Murs Lliures: liberar los muros para fomentar el graffiti en Barcelona

Durante muchos años Barcelona fue una de las capitales mundiales del graffiti, al nivel de Nueva York o Londres. Artistas de todo el mundo peregrinaban a una ciudad bastante permisiva con este tipo de arte, en la que acabaron pintando, e incluso viviendo, algunos de los artistas más famosos a nivel internacional de este tipo de arte.
Pero luego todo cambió. Las ordenanzas municipales se fueron endureciendo y sobre todo aplicando, el presupuesto del Ayuntamiento para borrar graffitis subió como la espuma y la policía dejó de hacer la vista gorda. Esto provocó que los artistas extranjeros se fueran marchando y que los locales tuvieran que desplazarse a otras localidades donde tenían más tiempo de hacer sus obras más elaboradas sin ser multados.
Quizá las experiencias vividas en lugares como Philadelphia o Wynwood, un barrio de Miami donde el arte urbano ha conseguido regenerar barrios y crear un auténtico circuito artístico (además de atraer riadas de turistas interesados por ello), ha ayudado para que las autoridades municipales comiencen a abrir un poco la mano, apostando, aunque todavía de forma tímida, por la recuperación de este activo de la ciudad que prácticamente se había perdido.
Uno de los proyectos más interesantes sobre este tema es Murs Lliures, que trabaja con el Ayuntamiento para “liberar” muros, en los que los artistas pueden expresarse libremente, sin prisas y sin miedo a que aparezca un coche patrulla. Hemos hablado con Marc García, representante de la asociación Rebobinart, la plataforma artística que está detrás de este proyecto, para saber más: “Murs lliures es el resultado de diferentes proyectos de liberación y gestión de espacios. Hace tres años montamos Persianes Lliures y empezamos a experimentar con el proceso de gestión de espacios públicos para la intervención artística, entonces tuvimos muchos problemas tanto a nivel logístico como legal. Después de aprender varias lecciones, fue cuando comenzamos a buscar muros”.
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Uno de los aspectos que más llama la atención del proyecto es cómo consiguieron convencer a un Ayuntamiento como el de Barcelona, que dedica una fortuna a evitar y limpiar los graffitis, de que permitiera estas pequeñas islas de creatividad. “Todos los ayuntamientos tienen una actitud parecida. Lo más fácil es prohibir, con lo que supongo que se ahorran muchos quebraderos de cabeza”, nos explica Marc. “No sé si en realidad puede decirse que los convencimos, lo que hicimos fue presentarles un proyecto global, de ciudad, hablando de ‘arte urbano’, no de graffiti. Destacando que en nuestro proyecto no solo participan artistas urbanos, sino que hemos implicado a universidades, artistas, diseñadores y gente que no había pintado nunca. Está claro que si los ciudadanos pueden participar en la creación o construcción de su propia ciudad, la sentirán más suya. Con estos conceptos y tras muchas reuniones al final conseguimos que el Ayuntamiento de Barcelona nos diera su apoyo”.
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El trabajo no es fácil. Hasta ahora, el proyecto ha conseguido liberar 4 muros, uno en una de las mecas barcelonesas del skate, el Parque de las Tres Chimeneas y otros tres en el Distrito de Sant Martí, al norte de la ciudad, pero planean extenderse mucho más. “Estamos pendientes de muchos muros, lo ideal sería poder disponer de uno o dos espacios en cada barrio, pero el proceso para conseguirlo es lento. La cantidad de muros no depende solamente de nosotros sino de la necesidad de ellos, cuantos más permisos para pintar se soliciten y más obras se suban a nuestra web, más fácil será convencer a quienes toman las decisiones de la necesidad de más espacios”.
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La idea es que cada semana dos artistas puedan pintar en cada uno de los muros disponibles, decidiendo ellos mismos dónde quieren pintar. “El arte en la calle dura lo que dura, el artista es quien va a crear la obra y sabe el espacio que necesita y quien se convierte en juez en ese momento tapando otras obras. Entre los grafiteros existe una especie de código interno según el cual nunca pintan encima de una obra que no pueden superar”, explica Marc, que cree que esta especie de ‘darwinismo grafitero’ es una característica básica y que aporta valor a Murs Lliures. “Lo que hace más fuerte al proyecto es que la evolución del muro y sus cambios constantes hacen que siempre que pases cerca lo mires por si hay alguna cosa nueva. Si la obra fuera permanente perdería el valor y la atención de los que lo rodean. Estos muros están vivos, sufren modificaciones parciales o globales semanalmente realizadas por artistas muy diferentes”.
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Cualquiera puede apuntarse para utilizar los muros de la asociación, simplemente hay que rellenar un formulario y elegir el día en el que quieres ir a pintar, es un proceso muy sencillo y abierto. “Hay gente de todo tipo y obras de todo tipo y para todos los gustos, no importa si eres un chaval de 15 años o un artista consagrado, todo el mundo es bienvenido”. Después la calle dictará sentencia.
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Patrick Thomas

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