáticas para cuando la cosa se ponga fea. por suerte, nos encontramos en un lugar donde la regulación en la tenencia de este tipo de herramientas está más o menos controlada. La otra es desarrollar una serie de infraestructuras que permitan al ciudadano no depender directamente de terceros.
El proyecto Guifi.net, «el internet paralelo más grande el mundo después de internet», como lo califica David Martínez, uno de sus impulsores en Euskadi, se creó con la intención de que fuese el propio ciudadano el dueño de los canales por los que transmite su información. El asunto, que tiene evidentes ventajas en caso de revueltas civiles, usos para actividades económicas o apocalipsis zombie, va más allá de su aplicación tecnológica. «Debemos dar a las personas alternativas libres a lo que se está usando. Tenemos que enseñarles a crear y mantener sus infraestructuras», explicó Martínez durante la presentación del proyecto en las jornadas organizadas por Irekia el pasado sábado en Bilbao. «Creemos firmemente que tenemos que empoderar al ciudadano en el uso de las tecnologías. Nos guste o no, trabajamos en la casa del enemigo».
Cuando estalló la Primavera Árabe, las redes sociales canalizaron el descontento de la población y sirvieron de plataforma de organización de muchos ciudadanos. Sin embargo, servicios como Twitter sufrieron apagones como consecuencia de órdenes gubernamentales. «Si dentro de Guifi.net tuviéramos un Twitter sería mucho más difícil de cortar porque es una red distribuida y no una red centralizada donde hay un único nodo distribuyendo la información», dijo David Martínez.
Guifi.net nació en Cataluña, hace más o menos una década. Dos hermanos, que vivían en casas rurales próximas pero diferentes, querían comunicarse en red. En aquel tiempo, la implantación de internet en zonas rurales era sensiblemente más reducida que la actual. Eran los años en los que las antenas se construían con un bote de Pringles y un hilo de cobre. Ahora, las antenas son profesionales, la red cuenta con más de 16.000 nodos y eso la convierte en la mayor red wifi del mundo. «Es un internet alternativo, no sólo como a nivel tecnologíco sino de servicios. Ofrecemos voip, vídeo, radio, streaming, etc. a velocidad de red local», señaló Martínez.
La distribución de la red dificulta al máximo su neutralización. «Habría que destruir físicamente las antenas», contó el vasco. «Al ser una red distribuida, si se rompe un nodo, las antenas que están conectadas a este buscarían alternativas».
Más allá de la independencia del sistema, cuenta con la ventaja añadida de que puede llevarse a sitios remotos que están dejados de la mano de dios de las grandes operadoras. «A ninguna le conviene gastar 5.000 euros en un poste de teléfono en medio del campo en Azkoitia. Nosotros podemos el acceso a internet donde los ISP no quieren invertir».
La iniciativa, que está llevando a cabo sus primeras implantaciones en Euskadi, basa su naturaleza en la filosofía libre. De hecho, aplican las cuatro libertades del software libre, ligeramente adaptadas a la naturaleza del proyecto.