De las muchas perspectivas desde las que se puede ver la desigualdad, pocas son tan evidentes e impactantes como la del cielo. El mundo nunca es igual si se mira desde arriba. La forma sinuosa de las montañas desde las alturas incita a visualizar cómo se formaron. No es tan fácil ver la tierra plegándose y rompiéndose cuando se toca suelo como desde el cielo. No se puede distinguir a las personas que habitan los lugares que alcanza la vista, pero la imaginación comienza a trabajar, y es inevitable ver las cosas de otro modo. Tampoco hace falta irse demasiado lejos. Basta con subir un poco.
El fotógrafo Johnny Miller dejó Seattle (Estados Unidos) para irse a vivir a Sudáfrica en 2011. Allí optó por buscar esta desigualdad desde lo alto. Valiéndose de drones, comenzó a fotografiar lo que veía y descubría. «La fotografía desde drones es interesante porque permite a la gente descubrir una nueva perspectiva de los lugares que ellos creían conocer. Los humanos tenemos esta increíble habilidad de pensar que conocemos una situación, habiéndola visto muchas veces desde la misma perspectiva», explica Miller a Yorokobu.
Johnny Miller llegó a Ciudad del Cabo con una beca para estudiar antropología y en aquellas clases comenzó a interesarse por la antropología urbana; por cómo había ido creciendo la ciudad, especialmente el modo en el que se construía durante el apartheid. «Hay una tierra de nadie enorme que fue creada para apartar a diferentes grupos étnicos. Aquello me pareció fascinante y, cuando conseguí el dron, tuve una chispa de inspiración que me empujó a capturar esas separaciones desde una nueva perspectiva», relata. Entre la infinidad de fotos aéreas de Ciudad del Cabo que el fotógrafo conocía, no encontró ninguna que tratara temas sociales.
Fue con el dron al límite entre Masiphumelele y Lake Michelle porque le pareció el ejemplo más dramático de asentamiento informal. Su intención era la de perturbar el sentido de complacencia que había percibido entre la gente privilegiada de la capital sudafricana a la que fue conociendo.
Después de años fotografiando personas, mostrando sus sufrimientos y sus historias, Miller vivía con la sensación de que a nadie le importaba. Sólo cuando empezó a capturar la desigualdad desde el cielo su trabajo comenzó a recibir atención. Esta indiferencia ante la desigualdad y la pobreza es para él un viejo problema que cree que podría cambiar gracias a la búsqueda de otras perspectivas.
«Hace unos días una periodista sudafricana me preguntó: ¿Crees que estamos cansados de ver imágenes de la pobreza? Y lo que quería decir era: ¿Estamos cansados de ver fotos de africanos pobres frente a chabola con la mirada triste? ¿Lo estamos? Quizá estamos cansados de estas imágenes, o acostumbrados a ellas y ya no pueden resonar de la misma manera», reflexiona.
Miller esperaba lograr que con estas fotos la gente se hiciera preguntas y que averiguara, a través del debate, lo que representan, como si fuera «una especie de problema matemático que hay que resolver».
Más adelante y a ras del suelo, su proyecto, que se llama Unequal Scenes, contará con los testimonios de quienes viven en estas comunidades apartadas. Aunque su trabajo solo acaba de empezar y pretende que continúe más allá de Sudáfrica, el resultado está siendo el que él esperaba. Cada vez que comparte una de sus fotos en redes sociales, surge el ansiado debate. «Algunos comentarios son positivos y otros son negativos, pero la gente está hablando y eso es bueno», remacha.
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