Lo hemos conseguido. Ya estamos aquí. Si estás leyendo estas líneas es porque o bien has sobrevivido al letal año 2016, o bien, por cualquier motivo, puedes leer después de muerto. Eso es indiscutiblemente una ventaja mucho mayor que cualquier otro beneficio post mortem, como dejar de padecer a Eduardo Inda y Álvaro Ojeda.
Ya estamos en 2017, el año en el que ya no morirá nadie o cuanto menos y según Twitter, un número más reducido de personas reseñables que en 2016. A pesar de que el número de famosos sea mayor y de que tus ídolos sean más viejos.
Los que no nos vamos a morir somos nosotros, que tenemos una revista que entregar cada primer día de mes. Este enero lo hemos hecho el segundo día porque el primero teníamos sueño, pero el resultado es el mismo: un Yorokobu en papel con portada pintona, cosicas buenas escritas dentro y dibujitos y fotos fetén.
Ya sabemos que no es obligatorio comprarla, pero si ves que no puedes resistir el impulso, es tan sencillo como pulsar este botón de aquí abajo, que ya sabes que los gastos de envío los pagamos nosotros.
Europa se viene abajo. Lo dice un libro pionero en su narrativa y cíclico en su mensaje. Los petardazos no surgen de la nada. Aparecen cuando nadie los quiere ver ni remediar. La grieta es una radiografía, en fotos y bocadillos, de las fisuras que están rajando el mundo que nació de la Unión Europea y las democracias actuales. Carlos Spottorno y Guillermo Abril acaban de publicar este documento histórico después de tomar 25.000 fotos de viajes y escribir 15 cuadernos recorriendo las fronteras de Europa.
Los estudios muestran que cuando la productividad es difícil de calcular (por ejemplo, en el sector servicios), las empresas y los jefes asumen que una mujer es menos productiva y valiosa que un hombre. ¿Es necesario que ataquen a nuestras parejas, madres o hijas para romper nuestro muro de silencio?
El rebranding de los partidos de extrema derecha está en marcha. «Se han distanciado de los skinheads, neonazis y homófobos. Han adoptado causas progresistas de la izquierda como defender los derechos de los homosexuales y las mujeres o el estado del bienestar ante la ‘invasión del Islam’», Sasha Polakow-Suransky, The Guardian. La estrategia parece estar dando sus frutos.
Audrey Tang no pertenece a ningún partido político. No le hizo falta para convertirse en la ministra Digital de Taiwán a finales del verano pasado. Mereció el cargo porque dos años antes tuvo la valentía de tomar el Parlamento para explicar a su Gobierno que no iban a tolerar que negociaran un tratado de libre comercio con China a sus espaldas. En secreto y a puerta cerrada.
Tang se define como anarquista conservadora pero admite pocas etiquetas más. Ni hombre, ni mujer; ni joven, ni vieja. Esta taiwanesa se describe como posgénero. Da igual que tenga 35 años o que al nacer pensaran que era un niño. Ella quiere que la valoren sólo por sus ideas.
¿Merecen los impuntuales torturas sin piedad? Hay días que lo pensamos. Nos sentimos culpables, pero lo pensamos.
No, no es el chándal ni el pijama, aunque seamos talibanes de ambos atuendos. En Japón, los profesores impulsan a sus estudiantes para que construyan su propio yo, del que tienen que deshacerse de repente para pasar por el filtro del mercado laboral. Se visten todos de la misma manera y se convierten en unidades en serie.
Coristas con cascos espaciales, gatos con tupé, hombres con cabeza de naranja… Todo es posible en el universo de Florence Hauchard, un lugar que él sitúa a medio camino entre la magia y la diversión.
Entre esas plantas hay dos historias. La de los creadores del jardín vertical que dio origen a la cubierta y la del ilustrador que finalmente lo plasmó en papel. Aquí tienes las dos, la de Low Plants y la de José Manuel Hortelano-Pi.
[…] leyendo El Piensódromo del Yorokobu de papel de este mes de enero y, a estas horas, Bob Dylan estará gastándose la pasta del Nobel en sombreros como los de Juanito […]